Según el almanaque chiquitito que tenemos con un imán en la
puerta del frigorífico, ayer fue el santo de Micaela. A ver, quince de junio
Santa María Micaela. Bueno ¿y qué? pues nada, una chuchería para gatas y a otra
cosa, que nosotros no somos de celebrar santorales en él día que nos dice el
calendario.
El mío vale, solo hay un San Carlos, el Borromeo, el patrón
de la banca. El de mi señora esposa también vale, solo un nombre se celebra el once de Febrero. Pero ¿y el de
los niños? Eso es otra historia.
El de mi churumbel el mayor no nos venía bien celebrarlo el
día señalado y lo cambiamos a otra fecha más acorde con la distancia entre su
cumpleaños, las notas del cole, las vacaciones, las navidades y otras fechas
por el estilo. ¿El veinte de abril? Vale, buen día, adjudicado.
El de mi princesa fue más curioso. Como se llama igual que la
patrona de un convento de clausura que hay en la sevillana calle de Santa Paula
desde el siglo XV, decidí llamar a ver cuándo celebrar su onomástica.
Concretamente llamé un veintiséis de enero. Y ¿Qué me dijo la hermana que me
atendió por teléfono? “Precisamente hoy celebramos la advocación de Nuestra
Señora de Santa…”
Prometo por mis ilustres antepasados que esto último es
cierto, de casualidad pero acerté de lleno.
Cuando se lo comenté a mi señora esposa, madre de mi
churumbel el mayor y de mi princesa, dijo eso de
—¿El veintiséis de enero? No nos viene bien, el cinco de mayo
es mejor fecha.
Y ahora juro por los antepasados mencionados anteriormente
que eso también es cierto.
¿Todo esto a que venía? ¡Ah!, es verdad, Micaela.
Pues que hoy se ha levantado flamenca. Será consecuencia del
confinamiento y de estar tantos días siendo el centro de atención. Digo yo, no
sé, el caso es que ahora pasa más tiempo sola en casa. Pero hoy estoy yo solito
con ella. ¿Y qué hace? la puñeta, provocarme, no dejarme tranquilito que falta
me hace. Pero no se pone mimosa, ni cariñosa, ni amorosa, no, se pone en modo
gata alfa dueña y señora de sus dominios. Claro, como no están “las otras dos”,
yo soy el que tiene que jugar con ella, el que le tiene que dar de comer cuando
ella quiera, el que le tiene que cambiar la arena donde hace sus necesidades,
el que…
Ahora se ha quedado tranquilita. Lleva una hora en su mirador
particular. Y durante ese tiempo…
Dos tórtolas se han acercado cortejándose aéreamente a la
ventana.
Una paloma se ha posado en el aire acondicionado para marcar
territorio a base de depositar sibilinamente una muestra de la cena de anoche.
Dos cotorras argentinas, o de Kramer que no sé distinguirlas,
han formado un escándalo a base de gritos que parecían una manifestación de las
no autorizadas.
Un gorrión se ha acercado pero al verla, listo que son
estos pájaros, ha dado medía vuelta y se
ha buscado otro lugar más adecuado.
Y yo, sentando frente al ordenador, con un ojo en la pantalla
y otro en Micaela, deseando que lleguen las féminas de la casa que faltan para
poder ponerme a contar batallitas.











