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domingo, 19 de mayo de 2013

Tuneo trianero



Quizá parezca que esto es publicidad gratuita pero no es mi intención. Bueno, si el protagonista me invita a una cervecita en el sitio habitual, no le diré que no, aunque eso ya lo hace muy de vez en cuando. 

Dicen los buenos contertulios de televisión, esos que tienen la solución a la crisis y  a todos los problemas que tenemos las personas normales, que hay que innovar para seguir creciendo y estar en el mercado. Listos que son los tíos, mucha sapiencia y visión de futuro. Anda que ya les vale. Miarmas, daros una vueltecita por la realidad, que veréis que esto ya lo hacen aquellos que pueden y tienen visión de futuro, ¡porque no les queda más remedio!

Bueno, po eso, que mi amigo Javier Zamorano, de Toldos Zamorano, (cuidadito con la rima consonante) es uno de estos pequeños empresarios que luchan, día a día, para sacar una empresa adelante y, de camino, dar empleo a unas cuantas familias.

El bueno de Javier empezó con su padre en un corralón de la Triana profunda. Allí aprendió el oficio: -Niño, mide. –Niño, corta. –Niño, cose. –Niño, monta. Y Javier medía, cortaba, cosía, montaba. Los que sois de Sevilla y  nuestros distinguidos visitantes, recordareis las calles del centro cuando llega nuestra genuina y auténtica “caló” veraniega sevillana. Sierpes, Tetuán, Cuna, Plaza de San Francisco y muchas de ellas, como si fueran barcos veleros dispuestos a navegar por los sietes mares, tienen toldos para que nuestro astro rey, el Lorenzo, no nos castigue más de la cuenta. 

Por los tejados de estas calles correteaba Javier, Javi para los amigos, colocando anclajes, tirantes y las telas que nos dan la sombra adecuada para pasear por el centro y sus aledaños. Yo que tengo una mijilla de guasa siempre miraba a ver si se había dejado un hueco sin tapar por donde escapar los rayos del Sol. Pero nada, que su padre le había enseñado bien.

Y aquí lo tenemos hoy en día, diseñando, fabricando y montando capotas, toldos para balcones y ventanas, para piscinas, carpas, jaimas y montón de artículos más. Si queréis información visitar su página: www.toldoszamoranos.com. (Tampoco es publicidad, es un poquito de peloteo. ¿A qué me he ganado otra cervecita?). En una entrevista en El Correo de Andalucía, dice, aparte de lo que dicen todos los empresarios, lo de que si los bancos no nos ayudan, no nos financian, etc., que hoy desde el Iphone se puede subir y bajar el toldo a distancia. O sea, ¿que estas en el Quema viendo pasar las carretas de las hermandades y te acuerdas de  los geranios?, sin problema, tiramos de móvil y se baja el toldo para proteger nuestras plantas. Si queréis leer la entrevista lo podéis hacer aquí. (Quillo, ya van dos enlaces, la cervecita será con tapa ¿no?)

Bueno, y ahora vamos a continuar con lo del principio. Renovarse o morir, renovarse para seguir creciendo, renovarse o tunearse como dicen los canis. ¿Tunear?, pues sí, Javier Zamorano (repito lo de cuidadito con la rima consonante) también se atreve con eso de tunear vehículos. Y esta es la prueba de lo dicho:

 Foto de J.Z. en las puertas de sus instalaciones

                                                                                                                                                                                
Esto es tunear al estilo trianero. Coges un charret, le cambias la carrocería y ya tenemos un “carro” para el mayo florido repleto de romerías. Venga, dejaros de 16 válvulas y 200 caballos, buscaros un buen par de mulas que tiren bien y a presumir de vehículo en todas las épocas del año.

Y ahora que, Javi, ¿te atreverás con las bicis?


P.D. Javi es vecino de barrio y amigo. No tengo intención de colocar toldos en mi terraza ni en mis ventanas (de momento). Lo de que me invite a cervecitas es casi mentira, algunas la pagaré yo. Me llamó la atención la foto de la carriola y es por lo que hice la entrada. Bueno, que me voy a dar una vuelta con mi mujer que desde mi terraza (sin toldo) he visto a Javi y Elo, su esposa, paseando a Urko, su bulldog francés, de camino a una “farmacia” de guardia donde coincidimos.

domingo, 27 de mayo de 2012

Los Sábados comuniones


Se creían que este año se “librarían” de las comuniones, pero no fue así, los compadres volvían a coincidir una vez más. Gustosamente cedieron su sitio en la iglesia otras personas deseosas de fotografiar con sus teléfonos de ultimísima generación a los niños y niñas en este día tan especial y esperaron en la puerta del masificado templo a que concluyera la ceremonia. –Oye ¿y ahora donde tenemos que ir? –Mi mujer me ha dicho que junto a los viveros que hay al principio de la carretera de La Algaba. –Si, ya me acuerdo, hay varios salones de celebración. Y allí se encaminaron después de felicitar a los orgullosos padres de la criatura.

Aparcaron los coches al cobijo de los sombrajos del vivero y se encaminaron, soportando el Sol de Mayo que ese día pegaba de lo lindo,  hacia el complejo de salones. Un arco de flores les daba la bienvenida y, junto a este, dos azafatas-camareras les indicaban muy amablemente el lugar donde esperar a los protagonistas del evento.

-La copa de recepción es entrado a la izquierda.

Y hasta esa recepción se dirigieron los amigos acompañados de sus esposas. Todas las personas que acudían  a las distintas celebraciones esperaban a que llegaran los verdaderos protagonistas. Todos con sus refrescos, cervezas y otro tipo de bebidas. –Compadre ¿tanta gente ha invitado Antonio a la comunión de su hija? – Que va, es que la copa esta de bienvenida es común para los diez salones. Ahora cuando vengan los niños nos vamos cada uno al nuestro, en las puertas están los nombres de los invitados. – Ya me parecía a mí que  no conociera a casi nadie de los presentes.- Nada tío, que aquí estamos todos “arrebujados” y como la película, nadie conoce a nadie.

Hubo una mirada cómplice de los dos compañeros de correrías juveniles y sin mediar palabras se propusieron quedar con las parientas para el próximo fin de semana. Durante el almuerzo, ya con los familiares y amigos correspondientes y sobre todo con la radiante niña en el día más feliz de su infancia, estos dos elementos no paraban de decirles a sus santas que las macetas de la terraza estaban un poco mustias. -Que pesados sois los dos con las plantitas de las narices. –Di que si, hija, que este se ha propuesto plantar tomates en un macetón grande que tenemos vacío. –Pues nada, aquí junto hay un vivero, ahora cuando terminemos os pasáis y compráis las macetas que os dé la gana. –No cariño, hoy no es el momento, el sábado próximo venimos los dos y a ver que buscamos.

Y llegó el siguiente fin de semana. ¿Alguien duda que estuvimos, digo estuvieron, en el vivero?

-La copa de recepción es entrado a la izquierda.

-Gracias, ya lo sabemos, estuvimos aquí la semana pasada.

Mientras “esperaban la llegada de los niños”, recordaron travesuras antiguas, brindaron por los ausentes y los presentes, revivieron momentos de su juventud y aquella caradura  que gastaba cuando jóvenes. –Compadre el tiempo no pasa en vano. –Tienes razón compañero, ahora no nos atrevemos a hacer lo que hacíamos con veinte años. –Tú lo has dicho, hoy en día no nos atrevemos, ¿quieres otra cervecita? –Eso no se pregunta.

Al pasar por el arco de flores, junto a las dos azafatas-camareras, lo dijeron alto y claro:

-Venga tío, vamos a por el regalo del niño que va a empezar la celebración.

Dicho y hecho, llegaron al coche, se metieron dentro y pusieron rumbo a la casa de uno de ellos donde esperaban sus sufridoras.

-¡Ostia tío! ¡Que no llevamos macetas!

-Nada les decimos que no nos gustaron. Oye, ¿venimos el sábado que viene a tomar cervecitas de válvula?

- ¡Compadre! Eso es abusar ¿no? Mejor para dentro de quince días.