domingo, 23 de octubre de 2016

Drama en el Estrecho


No, no es una errata el título, es un pequeño baile de letras para preservar un poco al protagonista de hoy.

En el supuesto sosiego que da el trabajo nocturno a veces hay tiempo para escuchar historias que te hacen pensar en lo poco que conocemos a las personas que, por un motivo u otro, tenemos cerca. Esas historias, que  por cotidianas y repetitivas,  vistas desde la tranquilidad de tu casa a la hora de las noticias, parecen como si fuera información meteorológica o de deportes y pasan a ser un par de minutos de “relleno” en los telediarios. Pero cuando te lo cuenta uno de ellos, un protagonista que lo ha sufrido, la cosa cambia.

Hace años, salió de su país  natal y atravesó el  desierto camino de un mundo mejor. En un coche destartalado y abarrotado de gente, como pudo llegó hasta un pueblo cerca de Tánger, en el norte de Marruecos. Todas las noches veía las luces de lo que le habían dicho era Europa, el continente soñado. Nada más que tuvo ocasión, junto con cuatro compañeros, consiguieron una barca hinchable. Si, una barca pequeña como las que les compras a tus hijos  por las buenas notas y te los llevas a la piscina de tu cuñao para pasar un dominguito. Con esta barca pensaban atravesar los escasos quince kilómetros que los separaba de una vida mejor.

Con lo puesto se hicieron a la mar. Enfrente las luces, teniéndolas como faro y remando con las manos, llegarían en dos o tres horas, no les hacía falta nada más. En la soledad de la noche vieron como aquellas luces, poco a poco se alejaban y se situaban a su izquierda. Pero ellos seguían remando enfilando la barca en dirección a las lejanas bombillas. Con el nuevo día su referencia visual se esfumó. Solo veían barcos a lo lejos que iban en todas direcciones por lo que no sabían a quién seguir. Agazapados para que no los descubriera alguna patrullera, esperaban con ansia la caída de la noche. Y la noche llegó pero no llegaron las luces de la costa que les había servido de referencia. Sin saber hacia dónde remar, se dejaron llevar por las corrientes. Las olas llegan a la paya, y estas olas nos llevaran a nuestro destino, pensaron. Se turnaban para remar sin saber muy bien en la dirección que iban, solo buscando en el horizonte algo que les guiara.

Y amaneció el segundo día. Y empezaron los problemas de verdad. Ya no había luces que los guiaran, la poca comida y agua que llevaban hacía horas que se agotó, los minúsculos remos perdidos, las manos ya no las sentían de tanto remar y estaban cuarteadas de tanto salitre. Y empezaron a sentirse mal,  el Sol estaba en lo más alto, apiñados los cinco en un espacio pensado para un par de críos, agotados y con el miedo en el cuerpo. Pocas esperanza les quedaban, al menos a cuatro de ellos. El quinto hacia horas que no se movía, no le notaban el pulso y se pusieron en lo peor. No sabían que hacer pero la cosa era bien sencilla, el espacio era vital y tenían que tomar una decisión. Con lágrimas en los ojos se abrazaron a su compañero y, quizá por el calor humano o por las ganas de vivir, este reaccionó y abrió los ojos. Las lágrimas de pena se tornaron en alegría, los cinco juntos lo conseguirían. Pero la cosa se seguía complicando. Mar por todos lados, desorientados, agotados, sin nada que beber y mucho menos que comer. Antes de que empezara a caer la noche escucharon un ruido esperanzador, el motor de un pesquero acercándose.

Estaban salvados, pensaron. Pero había un problema, el pesquero se dirigía a los caladeros de Marruecos, si los subían a bordo tendrían que avisar a las autoridades alauitas con lo que regresarían al punto de partida. Ellos no estaban dispuestos a fracasar, no regresarían a la vida que querían dejar atrás. Los pescadores les facilitaron comida, agua y curaron como pudieron las heridas que tenían.  Les indicaron la dirección que debían tomar y después de facilitarles más alimentos y ropas, así como algo con que remar, les desearon buena suerte.

La tercera noche de travesía empezó con más de lo mismo, muchas estrellas en el cielo pero sin una luz que les sirviera de faro. Esta vez lo conseguirían, los alimentos, el agua y las pocas cosas que le facilitó el pesquero, les ayudó a mantener la esperanza en conseguir su objetivo. Pero la noche es muy larga, las fuerzas muy pocas y el desánimo muy grande. Y las luces no aparecían por ningún lado.

Y amaneció el tercer día. Y siguieron los problemas, o mejor comenzaron otros problemas. El levante. Nadie les había dicho que en el estrecho de Gibraltar, las antiguas columnas de Hércules, cuando no sopla el viento de Levante, sopla el viento de Poniente. Y la mar empezaba a ponerse aborregada, y cuando la mar se aborrega solo significa una cosa: problemas. La barca empezaba a subir y bajar por las olas y los estómagos ya no tenían nada que arrojar por la borda. Ahora sí que empezaban los problemas de verdad, esto sería el final, hasta aquí hemos llegado. Pero esta vez la suerte se puso de su lado. La suerte o las artes menores.

Multitud de pesqueros faenan en las aguas del estrecho y son de artes menores. Pequeños y muy marineros pero cuando el viento sopla fuerte y hay mala mar, tienen que regresar a puerto. Y de regreso a puerto se encontraron con los cinco a la deriva. Abarloaron a la “minizodiac” por la amura de estribor, los abrigaron, les dieron agua, les dieron de comer y, lo que es más importante, les dieron ese abrazo amigo que les devolvió la sonrisa a los rostros de los subsaharianos. Estamos salvados, lo hemos conseguido, pensaron. Pero ahora comienza la travesía del primer mundo.

Las leyes marítimas son muy estrictas en algunas cuestiones, sobre todo en materia de inmigración ilegal y en el tráfico de personas. Otra cosa es el tema de naufragios, pero a ver como lo explicas a las autoridades. Se pusieron en contacto por radio con las autoridades portuarias. Después de horas de espera, recibieron la autorización para subirlos a bordo. Un yate de lujo les pareció a los cinco el pequeño barco de poco más de diez metros. Y el barco enfiló su proa hacia puerto. Y el puerto era Almería. Habían recorrido ciento sesenta millas náuticas desde su salida desde una playa cercana a Tánger.  Trescientos kilómetros en una mar que todos los días se cobra el tributo de seres humanos en busca de un futuro.

Foto desde un satélite. Pensad donde está Tánger y donde Almería.

Pero la historia no termina con el barco llegando a puerto. En Almería los estaban esperando. Después de atenderlos y comprobar su estado comienza otra aventura. Tratados internacionales, inmigración, oenegeses, acuerdos con otros países, ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Por qué?, todo lo que dicen que disponemos para hacer un mundo mucho mejor.

De Almería a Málaga. En Málaga los tramites de expatriación, Si, tal como suena, expatriación. Entraron en el país ilegalmente. Los tres mayores de edad fueron expulsados, incluido la pobre criatura que estuvo a punto de ser arrojado por la borda por sus compañeros. Los dos menores se quedaban en España, de momento. Dijeron que eran  de Sierra Leona, país en permanente guerra, y un menor de edad no puede ser extraditado a un país en conflicto. Después de tres días y tres noches a la deriva por el Estrecho a punto de morir, una mentirijilla sobre tu país de origen no es nada.

Pero el primer mundo tiene algo bueno, poquito, pero buena gente queda.  La Cruz Roja se hizo cargo de ellos. Pasaron a un centro de acogida de un pueblecito cordobés  solidario como el que más. Después, mi protagonista, fue acogido por los Salesianos donde pasó más de cuatro años. Les enseñaron el idioma, le dieron educación, lo trataron como a un hijo. Él dice que “mis padres en España son los Salesianos”. Curiosas palabras viniendo de un musulmán, pero dice que siempre respetaron sus creencias y él respetó y respeta las creencias de los demás, incluidas las de un mamarracho que en pleno Ramadán se empeña en explicarle los beneficios y el sabor espectacular de un buen plato de jamón acompañado de una copita de manzanilla, o le pregunta eso de que si el negro del wasap es familia suya.  Bueno, entre compañeros nos permitimos ciertas licencias.


Lo último ha sido invitarme a visitar su país, presentarme a su familia y enseñarme la sabana africana. No sé, me lo estoy pensando, es que le dije que le iba a mostrar esta entrada antes de darle al botón de publicar y no lo he hecho. Lo mismo se venga de mí y me deja en un descampao africano lleno de leones, culebras, alacranes y otros bichos por el estilo.  



¡¡ Llevátelo a papel !!

21 comentarios:

  1. no te lo pienses;coje tu mujer y te escapas a "Sierra Leona " o Mali
    Tu primo Jesús lo mismo se apunta también.
    fuerte abrazo

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    1. Hombre, veras Jesús, si vamos más gente digo yo que tendré más oportunidades con eso de los leones ¿no?. La verdad que el relato está muy resumido y no he contado ciertos detalles porque este es un blog para todos los públicos. La historia desgraciadamente es real, pero no única. Casos como este ocurren casi todos los días.
      Un abrazo.

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  2. No me descubro, quitandome el sombrero, porque ya no se usan, pero si un saludo militar, cuadrandome ante ti.
    Que buen Relato.
    Te felicito amigo Naranjito.
    Tienes talento de esscritor.

    manolo

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    1. Gracias Manolo, pero de talento poquito, simplemente aprendo de los demás. No sé por que pensaba que los términos marineros te sonarían de algo.
      Un abrazo.

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    2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  3. Tienes razón. Cuando oyes historias así en vivo y en directo, te das cuenta de la magnitud de la tragedia, del sufrimiento, de la desesperación del que sólo quiere vivir y vivir mejor.
    Salu2, Naranjito.

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    1. Un compañero le preguntó si lo volvería a hacer. El no fue rotundo, aunque no se arrepiente por nada pasaría otra vez por aquella experiencia.
      Un abrazo.

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  4. Me ha impresionado tu relato. ¡Pensar en los miles de personas que no lo logran! O a veces si lo consiguen es aún peor porque los deportan, me alegro por tu amigo. Saludos.

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    1. Las personas que no lo logran y nadie lo sabe, simplemente desaparecen y nadie se entera.
      Gracias Mara por tu visita.

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    2. Bravo, Naranjito, es tremenda pero conmovedora tu historia, real, ya lo sé, y no creo que a tu compañero no le guste, al contrario, es un homenaje a una hazaña que por desgracia ocurre a diario.
      Por fin he podido entrar, te mandé un correo y todo, cambiando de explorador he llegado hasta este blog tan simpático.
      Un abrazo.

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    3. Bienvenida de nuevo Airblue. Pues tengo otros dos compañeros que tiene una historia parecida pero a bordo de un camión. Cuando me la cuenten con detalle ya la contaré.
      Un abrazo.

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  5. Me ha interesado mucho tu relato desgraciadamentese repiten estas historias una y otra vez.
    Y que los gogiernos esttén esperandolos a verlas venir.... tine g"uasa.
    Ahoro soluciono lo de tu blog y mil perdones.

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    1. Nada, de perdonar nada. Si hasta mi blog lo tengo abandonaillo. El caso es que cuando te lo cuentan en primera persona y con detalles que he omitido por trágicos, todavía te enrabietas más.
      Un abrazo.

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  6. Me ha interesado mucho tu relato desgraciadamentese repiten estas historias una y otra vez.
    Y que los gogiernos esttén esperandolos a verlas venir.... tine g"uasa.
    Ahoro soluciono lo de tu blog y mil perdones.

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    1. Esto de que el Blogger duplique los comentarios es un gustazo. Otra vez a darte las gracias por la visita, jejeje.
      Otro abrazo.

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  7. Desde el móvil salen duplicados, no sé el porqué.

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  8. Mi compañero de trabajo era tb musulmán, pero de Senegal. Y sí, todos los demás compañeros españoles no hacían ná más que darle por saco con el tema del jamón y lo güenérrimo que está. Y él:-"Que yo no puedo..."-.

    Miles de historias de inmigrantes ilegales, de gente que lo intenta, de gente que se queda por el camino... Al menos, alguno puede decir que lo consigue, ¿verdad?

    Besos, Naranjito!!

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  9. Una historia más que intensa, y me da muchísima pena la cantidad de personas que desaparecen intentándolo. Me ha encantado esta entrada Naranjito. Un fuerte abrazo y buen fin de semana amigo.

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  10. Hola de nuevo Naranjito. De todo corazón, desde la Tertulia Cofrade Cruz Arbórea te deseamos una muy Feliz Navidad.

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  11. He oído historias así y estremecen tanto.
    Besitos.
    Ah y Felices días estos que nos tocan

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  12. ¿Pensar? En indio
    Mejor, pensad...(en el pie de foto)
    Y en todas las acepciones, siempre imperativo, que su empleo no significa imposición; pero sí corrección en lengua hablada y escrita
    Saludos

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