miércoles, 12 de marzo de 2014

Apadrina a una encina


 

Hace poco estuve dándome un garbeo por la maravillosa Sierra Norte sevillana. Fue gracias a  un amigo que se había comprado una peaso moto de nosecuantos caballos y no se le ocurre otra cosa que invitarme a desayunar en mi pueblo. ,  setenta kilómetros de ida y otros setenta de vuelta. De paquete en una CBR azul, con casco (me quedaba pequeño, su mujer no tiene el molondro que tengo yo), con unos guantes comprados antes de salir en el chino (totá, pa un ratito) y mis zapatos de los domingos. Nada, sin problema, bueno un poquito de cague al coger alguna que otra curva es normal. Pero mi colega es Motero (con mayúscula) y uno va muy “tranquilito” sentado a la grupa de la “pequeña motocicleta”. Con lo agustito que voy en mi Logan disfrutando del paisaje, me meto en unos berenjenales que ya me vale.

Bueno, que llegamos a mi pueblo (¿alguna vez he comentado, aunque sea de pasada, que yo tuve la suerte de nacer en El Pedroso?), nos paramos enfrente de la estación de tren a disfrutar de un buen desayuno, ligerito, un cortao con una entera de zurrapa de lomo. ¿Colesterol? ¡Eso no existe!. Veras el próximo reconocimiento médico que me toca dentro de unas semanas. No me va a dar la médica del curro.

Ya estoy yéndome por el cerro de San Cristóbal. Vale, por los cerros de Úbeda, es una metáfora pero como yo soy pedroseño y el cerro de San Cristóbal está en mi pueblo, permítanme vuestras mercedes la licencia geográfica.  Y no os quejéis que esto se alarga que llevo muchas semanas sin escribir y ya no podía más con el síndrome de abstinencia blogueril.

¿Por dónde iba? ¡Ah, sí! Que después de disfrutar del desayuno, sentados tranquilamente absorbiendo todo el Sol serrano, disfrutando de un cigarrito (querida doctora que trabajas en el servicio médico de mi empresa: te prometo que pa la feria dejo de fumar, esta vez va en serio) mi amigo el Motero (*) me propuso una de sus ideas filosóficas:

-Quillo, tú que eres tan rustico, ¿Por qué no apadrinas un cerdo de la zona?

- Amo avé, Ducati, pa que tenteres, de cerdo, guarro, cuino, chancho, gorrino, marrano, puerco, y cualquier sinónimo de la especie conocida por los eruditos como “sus scrofa ssp”, no te vas a encontrar de por estos montes. Aquí lo que se crían son buenos cochinos. Sí, de esos que se aprovecha tó, desde el hocico hasta el rabo, y que su gruñido es más melodía que el bolero de Raquel, digo de Ravel. Además, después de que mi mujer viera como una Cochina (lo pongo en mayúscula para no confundir con las guarras) amamantara a diez lechones, se lo piensa mucho a la hora de comprar jamón. Menos mal que después de saborear un platito chiquito, acompañado de picos, se le olvida lo “bonito” que son los cochinos de pequeñines. Ahora bien Ducati, ¿sabes lo que yo apadrinaría? Una encina, y no me llames bellotero. Quillo la encima es un árbol milenario que se adapta al medio, tranquilamente, con sabiduría, con miles de historias tan largas como esta entrada, es constante, aguanta lo que le echen y da sombra, comida y alojamiento a una jartá de animales. Y además, de encina en encina viajaba una ardilla desde Tarifa hasta Zarautz hace un porrón de años, sin bajarse de las ramas ni para hacer pipí. Apadrina a una encina, Ducati, apadrina a una encina.

Después de un ratillo más disfrutando del solecito de mi pueblo (joé que frío hacía), mi colega de excursión dijo otra de sus frases metafísicas: -Vámonos pa Sevilla, que las niñas (o sea, nuestras correspondientes medias naranjas) no estarán esperando.

El viaje de regreso sin contratiempo. ¿He dicho que mi amigo es Motero? Llegamos al barrio. Cada uno tiró para sus cometidos personales, no sin antes quedar una mijilla más tarde en solucionar los problemas del país, sentados en un velador, frente a una barra de una buena tasca acompañados de nuestras respectivas. ¡Ostras! Que tengo que recoger a mi mujer con las bolsas de la compra. Tiro de guassa: 

Onde ands¿ <<

               En ls pz  d palmerts<<

Voi<<

Traducción para torpes: -¿Donde andas?. –En la plaza de las Palmeritas. –Voy pa yá.

Y para allá que me encamino. Estirando las canillas que tengo por piernas después de un montón de kilómetros por esas carreteras de la sierra y encima de paquete.

Y  ¿que me encuentro antes de ver a mi sufridora esposa? Con esto.

Foto del Naranjito, adivinad con qué la he hecho


Y digo yo:

¿A quién se le ha ocurrido taponar con un aglomerante o cemento, acompañado de agua y grava o arena, vamos con hormigón, los poquitos resquicios de naturaleza que nos quedan a los urbanitas de adopción?
Y esos alcorques, ¿no lo podéis hacer más grande? Es que la pobres plantas no saben por donde salir.
Y los perros, ¿dónde harán sus necesidades fisiológicas?
Y ¿por qué le habéis puestos unas vallas (menos mal que sin concertinas)? ¿Para que las plantas no se escapen?  

¡Coño!, perdón, ¡leches!, sembrar los arriates con plantas verdes, nada de césped sintético del leroimerlín, una buena tanda de tagarninas, que además son comestibles. Dejad que crezca la hierba, que los niños jueguen y se manchen mucho y después lavar la ropa, como toda la vida se ha hecho. Y otra cosa, ar nota que le ha echado hormigón al parterre: ¿tú sabes cómo huele la dama de noche en verano? ¿y el Jazmín?. ¡Gilipollas! La naturaleza se abrirá camino a pesar de que tú la quieras ahogar con tus inventos. Piensa en una cosa, cuando, después de una vida larga y esplendorosa (tampoco te deseo nada malo, que soy buena gente, muy en el fondo, pero buena gente), en que te reencarnaras ¿en cemento portland? Pues a mí me gustaría reencarnarme en una encina vigorosa, frondosa y llena de bellotas. Y si es posible ahijada mía.


(*)Motero, ra. 
  1.  Apasionado de las motos. Es decir, persona responsable, que cumple con las normas de seguridad vial, que    utiliza siempre el casco, siempre. Que no hace locuras y que no excede el límite de velocidad.
  2. Amigo que no te deja tocar la moto con la mano derecha no sea que se la vayas a rayar con la alianza que portas en el dedo corazón. 
 3. Ducati, que aunque tenga una Honda, siempre será el Ducati.

¡¡ Llevátelo a papel !!

10 comentarios:

Dyhego dijo...

Naranjito:
También a mí me da rabia ver tanto cemento. No dejarles ni a las pobres plantas una miajica de tierra para recrearse.
También hay otra cuestión que hay que tener en cuenta: como hay, valga la triple redundancia, gente pa tó, más de uno tropieza en los huecos de los árboles por ir guaseando o yo qué sé qué y luego, hala, a pedir indemnizaciones a los ayuntamientos...
Es una cuestión complicada, aunque parezca mentira. Si se le deja un alcorque demasiado ancho a un árbol tropezarán la abuelita con el andador, el abuelito con su cayado, la señora con el carrito de la compra, el papa que lleva el carricoche del bebé, el señor que anda guaseando, la niña con tacones, el niño que iba corriendo, el invidente, el señor con la silla de ruedas, etc, etc, etc.
Al final, ¿quién tiene la culpa? ¿El árbol, el alcalde, Rajoy, Rubalcaba, Merkel, Obama, Putin...?

Bricd dijo...

"No hay mejor cojo que aquel que está cayado y mejor perro que siendo educado por su dueño no va por ahí defecando sin ton ni son, pues si orina y reorina por doquier probablemente tenga un achaque prostático o si es hembra pérdidas"
Me duele tanto ver tan poco espacio para el desarrollo que la palmera que a mí me gusta se muera porque adolece de espacio ancho para crecer de frente y a lo alto.
Parece una broma que ordenándolo todo lo mantiene pulcro y ahorra gastos, pero hay un pero y no es porompompero...¿Tanto gasto es mayor la inversión del hormigón que el tiempo limpiándolo, sólo favorece el trabajo? Demasiada inversión aún a la larga...Desproporcionado.

Todas, y ando en otra cosa ya, las tascas me gustaron pero donde aconsejabas el jamón fuimos y más me pareció me tomaron por guiri y primo que por entendido. Tanto de listo se pasó el espigado y viejo dependiente o camarero que cuando me llegó el jamón me supo a broma todos los halagos que dispuso para un jamón mediocre. Y es posible que en eso tuviera que ver el que uso boina desde que tengo uso de razón y aunque habiendo nacido en una aldea vivo y he vivido siempre en grandes ciudades, hoy capitales. Más no por ello me arrepiento de haberte preguntado y dejándome aconsejar regrese nuevamente a tu ciudad que emparejado viví con tanto gusto como que de las otras tabernas no tuve disgusto sino más bien recuerdo grato salvo de ésa. A veces, a algunos nos toman por tontos y perdiendo ellos un posible cliente se pasan de largo, muchos pueblos, cuanta intuición laboral hubieran puesto si estando atentos se hubieran dado cuenta que mi aspecto no hace al fraile ni monje y lo que ellos mal llaman psicología de barra aquí la perdieron.
Sea entonces que los otros lugares aconsejados fueron fenomenales pero en lo posible no uses el del jamón mas que para lo anecdótico y en esa estamos que buen jamón lo he comido tanto en Jabugo como en Güijuelo, menos allí que fue escaso, poco y caro; esto es un timo, primo.
Como no sabía dónde y cuánto, la próxima vez si regreso y si aún estamos en contacto y aún vivimos te dejaré en algún lugar exacto conocido de ambos algo para ti que pueda corresponder el buen trato...y tu cordial contenido.

Posiblemente ese hormigo colorido sea muy Zen o estéticamente más bonito, pero donde esté la tierra que se retire éste.

Por cierto, el Citroën me gustó por encima de todo y desde el emplazamiento de nuestro hotel ese todo era bueno...y más estupendo aquel caballo de calceta cubierto...jejej

Salud, Libertad y Monte...meu d:D´

Lourdes dijo...

Uuuuh! Mi Naranjito motorizado!! jajajajajajaajaj

Bueno. Creo que el "mente-clara" que haya tenido la genial idea de "cementar por doquier" pensará que hace "más bonito" en la urbe, que para ver zonas verdes, tierra, plantas, hierbajos... para eso ya tenemos el campo.
A mí no me gusta nada. Con lo chulo que es ir por la calle de las ciudades y ver que tb hay vida debajo de los edificios, las calles y el traficazo que se monta cuando llueve.
:)

Besos, Naranjito!

Liliana G. dijo...

Uuuuuuuuuuuuuy, yo le tengo terror a las motos y cuanto más grandes, más susto. El año pasado fui a Córdoba a casa de mi prima, y su esposo (dícese primo político) me llevó por esos caminitos de serranías, en caracol y con precipicios abajo, para que disfrutara del paisaje. Me dije "que me disculpe mi prima" y me prendí a su marido como garrapata, los pelos de punta, jajajajajaja
En cuanto a los jardines de cemento, a la larga, Naranjito, la naturaleza siempre sale ganando, que mi vereda está toda levantada por el simpático árbol que tengo delante...
¡Geniaaaaaal, como siempre! :)

Besos mil.

Liliana G. dijo...

¿Puedo "amadrinar" una encina? O es sólo para hombres rudos...

Naranjito dijo...

¿El árbol? !ni mijita! la culpa es del sobrante de hormigón que no saben que hacer con él. Pero de todas formas los jardines en mi barrio estan convenientemente cerrados. El que tropieza con los alcorques es que anda un poco "perjudicado". Y si hay que hecharle la culpa a alguien se la hechamos a Zapatero, como ya estará acostumbrado...
Un saludo

Naranjito dijo...

Me imagino cual es el local del jamón. Seguro que la boina no tiene nada que ver. A lo mejor eran unos "pobrecitos" becarios los que os atendieron. Pero bueno, lo mejor es que el computo general fue de tu agrado. Para la próxima visita te recomendaré los "templos gastronómicos" de barrio, la esencia pura de la buena gente que agradece las visitas foráneas.
Un abrazo, mucha salud y libertad para disfrutar.
(Peazo comentario, gracias)

Naranjito dijo...

Con lo de la moto todavía me duele el pompis, pero mereció la pena. Y los que siembran la ciudad de hormigón no han visto una encina en su vida. Ni siquiera un granado.
Un besote

Naranjito dijo...

Tu al menos tenías a tu primo para agarrarte, pero !el Ducati!, cualquiera se agarra a "bicho". Veras como lea esto la que me va a dar.
Menos mal que la madre naturaleza es sabia.
Un abrazo

Naranjito dijo...

Querida Liliana, apadrinenos ambos a la encina. Al final seremos compadre y comadre.
Otro abrazo, comadre.