domingo, 13 de junio de 2010

El montón de arena

Llevaba varias semanas viviendo en mi nuevo pueblo y ya jugaba con los chavales de mi edad por las calles y la plaza. Pueblo pequeño, en la sierra, donde el tiempo pasaba como tenía que pasar, despacio y a su ritmo. Pueblo donde se conocían todos y donde a los forasteros nos daban un tiempo de cuarentena para “admitirnos”.

Lo primero que me chocó fue la relación de los chavales con el cura. Lo recuerdo como un hombre alto, seco de carácter, con sotana hasta los pies y siempre con un gorro, un sombrero o como se llame esta prenda que utilizaban los sacerdotes de la época. Cuando lo veían, los niños dejaban sus juegos y corrían a arrodillarse ante él y besarle el anillo que portaba en su mano. La primera vez que vi esta situación me resultó ridículo pero, para ser uno más de mis amigos, los imité sin decir nada y nunca pregunté por qué hacíamos eso.

Vivía cerca de la iglesia, en el pueblo todo estaba cerca, por entonces estaban de obras en una casa contigua que creo que era la casa del sacerdote. Allí, junto a la casa tenía un montón de arena, ladrillos y sacos de cemento para los trabajos de los albañiles. Era una oportunidad para nosotros, una zona “blandita” distinta a las calles empedradas y duras.

Dos amigos y yo pasamos una tarde de viernes jugando la liga, la final de la copa del rey, el trofeo Carranza y todos los partidos de futbol que se nos pasaban por la memoria. Venga, chuta, veras como te la paro. Ahora me toca a mí que soy Iribar. Mira que paradón.

Así pasamos la tarde noche de aquel día, disfrutando como solo lo hacen tres chavales de 10 años que no conocen nada más que la amistad y el juego, y se marchan para casa deseando volver para seguir con el partido, pero esta vez con un balón.

Al día siguiente, sábado, teníamos colegio. Los niños al colegio de los niños, las niñas al colegio de las niñas. Formábamos dos filas y nos encaminábamos a la iglesia para escuchar la misa sabatina que estaba dedicada a los críos. Escuchábamos en silencio la ceremonia deseando que terminara para salir corriendo a disfrutar de los juegos y las aventuras.

Y llegó el sermón. Aún lo veo, allí puesto de pié, sin micrófono ni nada, hablando de los sinvergüenzas y los futuros delincuentes, los que destrozan los bienes ajenos, ¡pecado! ¡pecado! Ayer tarde tres elementos destrozaron la arena que tenía ahí fuera, ostras casi nos pilla, si, fueron tres, ese, ese y ese el del jersey marrón, Dios mío que se me convierta en verde yo no fui yo no fui, vivís en pecado, que va a pensar mi tías, el fuego eterno, futuros delincuentes, y que le digo yo ahora a mis padres. El dedo acusador tenia buena puntería, nos señalaba a mis dos cómplices y a mí. Todas las miradas se dirigían a nosotros, notaba como mis compañeros de banco se separaban de este pecador, el color rojo me subía de la boca del estomago y se instalaba en la cara que miraban todos. Qué vergüenza, no podré salir de mi casa nunca, no podré ir al colegio, que harán mis pobres padres con un hijo que es la vergüenza del pueblo, qué hare cuando termine la misa. Y la misa terminó.

Se acercaron a nosotros toda la chavalería. Nos hablaban todos a la vez: ¿por qué no me avisaste para jugar yo también?, valla la que os ha dado D. Manuel, que valientes, ¿fue de noche? ¿rompisteis muchas cosas?, si hubiera sido yo me muero de vergüenza, anda, enséñame donde está el montón de arena. Así todos los niños. Nos habíamos convertidos en héroes. Todos mis temores se esfumaron, me sentía el más alto y grande del pueblo. Las niñas, en los corrillos que formaban a la salidas para hablar de su cosas, nos miraban con ojos fascinados, hasta nos habíamos convertido en los más guapos.

A partir de aquel día deje, todavía hoy no sé por que, de besar el anillo del cura y me di cuenta que el resto de los niños, poco a poco, dejaron de hacerlo. También, aquel día, aprendí el significado de la palabra Autoestima. ¡¡ Llevátelo a papel !!

3 comentarios:

Du Guesclin dijo...

Al fin puedo comentar el blog, jeje. Me quedé con las ganas la semana pasada en la entrada del Parque Miraflores, que frecuento desde niño (me he criado en la barriada del mismo nombre, cerca de Pino Flores).

Un saludo y a ver si rescato lo que iba a poner en esa entrada, que creo que lo tengo hasta guardado.

Dyhego dijo...

Interesante anécdota.

El Naranjito dijo...

Du Guesclin, nuevamente gracias por tu visita.

Dyhego, intentaba hacer un blog de cahondeo y humor y al final, leyendo todo lo vuestro me he "desviado" por las cosa serias y expresar lo que tengo dentro y me hace ilusión compartir.