Mostrando entradas con la etiqueta Sevilla. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sevilla. Mostrar todas las entradas

miércoles, 6 de abril de 2022

La Hermandad de las Doncellas

 

Como todo el mundo sabe, en Sevilla tenemos muchas Hermandades y en las próxima semana ya se encargaran los medios de mostrar una pequeña parte de lo que hacen. Lo que enseñaran son las procesiones que harán desde el Viernes de Dolores hasta el Domingo de Resurrección. Ya contaré las otras acciones que hacen estas hermandades que son las importantes.

Habréis oído hablar de la Hermandad de los Negritos, que apenas tiene miembros de color (entiéndase negros); de la  Hermandad de la Bofetá, que no tiene al Will Smith entre sus hermanos; de la Hermandad de los Panaderos, que tampoco hay panaderos; de la Hermandad de las Cigarreras, que ya no hay fábrica de tabacos en Sevilla; la Hermandad de los Gitanos, bueno, algún que otro si hay como hermano; la Hermandad de los Estudiantes, que poquitos de ellos salen el Martes Santo…. No hablaré de El Cachorro, Las Aguas, La O, El Cerro, La Paz, La del Polígono, la de Pinomontano... 

Y así cerca de sesenta, o más, que ya perdí la cuenta. Estos son los nombres como conocemos los sevillanos a algunas hermandades. Lo que no conocen la mayoría es la historia de la Hermandad de las Doncellas, pero para eso estoy yo, para contarlo. Todo es real y está convenientemente documentado.

Esta hermandad, que creo que ya no existe, se fundó en el año 1521 por Micer García de Gibraleón. Este buen señor era presbítero, protonotario, escribano apostólico y agente del Cabildo de Roma, o sea, que era un tío importante en la época. ¿Para qué se fundó? Vamos a verlo.

En este tiempo, cuando un matrimonio tenía una hija tenía un problema y más cuando crecían. Las mujeres eran una carga y solo tenían dos salidas: casamiento o convento. Bueno, había una tercera salida pero es mejor no comentar nada de ella, os la podéis imaginar. Ahora nos encontramos con el problema gordo. Para casarse tenían que aportar la correspondiente dote, en especie o en dinero. Para entrar a un convento ídem de lo mismo, dote o posesiones, al fin y al cabo se “casaban” con Dios y esta era una forma de financiación de los lugares de recogimiento y rezos. Vale, hasta aquí sin problemas, si la joven era de una familia pudiente, nada, a aportar la correspondiente dote y casamos a la niña o la metemos a monja. Pero ¿y cuando esa familia no disponía de medios? Ese era el problema, pero para solucionarlo estaba la Hermandad de las Doncellas.

Cono no os lo creéis apuntaré que todo está convenientemente documentado y se encuentra en los archivos de la Biblioteca Colombina y en el propio Archivo de la Catedral. Venga, Naranjito, no te enrolles.

Estos hermanos y hermanas, que también en las hermandades hay personas del genero femenino, se dedicaban a facilitar las dotes para los casamientos de las mozas que no disponían de ellos. Pero claro, tenían que cumplir unos requisitos, esto no se trataba de una subvención a fondo perdido sin más. Lo primero de todo pertenecer a una familia de cristianos viejos. O sea, que sus ascendientes tenían que ser cristianos de toda la vida, nada de moros arrepentidos ni de judíos conversos. Por supuesto tenían que ser pobres de verdad y, sobre todo, tener una honestidad demostrada y sin ningún atisbo de duda. La gente de la hermandad, tanto hombres como mujeres, se encargaban de hacer un estudio de la candidata para saber si era merecedora de los dineros que aportar al matrimonio. Todo esto lo documentaban convenientemente y lo anotaban en el Libro de Dotes.

En estos libros aparecen el nombre de la joven a la que se le concedía la dote, datos de sus progenitores y familia, cuando se bautizó, particulares físicas como altura, color de piel y de cabellos, aspecto, limpieza, fecha del casamiento, lugar del mismo, … Lo que hoy conocemos como condiciones técnicas para ser merecedora de una subvención a fondo perdido.

Creo que ya no existe esta hermandad, ha sido sustituida por la lista de boda, el número de cuenta corriente en las invitaciones, los bizun, los sobrecitos y todas esas cosas para ayudar a comenzar una vida en común. De una forma u otra resulta que, sin quererlo, somos miembros de una hermandad fundada en el siglo XVI.

Si visitáis la Catedral de Sevilla y entráis por la puerta de Palos que es la que está pegaita a la Giralda, la tercera capilla a mano derecha es la Capilla de la Hermandad de las Doncellas. La marco en el plano para que no tengáis perdida.

 



lunes, 21 de marzo de 2022

Los carteles de las fiestas de este año.

 


Bueno, que ya estamos en primavera y esta ciudad se prepara para sus semanas grandes. Y lo mejor que podemos hacer es anunciarlo a los cuatro vientos. ¿Cómo? Pues con carteles. Empezamos.

El primero sin problemas:

La Semana Santa. Para ello el Consejo de Hermandades y Cofradías ha escogido al artista Manolo Cuervo para que realice el cartel anunciador de todos estos días grandes para los sevillanos y visitantes. Manolo es un renombrado artista con un estilo muy particular. Yo siempre aprecio los mismos tonos en todas sus obras. Pero vamos, que es un artista. En esta ocasión se ha inspirado en la imagen del Cristo del Cachorro y ha quedado bastante bien. No todo va a ser echar una foto con una buena réflex y ya está, hay que currárselo una mijilla y Manolo lo ha conseguido. Y hasta a mí me gusta.

 


El segundo también sin problemas:

Las Fiestas de Primavera. El Ayuntamiento es quién se encarga de seleccionar el cartel anunciador de nuestras fiestas. Ha escogido una obra de la María Tapia. Una joven artista que ha creado con pintura sintética en spray sobre óleo de lino, un cartel lleno de colorido. Según el ayuntamiento “nos ofrece un anuncio con mayúsculas de lo que está por venir, lleno de color, de optimismo y de invitación a vivir intensamente todo lo que nuestra ciudad nos brinda cada primavera”. María también se lo ha currado y le ha quedado bastante original y elegante.

 


El tercero...

Los toros. De esto se encarga la Maestranza de Caballería que es la propietaria de la plaza de toros y junto con una empresa organiza la temporada taurina. Bueno, a ver, yo no soy taurino pero me atrevo  a adivinar como se escogió la obra pictórica. La obra pictórica o lo que sea.

Fue de la siguiente forma: —¿a qué no hay güevos de escoger el cuadro del chino? —¿Qué no? ¡Sujétame el cubata!

 


El artista es el danés de origen vietnamita Danh Vö. Y la obra, a ver como lo explico, bueno entre comillas que corto y pego. “No tiene referencias pictóricas sino que se trata de una caligrafía que lo refuerza todo. No es una caligrafía cualquiera: está llena de contenido. En estos rótulos se aprecian dos frases inspiradas en el ´Llanto por Ignacio Sánchez Mejías´ de Federico García Lorca: A  las cinco de la tarde.  

Vamos a ver artista, no te enfades conmigo ¿vale? Eso es un poster color rosa como los capotes de los toreros, con letras góticas. ¿Ya está? ¿Ya no pintas más cosas? No sé, una montera, un toro, un caballo, no sé, algo ¿no? Cúrratelo un poco, algo más, que hasta él que ha enmarcado los carteles ha trabajado más que tú. Y encima seguro que te han pagado por los dos posters. Bueno, vale cada uno con su dinero hace lo que quiera. Y otra cosa Danh Vö, también hay partidos de futbol a las cinco de la tarde. A ver si la gente se va a equivocar. 

Yo de arte entiendo poco pero aprobé la asignatura con buena nota. Hice un trabajo sobre Kandinsky cuando no existía la Wiquipedia. Y este también se lo curraba.

Bueno pues nada, aquí tenéis los tres carteles de este año. Ustedes sabréis más que yo, pero pienso que el de los toros… mejor no digo lo que pienso.





viernes, 18 de marzo de 2022

La rebelión de las cigarreras.

 

Esta historia la pensaba contar el pasado día 8, Día Internacional de la Mujer, pero como estaba mising y cualquier día es el Día de la mujer, la cuento hoy.

La Feria de Abril de Sevilla la inventaron un vasco y un catalán. Sí, tal como suena,  en 1847, reinando Isabel II pero la de España, que la de Inglaterra todavía no había nacido. O si, que también puede ser.

En principio era una feria ganadera donde se hacían compraventa de ganado y se mostraban los adelantos técnicos de la época. Bueno, de camino pusieron 19 casetas con ambigús  y con eso se aliviaban las gargantas y se echaban unos vailesitos. El lugar donde se hacía  era el Prado de San Sebastián. Allí estuvo hasta el año 73 del siglo pasado. La cambiaron de sitio porque no se cabía. Y ahora tampoco, pero nos apañamos.

Primera Feria de Abril


La Real Fábrica de Tabacos de Sevilla fue la primera fábrica para estos menesteres que hubo en Europa. A lado del Prado de San Sebastián, por cierto. Es un edificio muy grande, pero grande grande, solo el monasterio de El Escorial lo supera. Tenía foso, una capilla, un regimiento de artillería, un hospital, una prisión y muchas más cosas. Los soldados digo yo que eran para proteger el tabaco porque dependía directamente de la Hacienda Pública, y ya sabemos, los ingresos fiscales son ingresos fiscales. La confección de los cigarros y cigarrillos la realizaban mujeres. Por lo visto se dieron cuenta que eran menos exigente y más productivas. Trabajaban a destajo y se llevaban un sueldecito a sus casas. Tenían mucha flexibilidad de horario y cierta libertad dentro de la fábrica. Podían ausentarse por asuntos propios y las que tenían hijos pequeños se los podían llevar y cuidarlos ellas mismas. En las inmensas naves hacía mucho calor por lo que algunas, la mayoría, trabajaban con poca ropa por arriba y faldas remangadas por abajo. No quiero pensar en los pobrecitos soldados de artillería, todos queriendo hacer guardia en verano. Las crónicas de la época dicen que trabajaban unas cinco mil mujeres. Muchas me parecen pero si lo dicen las crónicas no voy a discutir.

Vista de la Fábrica de Tabacos, hoy sede de la US

Vámonos a la historia, que me enrollo.

Acaecía el mes de Abril de no sé qué año, y, como es lógico se celebraba la Feria. En el lugar dedicado a exponer la maquinaria agrícola había expuesta una que estaba pensada para trillar la mieses. Pero mira por donde a un gracioso de la época no se le ocurrió otra cosa que poner un cartel diciendo eso de “máquina para liar tabaco”. La noticia tardó nada en llegar al interior de la fábrica de tabacos y no veáis la que se formó.  Las cigarreras se enfadaron y con razón. ¿Qué nos van a sustituir? ¡De eso nada! ¡Con la faltita que nos hacen las pesetas que ganamos liando tabaco!

Empezaron los tumultos dentro del recinto. Destrozaron enseres y muebles y se lanzaron a la calle. Los soldados ni se les acercaron. En la calle los municipales de la época tampoco. Empezaron manifestaciones que duraron varios días recorriendo las principales calles de la ciudad. Todas con el clavel en la pechera y el mantón ceñido al talle como dice las sevillanas de El Pali.  Reclamaban que el alcalde o el gobernador civil les diesen una solución ante la supuesta falta de trabajo. Cinco mil mujeres en la calle manifestándose y  sin dar su brazo a torcer. Querían una explicación convincente y garantías. Hasta que no las convencieran seguirían sin trabajar y sin liar tabaco. Bueno, sin trabajar y sin “lo otro” porque muchas habían leído a Aristófanes y lo de la Lisístrata se lo aprendieron muy bien. ¿Qué pasa? ¿Qué pensáis que todas las cigarreras eran con la Carmen del Mérimée? Pues no, que no he contado, porque se me olvidó, que también tenían un servicio de lectura en el que una de ellas les leía libros y revistas. Y lo de la Lisístrata se ve que les llamó la atención, y seguramente, algún que otro panfleto revolucionario de la época también.

Cuando se terminó la feria, el gobernador las consiguió convencer que la máquina no era para el tabaco y logró que volvieran al tajo. Solo hubo algunas trabajadoras heridas leve durante las marchas por las calles hispalenses y los destrozos del interior de la fábrica que, por cierto, hoy es la sede del Rectorado de la Universidad de Sevilla. 

"Las Cigarreras". Gonzalo Bilbao


 


miércoles, 23 de febrero de 2022

Una calle para quedarse de piedra

 

Otra vez historia de la vieja Ishbilia. Bueno historia lo que se dice historia a lo mejor no, pero salpimentada con una pizca de leyenda ya es otra cosa.

Resulta que, según reza en el escudo de Sevilla, esta es una ciudad Mariana. Católica, apostólica y romana añadiría yo. Además con normas de obligado cumplimiento. Bueno, ahora no son de obligado cumplimiento, pero en tiempos inmemoriales (sí, he colado una palabrita chula) quién no cumplía estas normas lo llevaba claro.

Para ponernos en antecedentes del meollo de la cuestión (otra palabrita), si subís por la calle Villegas camino de la Plaza de la Pescadería, para, por ejemplo, tomaros una cervecita con un montadito de chorizo picante en la Bodega La Mina, en la esquina de la Iglesia del Salvador hay una hornacina con la Cruz de Las Culebras y, debajo de esta, un azulejo con una Ley que dictó el Rey Don Juan II. Lo de la Cruz de Las Culebras ya lo cuento otro día ¿vale?

 

Foto de la red. Desconozco autor. La cruz y debajo la Ley 11

En este azulejo pone, en castellano del siglo XV, lo siguiente, traduzco y transcribo (jeje, otra palabrita):

ELREYD.JVAN.LEY11.ELREY.I.TODAPERSONA.QVE.TOPARE.ELSANTISIMO.SSACRAMENTO

………….

Bueno, venga, ahora en cristiano que si no, no hay quién lo entienda:

El propio Rey y cualquier hijo de vecino de esta ciudad que se cruce con el Santísimo Sacramento, se tiene que poner de rodillas aunque el suelo esté lleno de mierda y barro. Si no lo hace, se le embarga el caballo y encima se le pone una multa de 600 maravedíes. Y si encima es moro o musulmán de catorce años para arriba que se ponga también de rodillas porque si no se le quitará toda la ropa y se quedará en pelota picada. Ley 11/siglo XV.

Bueno, ya tenemos los antecedentes, ahora vamos al lío.

Resulta que en el barrio de San Lorenzo había una taberna de esas de vino peleón, pucheros aguados y juegos de naipes. En esta taberna estaban, ya en un estado chisposo y diciendo eso de “egues mi henmano, te quiero musho, un taco”, un grupo de habituales parroquianos, entre ellos Mateo el Rubio. Por cierto, no confundir con el Rubius que ese es un yutuber que vive en Andorra.

En un momento dado escucharon unas campanitas y un murmullo proveniente de la calle. Aunque el estado en que se encontraban no era para pasar un control de alcoholemia por los alguaciles y migueletes de la época, se asomaron prestos a la calle (presto, otra palabrita chula).

Dos monaguillos haciendo sonar campanitas chiquititas precedían a un sacerdote que portaba en alto un pequeño sagrario donde iba la Hostia Consagrada, o sea, el Santísimo Sacramento. Detrás del cura, unas mujeres enlutadas haciendo el honorable oficio de plañideras, portando velas y cirios.  Se dirigían a dar la última comunión a una persona que le quedaba menos de tres telediarios para pasar a otra vida más tranquilita.

Pues nada, que el grupo de bebedores empedernidos (hoy estoy que me salgo con las palabras), a pesar de su embriagadez pusieron rodillas en tierra. Todos menos el Rubio. Esté, que era más chulo que un ocho y más vacilón que un reguetonero, se quedó de pie y riéndose de sus compadres dijo

— ¡Pringaos! No tenéis nada entre las piernas. Ahora vais a ver un hombre de verdad, hecho y derecho. Que sepáis, pardillos, que yo me quedaré de pie.

En ese momento, un trueno retumbó por toda la calle y con un teravatio de potencia, un rayo cayó sobre la cabeza de El Rubio dejándolo petrificado y hundido hasta las rodillas por los siglos de los siglos y para mayor desahogo de los canes que pasan por su lado con la vejiga llena.


Foto de ABC de Sevilla. Estado actual de Mateo El Rubio


Desde aquél suceso, más o menos, lo mismo fue años posteriores que tampoco hay que ser muy tiquismiquis, a esa calle de la collación de San Lorenzo se le conoce como calle Hombre de Piedra, distrito postal 41002, Sevilla.

Bueno, vale, que a lo mejor ese no es Mateo El Rubio pero las crónicas de la ciudad y los cronistas dicen que sí. También, al Cesar lo que es del Cesar (sigo fino hoy), parece ser que es un busto romano que antes estaba en unos baños árabes que había por ese lugar. Pero la leyenda es más interesante que la realidad, así que  me quedo con la historia del vacilón de El Rubio y cómo sigue de piedra después de tantos años y tantos perritos que pasan por su vera. 

 




lunes, 14 de febrero de 2022

La Cabeza del Rey. Capítulo 2

 

Capítulo 2.

La anciana era la viuda del carbonero del barrio. Solo tenía un hijo y pasaban muchas penurias. Acuciada como estaba después se haber sido testigo del suceso acaecido junto a su humilde morada y viendo que la justicia buscaba un culpable, pasaba los días y las noches temiendo que los alguaciles se presentaran en su casa para quitarse de en medio al único testigo que podría delatar al monarca que llamaban el Cruel.

Pasaron varios días pero al final se atrevió a contárselo a su hijo. Le daba miedo pensar en las consecuencias, el Rey y los Guzmanes eran de alta alcurnia y ellos unos simples carboneros que pasaban más hambre que un piojo en la cabeza de un calvo.

Preocupado del estado de ansiedad y miedo de su madre, Juan, el hijo de la protagonista, no hacía nada más que pensar en cómo decir lo acaecido y, de camino, conseguir la bolsa de los jurdeles prometidos. Un día se armó de valor y pidió audiencia en el palacio del Rey, que le fue concedida no sin antes advertirles que si mentían serían mandados al calabozo.

Una vez delante del Rey, Juan el carbonero le dijo que su madre era la que vio al causante de la muerte del Guzmán pero que se lo diría a él solo, sin presencia de nadie. Mandó el Rey que desalojaran el salón de audiencias y cuando estaban solos le dijo eso de a ver, buena señora, decidme quién fue el matador.

La viuda le pidió al monarca que se acercara a la pared donde había un espejo y, una vez el Rey Pedro estuvo enfrente, se lo comunicó: Ese que veis vos es quién mató a Don Luis de Guzmán.

Llamó el Rey a su escribano y le mandó que les dieran a Juan y su madre la bolsa con los doblones y maravedíes prometidos y les advirtió que no debían decir a nadie lo que a él le habían dicho so pena de perder la vida.

La noticia del esclarecimiento del crimen, corrió por Sevilla y llegó a oídos de la familia Guzmán que les faltó tiempo para reclamar al Rey la justicia prometida con el asesino de su hijo.

Y el Rey cumplió con su palabra. Unos albañiles hicieron una hornacina en la esquina donde había fallecido Don Luis. A los poco días un cortejo compuesto por alguaciles llevaron en andas un cajón de madera donde iba la cabeza del criminal. El populacho y los nobles se arremolinaban y arrojaban verduras y escupitajos a la caja. La expectación era máxima para ver la cabeza seccionada por el verdugo.

Cuando llegaron a la esquina, depositaron la caja en la hornacina. La caja cerrada, claro, y  pusieron unos barrotes para que nadie la  pudiese abrir. Y dictó el Rey otro edicto de los suyos que decía más o menos…

Como el asesino de Don Luis Guzmán, ilustre hijo del Conde de Niebla, es persona importante, es de justicia divina que se mantenga en anonimato. Si alguien osase en abrir y dejar en descubierto su cabeza, será ajusticiado en la Plaza Mayor para escarnio de su descendencia. Que piqueros armados hagan guardia y custodia en esta esquina.

Bueno, más o menos eso decía el bando, que yo tampoco soy historiador, pero se entiende ¿no? Vale, pero la historia no termina aún.

Al cabo de unos años, como entonces no había ni referendum ni mociones de censura, el Rey Pedro fue asesinado por su hermano bastardo Don Enrique de Trastamara. ¿Os acordáis de los Trastamaras? Exacto, de la familia de los Guzmán que les faltó tiempo para adueñarse del mando de la ciudad. ¿Y qué fue lo primero que hicieron? Quitar las rejas de la hornacina, abrir la caja y descubrir que lo que había era un busto en mármol a tamaño natural de Don Pedro I el Cruel o el Justiciero.

 

Foto de ABC de Sevilla

Se sigue manteniendo la hornacina con el busto y, hoy en día, la calle se llama Cabeza del Rey Don Pedro. Y hace esquina con la calle Candilejo. ¿Os acordáis del candil de la carbonera?



sábado, 12 de febrero de 2022

La Cabeza del Rey, Capítulo 1

 

Capítulo 1.

Otra vez toca historia, leyenda, o curiosidades de esta muy noble, muy leal, muy heroica, invicta y mariana ciudad de Sevilla. La he tenido que dividir en dos porque hoy he tenido tiempo libre y me he enrollado más de la cuenta.

Pues resulta que por el siglo XIV vivía por aquí el rey Pedro I, al que sus amigos le llamaban el Justiciero y el resto de los humanos el Cruel. Este monarca estaba enfrentado con los Guzmanes, hijos del conde de Niebla que apoyaban para reinar a la familia Trastamara.

Esta ilustre familia, los Guzmanes, iba largando bulos por la ciudad para liar al pueblo y que este se mosqueara y se levantara en armas. Bueno, al pueblo, al clero, a los nobles y, a ser posible, a todo el mundo.

El rey estaba enterado de todo, para eso tenía su propio servicio de información, pero no podía hacer nada al respecto porque los Guzmanes estaba emparentados con su esposa del momento. Sí, he dicho del momento porque llegó a tener 6 esposas y 9 hijos. 

Pero mira por donde que una noche que el rey iba solo por la calle, embozado en una capa buena, se cruzó con el hijo del conde de Niebla. A saber de dónde vendrían estos dos. Y esta es la mía, pensó Pedro. Dicho y hecho, en la media oscuridad de la noche, se batió en duelo a espada y, como era muy diestro aparte de siniestro, le dio una estocada en todo el pecho y lo dejó pajarito. Vamos, que se lo cargó y se fue por patas.

Lo que no sabía era, que al ruido de las espadas, una anciana se asomó a la calle con un candil en la mano para poder alumbrarse y ver lo que ocurría. Por cierto, un candil es como la linterna del móvil pero con aceite. Al descubrir el asunto y reconocer al autor del estocazo, cerró el portón de su casa con tan mala suerte que se le cayó el candil.

A pesar de la oscuridad de la noche y la poca luz que alumbraba su humilde linterna, no tenía duda de quién era el duelista vencedor. Había una característica muy peculiar que tenía el cruel o el justiciero (según). Las rodillas le hacían un ruido muy particular, como si chocaran dos nueces. Esto era debido a que este hombre tenía una degeneración del cartílago articular que le provocaban que les chocasen los huesos de la rodilla.

No veas la que se formó cuando el conde de Niebla se enteró que uno de sus vástagos había sido vilmente asesinado en una calle oscura de lo que después sería el barrio de La Alfalfa. Don Tello de Guzmán, que así se llamaba el noble, pidió audiencia con el Rey para exigirle y reclamarle justicia para su hijo.

El Rey no quería remover mucho el asunto por lo que le dijo que su servicio de investigación le había dicho que la muerte era como consecuencia de un duelo en buena lid y por lo tanto no se podía interpretar como asesinato.

Pero el Guzmán insistía una y otra vez en que de duelo a espada nada, que asesinato. Y la prueba estaba en el candil que se encontró junto al cuerpo de su hijo. Ha sido una emboscada, le dijo, más o menos, ha sido atacado por sorpresa y a traición.

Pedro I no sabía aquel asunto de la lámpara y eso le cogió en fuera de juego. Aunque las pruebas eran circunstanciales la cosa se podía liar más de la cuenta.

Mira conde de Niebla, le dijo con cara seria y regia, delante de todos mis caballeros, de los eminentes,  destacados, respetados e ilustres miembros de esta mi corte, te digo que no descansaré hasta ver decapitado al matador de vuestro hijo Don Luis de Guzmán. En aquesta muy noble y leal ciudad no hay delito sin castigo. Otrosí digo que será recompensado con una bolsa bien repleta de doblones y maravedíes a todo aquel o aquella (según) que dé pista fehaciente para descubrir al malhechor o malhechores de tan vil crimen. Ítem digo que la cabeza del facineroso será colocada para escarnio público en la pared del lugar de tan luctuoso suceso.

Con esta premisa regia se dictó un bando que fue convenientemente repartido por toda la ciudad. Los alguaciles se encargaron de hacer las pesquisas oportunas entre los distintos mentideros de la ciudad.  El asesino o asesina no escaparía de cumplir con lo dictado por Rey.

Hasta aquí por hoy. La resolución y consecuencias de lo acaecido la conoceréis en el próximo capítulo, solo en La Bodeguita.

 

Foto de la red. Esto es un candil ¿vale?



domingo, 6 de febrero de 2022

La Puerta Real

 

Bueno, que nada, sin más preámbulos y escusas tontas estoy de nuevo por aquí. De salud bien, el covid ha pasado rozando el larguero en casa y de momento de ná. Lo que pasa es que me he tomado unos mesesitos sabáticos en esto de aporrear teclas. El síndrome del blog es fuerte y puede conmigo. Y para continuar con esta vuestra Bodeguita y para demostrar que soy un tío serio, hoy historia. Antes de continuar os comento que todo lo que cuento a continuación es real. Enga, al lío.

Pues resulta que Sevilla, desde tiempo de los romanos era una ciudad amurallada. Para entrar disponían de más de dieciocho puertas y postigos cada una con sus correspondientes centinelas, cobradores de impuestos, porteros y demás encargados de vigilar  “a ver quién entra y sale”.

Estas puertas tenían sus nombres en función de su situación o en honor de algún o alguna personalidad importante. Por ejemplo los almorávides nombraron Bab al Makrin a la puerta que los romanos llamaron Macaria en honor a la hija de Hércules. Posiblemente de ahí venga eso de Macarena. A mí, eso que la hija de Hércules se llamara Macaria, no sé, no sé.

Romanos, almorávides y ahora un saltito en el tiempo y nos encontramos sobre el siglo XVI. Cuando llegaba la realeza, por ejemplo Isabel y Fernando los de monta tanto tanto monta, adornaban las puertas, arreglaban las calles, le daban la bienvenida y con eso le hacían la pelota una mijilla.

Pero claro, tenemos un problema. La puerta muy grande y muy bonita pero ahora tenían que pasar por las calles y ahí estaba el problema. Estrechitas, los carruajes reales pasaban pegaitos a las fachadas, llenas de gente difícil de controlar, calor sevillano, que no, que por ahí no pueden entrar, busquemos otra puerta más acorde con sus majestades.

¿Solución? buscamos una puerta grande y que dé a una avenida o calle principal. Pero no fue hasta el 1570 cuando se pusieron a ello. El nieto de los católicos, Felipe II, visitaba Sevilla de vez en cuando, que para eso era Puerto de Indias. Entonces escogieron otra puerta y la arreglaron convenientemente. Esta puerta estaba al lado de la casa palacio de D. Hernando Colón, hijo del descubridor de América. En esa casa tenía la biblioteca más grande que existía, un jardín americano con árboles y plantas del otro lado de la Mar Océana como tomates, patatas,…

Uf, ya me estoy enrollando más de la cuenta, perdón.

Bueno, que la situación de la puerta era bastante buena, justito frente al Guadalquivir. ¿Qué puerta era esta? A saber, en tiempos de los romanos se denominaba puerta de Goles. Lo del nombre viene por lo visto de una degeneración del nombre Hércules. Tampoco me cuadra mucho esto, si proviene de Soles y, con el tiempo, se transforma en Goles hubiera sido más sencillo, pero no de Hércules a Goles. A ver quién me explica eso.

Aunque algo de cierto tiene que haber en el nombre porque nuestros antepasado almorávides mantuvieron ese nombre pero a su estilo, digo en su lengua, Bab er Goles la llamaban. Bab en árabe significa puerta, por si no os habéis dado cuenta.

Como a partir del segundo de los Felipes todos los reyes entraban por ahí, el personal y las autoridades empezaron a llamar a esa puerta la Puerta Real. Nombre que llegó hasta que, como otras muchas cosas de Sevilla, la piqueta indiscriminada se encargó de tirar abajo.

Foto obtenida en la red (sigo sin reflex)

Pues eso, hoy, para retomar el blog, me apetecía contaros, torpemente, algo de la historia de esta bendita ciudad. Y qué mejor para retomar mis batallitas que escribir sobre la puerta de GOLES, que después se llamó REAL y que estaba frente al Guadalquivir, que en tiempos de los romanos se llamaba BETIS, por cierto.




lunes, 27 de abril de 2020

Nos vemos en El Tremendo



A través de watsapp me envía un amigo esta foto de una esquela publicada en Diario de Sevilla.



No tenía el gusto de conocer al inolvidable, irrepetible, e insustituible, Federico López Díaz ni a sus familiares, pero el detalle del final no puedo dejar de comentarlo: “Nos vemos en el Tremendo” como él querría.

¿Qué es esto de El Tremendo? Pues el Tremendo es un pequeño bar de apenas diez metros cuadrados que hay muy cerca de la iglesia de Santa Catalina. Está en uno de los principales accesos al centro de Sevilla, lugar de paso constante de personas. No tiene cocina, apenas unos cuantos aperitivos. Pero tiene una de las mejores cervezas que te puedes tomar en la vieja Híspalis. En sus grifos de cobre tiran una media de diez barriles diarios. Pasar por El Tremendo y no pararte es como ir a Roma y no ver el Coliseo. En hora punta parece imposible acceder a la barra para pedir, pero se consigue. Y claro, como es pequeño, la gente se toma sus cervecitas en la calle. Y la calle se llena. Y te puedes encontrar desde un amigo que hace meses que no ves hasta el último ganador del premio Planeta, porque, pared con pared, está resistiendo la Librería Reguera. Lo que hace grande a este bar es la gente que paran en él, amigos, familias, turistas, artistas. Tengo una foto de mi hermana con la bailaora Sara Baras, ambas dos tomándose unas copitas pero como no tengo el teléfono de Sara para pedirle permiso no la puedo publicar.

Si le preguntas a un sevillano que donde está la calle San Felipe seguro que no tiene ni idea, pero si le preguntas por el Tremendo de Santa Catalina te lo indicará con pelos y señales y, a lo mejor, hasta te acompaña.



La foto la he tenido que buscar en la red porque, por razones obvias, hace tiempo que no paso por él. Y en ella, aunque parezca mentira, hay poca gente.

No conocía a D. Federico ni tampoco conozco a su familia pero si él quería encontrarse ahí con su gente, que mejor homenaje que pasar y tomarte una cervecita en su memoria y en la de todos los mayores que nos están dejando. Ojo, que para mí una persona con sesenta y cinco años no es mayor, es una persona con experiencia que enseñarte. Desgraciadamente se nos están yendo gente de las que tenemos muchas cosas que aprender. 

Federico, cuenta que cuando pase por Santa Catalina la primera será por tu memoria.

Y ahora yo también me atrevo a parafrasear a Pablo Milanés y adaptar una de sus canciones:

Yo pisaré las calles nuevamente
De lo que fue Sevilla confinada.
Y en una hermosa plaza liberada.
Me detendré a brindar por los ausentes.

Yo vendré del encierro agobiante
Y saldré a las plazuelas y callejas
Y evocaré las miradas tras las rejas
De los mayores que nos dejaron antes.

Bueno, poeta lo que se dice poeta, no soy ¿se nota mucho?




sábado, 25 de abril de 2020

Feria de Abril, Noche del Pescaito




Esta noche sería la cena del pescaito y la prueba del alumbrado para dar inicio a la otra semana grande de Sevilla. Daríamos  el pistoletazo de salida para disfrutar de la Feria de Abril. Bueno, ya sabéis el motivo por el cual no tenemos Feria, que tampoco se trata de ser pesao

Y para no ser cansino y extenso, puntualizaré unas cuantas cosillas que debéis tener en cuenta.

Las casetas son privadas.

A ver, no son bares públicos, las casetas son una extensión de tu casa en el Real, que es como se conoce al recinto donde se monta esta ciudad efímera. ¿En tu casa quién entra? ¿Eh? Exactamente, pero un pequeño ejemplo:

Hace unos años reté a una pareja amiga que nos visitaba en esos días. Él, más catalán que el marido de Shakira. Les propuse que se acercaran ellos solos a una caseta al azar y, con educación, les solicitaran poder entrar para conocerla por dentro. ¿Resultado? Entraron en más casetas que yo en toda la semana.

Se me olvidaba, hay más de mil, de amigos, de clubes, de empresas, de asociaciones, de gremios, de peñas y también hay muchas que son  públicas. Incluso hay una para guiris, entiéndase turistas. 

Los sevillanos estamos una semana de juerga.

Mentira cochina. La semana de Feria es laborable todos los días excepto el miércoles que es fiesta local. ¿Eso que significa? Pues que del trabajo a la Feria y de la Feria al trabajo. ¿Cómo? Pues como podemos, muchos muy perjudicados de tanto cante y baile, pero a cumplir con nuestra obligaciones laborales. Vale que hay algunos y algunas que van casi toda la semana, pero estos días se los quitan de sus vacaciones. Y otra cosa, normalmente a partir del viernes no pisamos el Real, nos vamos a las playas. Estos días  los dejamos para que nuestros ilustres visitantes disfruten.

La Feria es en Abril.

De eso nada. Las Fallas el diecinueve de Marzo, vale. San Fermín el siete de Julio, vale. Pero aquí, no. El único requisito es que tiene que haber dos semanas entre Semana Santa y Feria. O sea, que si cae en Mayo no pasa , la Feria de Abril en Mayo y ya está. ¿Qué hay un virus que está fastidiando más de la cuenta? La cambiamos a Septiembre y tenemos la Feria de Abril en Septiembre, o no la tenemos, que tampoco pasa nada, es lo más sensato y es lo que queremos los sevillanos, a pesar de los 900 millones de euros de impacto económico. Esto último quizás no se lo crea nadie, pero es real, los sevillanos no queremos Feria este año. 

Podría contar qué es eso de la cena del pescaito, el rebujito, el paseo de caballos o la calle del infierno. Podría contar que él traje que lucen  las mujeres se llama traje de flamenca y no de faralaes o gitana. Podría contar que la Feria la inventaron un catalán y un vasco que llevaban más tiempo en Sevilla que la fuente de la Pila el Pato, pero entonces nos podríamos llevar aquí hasta la Feria de 2021, que no es el tema.

Y como él que no se consuela es porque no quiere, aquí os pongo un vídeo de hace unos cuantos años para que os deis una vueltecita, escuchéis unas sevillanas, os toméis una copita de rebujito y os peguéis unos bailes, invito yo. De camino aprovecho a ver si me acuerdo como se hacía lo de insertar un vídeo que lo de disfrutar de la Feria no se me olvida y lo haré el año que viene.

Sevillana, “Si usted no ha visto la Feria”, cantan, Amigos de Gines.



jueves, 12 de septiembre de 2019

Boda en El Salvador





Bueno, ahora tengo tiempo. Poco, pero como mi mujer no está, mi hija tampoco y mi hijo lo mismo está en Marchena, en Málaga, en Granada, en El Viso del Alcor o en Carmona, vete a saber, cuestiones de trabajo, me pongo y cuento algo.

Lo más cercano Sevilla. Hay una plaza en esta bendita ciudad que es la plaza del Salvador. Se llama así porque en ella está la iglesia del mismo nombre. La otra catedral sevillana, antigua mezquita y punto de partida de la Semana Grande hispalense. Una iglesia grande, con muchos escalones en la entrada y conocida por todos mis paisanos.

¿He dicho punto de partida de la Semana Grande? Po sí. Resulta que, como de ella salen cofradías para hacer la estación de penitencia a la Catedral, la otra, la grande, tienen que salvar los escalones de la entrada con una rampa de listones de madera. “La rampla” decimos los miarmas. Cuando se coloca la rampla empieza la Semana Santa, siete días antes, claro.

Pero esta plaza tiene más cosas: tiendas de ropa, bares, otras tiendas, bares, otros locales que venden cosas, bares y un puesto de papas fritas que quitan el sentío.  (Pliego de descargo: hace un año que no me paso por la plaza del Salvador. Quillo, Manolo, que se me hizo tarde, perdóname).

Bueno, pues eso, que hay unos bares donde paramos después de la hora del Ángelus, y disfrutamos de varias cosas. A saber: la compañía, la cervecita, el trato, la gente, la buya, los camareros que te atienden con “una sonrisa y amabilidad “espectacular”, los soportales, las mesitas a la altura adecuada, las cervecitas, las sombrillas para mitigar el Sol sevillano, las cervecitas y un largo etcétera. Por cierto, un buen lugar para esperar a tu querida esposa cuando anda por el centro y queda contigo luego, cuando termine, más tarde. Otra cosa no, pero los templos hosteleros se los conoce todos.  Venga, una foto para situarnos. Que conste que la he rebuscado por interné. Es que hace un año que no voy y encima sin réflex.




Hay gente ¿no? Y un sábado más. Y en Sevilla “never rain” dicen los guías turísticos. Y la gente debajo de las sombrillas. Y en Sevilla “never rain”. Y en la parroquia del Salvador se casan una jartá de parejas. Y no hay sitio para aparcar. Y todos los fines de semana bodorrios. Todos arreglaitos. Con las mejores galas. Y en Sevilla “never rain”.

 ¡No ni ná! ¡Y cuando llueve!, llueve. Y la novia quiere lucirse. Y en Sevilla lloviendo. Y la novia preocupá. Es que es su día grande. Y en Sevilla lloviendo. Y por la plaza un montón de sombrillas patrocinadas por (esto es publicidad por si me invitan) Cruzcampo. Y el arte de los camareros. Y vamos a echarle una mano a la chavala, que es su día. ¡Coño! Que no se moje. Disfruta, que tu maromo lleva un rato dentro de la iglesia. Y los camareros todos a una.

Enga, ahí va eso:





miércoles, 3 de octubre de 2018

Sevilla por fin tiene un Primá



Me imagino que a estas alturas ya os habréis enterado que se ha inaugurado en Sevilla un Primark. ¿Qué no? Desde luego que no estáis a la última. Por favor, si ha salido en todos los medios de comunicación. Que si, que tenemos un Primark. Bueno, de momento, porque está previsto inaugurar otro el año que viene. O, a lo mejor, dentro de unos meses, después del éxito de esta primera tienda.

Vamos a situarnos. El primer Primá sevillano está ubicado en el centro comercial de los bajos de la torre Pelli. A ver, se empeñan en llamarla Torre Sevilla, pero los sevillanos la bautizamos como torre Pelli y torre Pelli se quedará para la posteridad. ¿Qué no? Amos a vé, las Setas de la Encarnación son las Setas de la Encarnación aunque quieran que nos acostumbremos a llamarlas Metropol Parasol, o algo por el estilo. Pero son las Setas. Lo de Pelli es por el nombre del arquitecto que diseño este rascacielo de 180,5 metros, el más alto de Andalucia, que pa eso los sevillanos somos sevillanos.

Que no me enrollo, que el Primá se inauguró el miércoles 26. ¿Y qué pasó? A vé, juntemos  las bullas de Semana Santa, la gente esperando el alumbrao de la Feria, los Béticos en la calle Tajo antes de un partido, a toda esta gente los arrebujamos en la puerta y me quedo corto. Una media de dos horas para entrar. Pero todos los días, el 26, el 27, el 28, el 29. De tal forma, que la dirección del centro tuvo que declarar el númerus clausus ¡todos los días! O sea, que te esperes, que estamos llenos, que te pongas a la sombrita, que tengas paciencia.

Un estudio científico (me lo han mandado por el güassáp) dice que  si coges el coche,  te acercas al Primark de Huelva, entras, compras, y después te pasas por el Bonilla y te tomas una tapita de ensaladilla rusa, tu comadre todavía no ha entrado en él de Sevilla.

Pero claro, los sevillanos, que pa eso los sevillanos somos sevillanos, no podíamos ser menos. ¿Qué en Jerez hay un Primark? ¿Y en Huelva? ¿Y aquí no? ¡Eso no puede ser! ¡Dos Primá! Uno inaugurao y otro a puntito de abrirse.

Yo no conozco esta tienda, mi hija si. No la de Sevilla, que todavía no ha ido,  la de Madrid, y me ha dicho eso de hay unos calcetines monísimos y baratos. A ver cuando abren uno cerquita. Pero creo que se va a esperar unas semanas hasta que se termine la novedad si es que se termina.

Bueno, que ya somos normales. Tenemos un Ikea, un acuario, dos Factoris, un Costco, un montón de Macdonals, Burgequines, KFCs  y encima, pa eso los sevillanos somos sevillanos y nos gusta más una cola y una bulla que a un perro de aguas un charco, un Primá.

Enga, a ver si luego tengo tiempo y me acerco por la torre Pelli a recoger a mi mujer y mi hija. Porque ellas, ambas dos, solas, sin prisas, hoy, precisamente hoy,  se han acercado a “curiosear”. Vamos  a mirar cosas de mujeres, pensado en los Reyes Magos; que me hacen falta pijamas; mira que chaleco más mono pa tu hermano; esta falda seguro que te queda bien; mamá el fulá que te gusta; huy que chulas las servilletas, ….

Yo les he encargado que me miren las reflex, pero mi hija me ha dicho eso de !que pesaito!. Bueno, tendré paciencia, ya caerá.

Y ahora, para adornar un poco este tocho, un vídeo del El Niño del Ukelele. Este cuenta esta historia mejor que yo. Por lo menos sabe tocar una guitarra chiquitita y cantar.








viernes, 25 de mayo de 2018

El yamur de la Giralda


Seguramente, algunos habréis estado en el Palacio de Congresos y Exposiciones de Sevilla, conocido por FIBES (Feria Iberoamericana de Sevilla), o por lo menos os suena de algo. No voy a hablar de él porque no toca, solo de su cúpula central y las bolas que tiene en todo los alto. Os paso una foto hecha desde lejos con el teléfono. A lo mejor no ha salido muy bien pero si tuviera una réflex con un objetivo de 70-300 mm, por ejemplo, la cosa cambiaria. De momento me apaño con el móvil.



Y esas bolas ¿Qué son? Y ¿Qué representan? Pues nada, a contar una historia de las mías y encima real. Las bolas, esferas o manzanas, representa el antiguo yamur de la Giralda, tal como suena. Y ¿Qué era el yamur de la Giralda? Una pequeña narración.

La torre campanario de la Catedral hispalense era, originalmente, el alminar de la mezquita principal de Isbiliyya, que es como llamaban a Sevilla en tiempos de los almohades. El alminar servía, entre otras cosas, para que el almuédano o almuecín llamara a la oración a los fieles de la época. Más o menos decía a voces: ¡a mirar a la Meca y a rezar! ¡Que es la hora!

La mando construir el califa Abu Yaqub Yusuf y la empezó el alarife Ahmad ben Basso. Lo continuó otro arquitecto, Ali Al-Gomari y también participó, más tarde, Abu-I-Layz. Bueno, muchos años se tardó en construir, pero al final se terminó, tampoco es cuestión de explayarme mucho. Ahora una imagen prestada de interné.



¿Veis la imagen de la izquierda? ¿Las bolas de arriba? Eso era el yamur que coronaba la torre. En un terremoto acaecido allá por el año 1365 se fueron a tomar viento las bolas y la “turri fortissima” se quedó un poco mocha. Pero nada, que llegó el cordobés Hernán Ruiz, en el siglo XVI, y le hizo el remate con que la vemos hoy en día.

Y ahora, curiosidades:

Como bien sabéis, en todo lo alto se encuentra El Giraldillo, una figura metálica que se supone representa la Fe y sirve como veleta y pararrayos. Es fácil adivinar que  Giralda viene de Giraldillo. Somos originales ¿a qué si? Y Giraldillo, que gira, es sinónimo de veleta. Y pesa un taco, mil doscientos kilos.

Para subir no hay escalones, treinta y cinco rampas nos ayudan a que sea llevadera su ascensión. Esto es porque el califa Abu Yaqub Yusuf quiso poder subir montado en su caballo a lo más alto. Caprichoso o que andaba regular con la artrosis, quién sabe.

A pesar de tener una altura de 104 metros, los cimientos están metidos en el suelo sevillano unos ocho metros. ¡Qué bueno eran los albañiles de aquella época!

Hay muchas réplicas por el mundo, pero la más parecida, y en la que se inspiraron, es la Kutubia de Marrakesh.

Y desde arriba del todo se ve una de las mejores vista de Sevilla, eso me han dicho, porque yo nunca he subido a la Giralda, como buen sevillano. Ya lo sé, suena raro y encima cuando por ser residente en la Diócesis de Sevilla, me sale gratis. Prometo que en los próximos días me pego una escapada en el bus y me encaramo al campanario para hacer unas cuantas fotitos con mi teléfono, no tengo más remedio.

Pero vamos, que yo quería contar lo de las bolas del Palacio de Exposiciones y Congresos, lo del pequeño homenaje al yamur de la Giralda, y poca cosa más.

¡Ah! se me olvidaba, la Giralda es una Torre, lo que hay en París es un andamio.



martes, 22 de mayo de 2018

Salidas extraordinarias, o no, que también puede ser.



Resulta, que un servidor, como buen sevillano, de adopción pero buen sevillano, cada Semana Santa hago una entrada sobre la semana grande de esta vuestra ciudad. Siempre intento reflejar mis vivencias en cuestiones cofrades dentro de mi medioagnosticismo. Lo he vivido desde chiquitito y de grandecito. De eso se ha encargado mi señora esposa que es tela de entendida en la materia, pero tela tela. Y disfruta mucho de esos días. Yo, bueno, yo la acompaño, vamos a dejarlo ahí. Pero la Semana Santa sevillana es mucho más de lo que se ve por la tele. Dura 365 días, aunque parezca mentira. Las reglas de las hermandades, entre otras normas de obligado cumplimiento entre los hermanos, recogen por el ejemplo, ayudar a los necesitados, a los enfermos, a las personas mayores, a personas en peligro de exclusión, a niños vulnerables y un largo etcétera. Esta labor pasa inadvertida, pero es una realidad y sus frutos, la mayoría de las veces en silencio y lejos de los grandes medios de comunicación.

Vale, ya me estoy enrollando. Resulta que ustedes no habéis podido venir esos días grandes porque ¿trabajasteis en el turno de noche igual que yo? No pasa nada. ¿Qué estabais en la playa? No pasa nada. ¿Qué teníais otros planes? No pasa nada. ¿Qué andabais cortito de money en esa fecha? No pasa nada. ¿Qué os perdisteis los nosecuantos pasos con sus nazarenos, acompañantes, acólitos, penitentes, bandas de música y demás cortejos? No pasa nada, ¡Ah! ¿Qué pensabais venir un fin de semana normal? No pasa nada, para eso está Sevilla,  para que tengáis  la oportunidad de ver una cofradía por la calle.

Tal como suena. Resulta que no hay un fin de semana que no tengamos una procesión por nuestra calles. Donde menos te lo esperes, de sopetón. Y nada de Cruces de Mayo, que para eso estamos en el mes de las flores, no,  multitud de motivos, rogativas o cualquier cuestión que se nos ocurra, pero el caso es que no hay fin de semana que no tengamos una procesión. Eso si, todas las salidas extraordinarias están convenientemente autorizadas por las autoridades eclesiásticas sitas en el Palacio Arzobispal.  ¿Qué somos jartibles lo sevillanos? Somos lo siguiente. ¡Y qué nos gusta una banda de música tocando marchas procesionales!.

Bueno, pero también nos reímos de nosotros. Y nos justificamos para sacar un paso a la calle. Y las escusas son…

Nada, como muestra un video de “El Palermasso” una webserie del actor Antonio Garrido, que es un capillita de pro pero que sabe darle ese puntito de humor a la Semana Santa. Porque los sevillanos, los buenos sevillanos, sabemos reírnos de nosotros mismo, si no cualquiera nos aguantaría. Aquí va el video:
  


Otra cosa, he calculado el turno que me toca la Semana Santa de 2019 y, para variar me toca de noche. Si es que no tengo arreglo.



sábado, 12 de mayo de 2018

San Pancracio



-Pero ¿Cómo quieres que te vaya bien el negocio? ¿Tú has visto el San Pancracio que tienes? Lo primero es que lo tienes escondido. Hay que ponerlo en alto, que se vea desde todo el local. ¿Detrás del monitor? ¿Al lado del ruter? Y esa cara, si en vez del Santo Patrón de la salud y el trabajo parece una geisha del país del sol naciente. ¿Y dónde está el perejil? Si eso es un resto de jaramago que ha traído el viento de levante. Y la moneda ¿cinco duros con agujerito? Y el tesafil  ¿pa que es? Esto ya es de un cutrerismo total. Después te quejaras que la gente no te entra en el local. Seguro que no te sabes la oración esa que dice: “Señor, Padre mío y lleno de bondad, me dirijo a Ti en este momento en busca de tu ayuda y guía divina para que pueda yo encontrar un empleo digno y adecuado según los dones con que me has capacitado”



-¡Mira! Déjame ya tranquila y pídeme lo que tu mujer te ha encargado que hoy vienes con ganas de guasita. El San Pancracio me lo han regalado, que si lo compras o chorizeas no  surte efecto. El perejil no tengo tiempo de acercarme a la frutería para que me den un manojito fresco. Los cinco duros los tengo puesto con tesafil porque se caen y encima la gente se lo llevan por la cara, con alevosía y disimulo. ¿Qué si le rezo para pedir trabajo? Me lo estoy currando yo solita, que después de cuatro años de carrera de enfermería ahora empiezo el EIR. ¿Tú sabes lo que es estudiar y trabajar al mismo tiempo en la tienda? Para santos estoy yo. Y no me quejo de la gente que entra en el local, me quejo del poco tiempo que tengo para mí. Que  la tienda de mis padres va bien, con la ayuda de mi hermana y la mía. Venga, a ver qué quieres, que tienes cuatro personas detrás esperando que pidas. Otra cosa, a tu mujer le voy a regalar una figurita de San Judas Tadeo, el patrón de los casos imposibles, porque eso es lo que tiene tu mujer contigo, un caso imposible.


Hecho acaecido en una tienda de mi barrio, tal día como hoy, festividad de San Pancracio.



martes, 20 de junio de 2017

El Druida


Po que hace unas semanas acompañé a mi hijo a reparar una plancha de la ropa que se le ha escacharrao a la novia. Parece que el principio del texto es un poco raro pero resulta que en un barrio sevillano, hay la mejor tienda para arreglar estos artilugios que desprenden mucho calor y te dejan la espalda molida. Esto último me lo ha contado mi señora, es que yo soy un negado para el uso de estos cachivaches y mientras pueda seguiré siéndolo, es que me dan yuyu.  

Bueno, pues que mientras mi churumbel el mayor debatía con el encargado de la tienda sobre válvula antirretorno, balastro electrónico, calderín de presión, juntas tóricas y otras lindezas por el estilo, yo me salí a la calle a estirar las piernas. Un pequeño inciso: con la Ley antitabaco no puedo decir que iba a fumarme un cigarrito. Que si, que lo estoy dejando, poco a poco, pero lo estoy dejando; tengo la réflex punto de mira y voy a conseguir las dos cosas, dejar el tabaco y la cámara de fotos. Ya me estoy enrollando, será la caló.

Ya se me iba a olvidar lo más importante, el barrio. Se trata del Cerro del Águila, el Cerro, como lo conocemos los sevillanos. Es un barrio que tiene un carácter y una personalidad propia. La mayoría de las viviendas son autoconstruida lo que le da esa manera de ser tan peculiar. ¿Y de arte? De arte tela, hasta para ponerle nombre a los negocios. Como he dicho, mientras estaba estirando las piernas me encontré con esto:

Foto con el móvil, de momento. Recomendado ampliar


Yo no soy mucho de medicina alternativa, ni de homeopatía que no me ha hecho nada, ni de hierbas que … vamos a dejar lo de las  yerbas, pero una cosa tengo clara, a saber:

La próxima vez que me dé uno de mis queridísimos cólicos nefríticos y necesite ese brebaje a base de herbensurina que me recomendó un supuesto amigo y supuesto experto en la materia, ya se donde tengo que dirigir mis pasos. No es por , es simplemente por conocer a un discípulo del gran Panoramix. De camino le pediré un chupito de la poción mágica que le daba fuerza a los galos, si cuela, claro.

Aunque por otro lado, como mi queridísimo y eficiente médico de cabecera me recomendó, mi mujer está de testigo, que para echar las piedras renales por los conductos reglamentarios lo mejor que hay es una bebida rubia, fría, con un dedo de espuma y en vaso fino, le haré caso. Seguro que al lado de la tienda de El Druida hay otro tipo de locales donde disfrutar de la medicina tradicional y autentica.

Lo único que me mosquea es que justo al lado lo que hay es una sucursal de una empresa aseguradora especialista en decesos. No sé, será por si acaso.