lunes, 6 de junio de 2011

La venganza

Llevaban una semana en una ciudad costera intercambiando conocimientos con compañeros de otra sucursal de la fábrica. La dirección llevaba años organizando estas jornadas que servían, entre otras cosas, para evaluar el grado de aprendizaje y el grado de estandarización de los procedimientos productivos. A primera vista parecía un auténtico tostón. Pero en realidad todos los empleados deseaban ser los elegidos, pasar unos días en la playa a gastos pagados y recabar nuevos conocimientos que aplicar en sus quehaceres diarios. Acudían de todas las secciones: logística, ventas, financiero, mantenimiento, producción… En esta ocasión, Eustaquio, fue seleccionado para desarrollar un curso sobre la “operatoria del trabajo diario”.  De la fábrica al hotel y del hotel a la fábrica. Así durante toda la semana. Por las tardes preparaba los apuntes y diapositivas con que intentar enseñar sus métodos aprendidos a través de la experiencia y conocimientos que dan los años de trabajo. 

Mejías, su compañero de habitación, tenía la suerte de “solo” acudir por las mañanas para formarse en las nuevas líneas de producción que más tardes instalarían en su fábrica. Siempre estaba bromeando, apenas lo dejaba dormir y siempre dándole la lata. Cosas de la juventud y de los muchos ratos de ocio. Ropa que desaparecía, apuntes y notas que se desordenaban solas, café con extra de azúcar, mucho extra, y un sinfín de travesuras, por otro lado sin importancia.

El día antes de su regreso el grupo decidió salir a cenar todos juntos y despedirse de la bonita ciudad que comenzaba a tener  ambiente veraniego. En el paseo marítimo lleno de terrazas y paseantes, la fauna urbana nocturna  disfrutaba de las benignas temperaturas de final de primavera. La fauna urbana y los depredadores en busca de víctimas o clientes para sus negocios. Seis hombres solos son, en principio, una buena manada que dirigir hacia los “bares de colores” de las afuera de la ciudad. Cada dos por tres le obsequiaban con panfletos en los que se podían ver fotos con voluptuosos reclamos: ¡!Pruébame!!, ¿Jugamos?, !Maduritas interesantes!, ¡Rusas ardientes!, ¡Ofertas privadas: 3 x 2!...
No estaban por la labor de visitar estos lugares y tranquilamente se resistían a la erótica publicidad. Todos la rechazaban menos uno. Canales, quien nos iba a decir que con lo serio que tú eres te gustan estas cosas, je je. Hizo buen acopio de aquel material gráfico cogiendo varios ejemplares de cada. Fue el primero en marcharse al hotel no sin antes aguantar los comentarios chistosos de sus compañeros. ¿Qué harás con tantas fotos, viejo? ¡Quién te ha visto y quién te ve! Pero él no se lo tomó mal y se marchó a descansar. Al día siguiente regresaron todos a su ciudad recordando los buenos ratos pasados en los cursos.


Marisa, la fiel y abnegada esposa de Manolo Mejías, deshizo la maleta de su marido y se dispuso a lavar y planchar la ropa para que el lunes siguiente estuviera su marido como un dandi y poder presentarse en la reunión con los jefazos y explicar lo que había aprendido. Fue ella la que descubrió, en el bolsillo superior de la chaqueta, algo que le llamó la atención, saco los papeles y los leyó con asombro

¡!Pruébame!!, ¿Jugamos?, !Maduritas interesantes!, ¡Rusas ardientes!, ¡Ofertas privadas: 3 x 2!...

Pequeña nota final: El enfado de Marisa duró exactamente tres días. El tiempo que tardó Eustaquio Canales en explicarle la vengancilla que le preparó a su compañero por las horas de  puñeterías que le había hecho pasar. Bueno, tres días de verdad, pero el bueno de Mejías estuvo dando explicaciones un par de semanas más.

¡¡ Llevátelo a papel !!

12 comentarios:

PEDROHUELVA dijo...

Me has dado una idea para futuras venganzas.

lo malo que con esta crisis, el unico que acude a las reuniones soy yo.

saludos.
NOTA.
quillo, podías haber puesto una fotito de esas que se anuncia, hijo que parco.

El Naranjito dijo...

Pedro: la venganza dicen que es a los postres: al final, fresquita y dulzona.
Las fotos las tiene Marisa para futuros recordatorios.
Un estrechón de manos.
(No se lo digas a nadie pero si busca en algunos periódicos deportivos, en las últimas páginas tienes un pequeño muestrario de fotitos al respecto de la historia)

Liliana G. dijo...

¡Menuda venganza, bien pesadita! Una cosa es un chiste que molesta a la persona y otra cosa es meter púa en un matrimonio...
Está bien que el chico debía escarmentar, pero la pobre Marisa no tenía culpa de pasar semejante disgusto.
Cosa de hombres... ;)

¿Te dije que tus historias me encantan, Carlos? Sí, creo que sí.

Besotes.

impresiones de una tortuga dijo...

¡AY! mi Naranjito, ¡cuanto tiempo!.
No hay que fiarse de los que parecen medio tontos, que se lo van pensando despacito y resultan ser mas inteligentes de lo que pensamos.
La venganza se sirve en platos fríos.
Un saludo.

trianatrinidad dijo...

Amigo Naranjito, cuanto "nota" espabilao hay por ahí que le dicen a la parienta lo de las reuniones de trabajo o lo de la salida con los amigos y se conocen todos los "COLORES" de España.Un abrazo y te espero en el ventanal.

Dyhego dijo...

NARANJITO:
¡Con razón dicen que la venganza es un plato que se sirve frío...!
Salu2 naranjiles

maria eugenia dijo...

joer con la venganza.

El Naranjito dijo...

Querida Liliana: La buena de Marisa conoce muy bien a su esposo y a los "amigos" de él, y es encantadora, tanto como tú. Puedes quedarte tranquila que ya te contaré la venganza de Marisa.
Un beso.

El Naranjito dijo...

Querida Tortuguilla, el Eustaquio es un puñetero, pero buena gente.
Un saludo.

El Naranjito dijo...

Trianatrinidad, ¿me puedes explicar que es eso de los bares de COLORES? No sé, no sé, me suena de algo relacionado con Paquirrin.
Un abrazo.

El Naranjito dijo...

D. Dyhego, y despues del postre un chupito. ¿vale?.
Un estrechón de manos murciano.

El Naranjito dijo...

Tranquila Mariaeugenia que no llegó la sangre al Guadalquivir, y para que te quedes tranquila, ya te contaré la venganza de Marisa.
Un beso.