lunes, 3 de diciembre de 2012

La navaja de Ockham






Es un tanto raro el título de la entrada, incluso un servidor, con mi inteligencia innata, lo confundía con El Péndulo de Foucault, pero  el franchute este no tenía navaja sino un péndulo que a saber para que lo utilizara el gabacho. Bueno, pues resulta que mi  asesor informático, es decir, mi querido hijo (que todavía me tiene el ordenador con las tripas fuera), me explicó el significado de la famosa frase:

-Papá, para que me entiendas, esto es un principio de economía que viene a decir que la solución a un problema, siempre es la más simple de entre varias opciones. 

 Y mira por donde este domingo comprendí el axioma aprendido días atrás. Gustosamente salí con mi esposa (ahora estoy en el turno de mañana y por lo tanto no me da mucho la lata) a comprar el pan. Como caballero que soy, y para hacerle un poquito la pelota, la invité gustosamente a una cervecita fresquita antes de subirnos a casa para “disfrutar de un Domingo acompañados de nuestros churumbeles”.Cuál fue mi sorpresa cuando llegamos a la farmacia de guardia (los que me conocéis ya sabréis lo que mi galeno me recomendó, para mis cólicos nefríticos) descubrí que las mesas taburetes donde hace pocos días apoyaba mi buen vaso de zumo de cebada, habían encogido como medio metro. Quillo ¿qué es lo que está pasando, que he crecido o que los recortes de nuestro querido gobierno han llegada a esta ilustre tasca? Mi ínclito tasquero me sacó de la duda dominguera:

-¿Te lo cuento?, po acércate a la estufa que te vas a quedar helado. Resulta, que después de unos cuantos años sacando a la calle estas mesas, llegó un técnico del ayuntamiento y me dijo que tenía que guardarlos porque no tengo licencia de ocupación de la vía pública. Me fui a solucionar el problema y me encuentro que no existe una normativa al respecto. ¡Pero si en Sevilla todos los bares, restaurantes, cervecerías, tascas y demás utilizan estos artilugios para que nuestros clientes disfruten!
 - Mire usted, caballero, solo hay tres licencia de entre los 4000 bares de la ciudad.
 - ¡Pero si  todos los barrios de la ciudad del Guadalquivir tienen estas mesa de 1,20 de altura.
 - Se lo repetiré de nuevo: Usted tiene autorización a poner 5 veladores de 0,80 metros de altura para que sus clientes se siente a tomar las viandas correspondientes. 
 -¡Venga hombre! Si apenas tengo tapas, a lo sumo algún que otro montadito frío,  aceitunas, chochitos, perdón altramuces, y pare de contar.
 – Nada, que no insista, que como siga de esta manera le meteremos mano por el toldo y la estufa con la que sus clientes se calientan durante las olas de frio siberiano. 
Así que se me ocurrió una solución; como para los veladores clásicos sí tengo licencia, es decir, que pago los impuestos correspondientes, decidí cortar por lo sano. Cortar significa reducir la altura de las mesas y dejarlas al mismo nivel que los veladores cuadrados de toda la vida. De esta forma, aunque sean de formas redondas no creo que me puedan multar. Tú, con tu 1,83  de altura, te tendrás que agachar un poquito, pero seguirás viniendo a esta tu casa.

A esa mi casa y a una jartá de bares que hay en Sevilla que no cumple con la supuesta legalidad vigente. Que nos tomamos las cervecitas, los vermuses, los vinitos o lo que sea; que ayudamos a que la crisis sea menos crisis; que salimos a la calle los que podemos; y nos gastamos unos poquitos de euros y fomentamos el pequeño consumo.  

La mesa de la izquierda es ilegal (o mejor, alegal), la  de la derecha es legal y en casi todos los bares de esta bendita ciudad, que la disfrutamos en la calle, existen estos taburetes-mesas.  
Lo que temo es que se metan con las estufas, los toldos (mi amigo Zamorano está muy contento por la ley antitabaco, ¡la de toldos que ha montado!), pero en los barrios. ¿Tendran cataplines para quitar los mesas-taburetes de los establecimientos del centro?

Lógicamente, por mi vena protestona, por mis reivindicaciones un tanto absurdas, por mis mosqueos, porque la vida es más simple de lo que creemos  y las soluciones ni os cuento, mi cervecita, siempre por prescripción facultativa, es la de la mesa larga, la de toda la vida.

¡¡ Llevátelo a papel !!

8 comentarios:

María Eugenia dijo...

pues muy acogedor... no se yo ajajajajaj.

MAMÉ VALDÉS dijo...

Al final si que el tamaño importa...

Dyhego dijo...

Naranjito:
Como decía mi santa madre: ¡pa ver cosas... estar vivo!
Salu2 asombra2.

impresiones de una tortuga dijo...

Mientras no se metan con el tamaño del botellín. están aburrios ¿o qué?.
FELICES FIESTAS Y MUCHA PROSPERIDAD.
Un abrazo.

Naranjito dijo...

Acogedor es cuando los fines de semana te invita a uan tapita,

Naranjito dijo...

Y tanto que importa !A mi me lo vas a decir! Vale, soy un fanfarrón.

Naranjito dijo...

Estar vivos y con ganas.

Naranjito dijo...

!El tamaño del botellin que ni lo toquen,!