domingo, 10 de octubre de 2010

El gallo del callejón


Salíamos del colegio correteando, deseosos de llegar a casa para disfrutar de la merienda, la mayoría de las veces pan con chocolate. Chocolate del bueno, el de las onzas envueltas en papel de orillo.
En un pueblo todas las cosas están cerca, el colegio, la iglesia, el ayuntamiento, la plaza de abasto, tu casa, hasta el campo está cerca. Pero los críos disfrutábamos de esta cercanía, dando rodeos para seguir con nuestros juegos y aventuras. 

De camino a casa cogíamos por el callejón de atrás de nuestra calle. Un callejón a donde daban las puertas traseras de los hogares, por donde, no hacía mucho, entraban los animales de labranza para acceder al corral donde estaban las cuadras. En uno de estos corrales tenía un vecino un pequeño gallinero compuesto por una docena de gallinas y un espectacular gallo. Este último era nuestro objetivo diario. Gallo grande, de corral como dicen ahora, con una cresta inmensa, las plumas de la cola negras cono las noches de aquellos inviernos y el resto de plumas con todas las tonalidades de naranja, rojo y azules. Las patas nos parecían del mismo grosor que nuestros tobillos y los espolones eran como las navajas que nuestros abuelos usaban para cortar el pan y el tocino.

El juego era muy fácil. Nos acercábamos lentamente, disimulando, hasta la puerta, siempre abierta, del corral de nuestro vecino. Las gallinas solían salir al callejón a seguir picoteando por el empedrado. A pocos pasos aminorábamos la marcha y casi nos parábamos. En ese momento uno de nosotros empezaba a gritar y vocear y los demás esperábamos la salida de nuestro amigo. El  gallo salía como un toro del chiquero,  defendiendo su plumífero harén y nos perseguía con las alas abiertas y dando brincos intentando alcanzarnos con sus inmensos espolones. Corríamos más que él  y,  casi nunca conseguía su objetivo.

En una ocasión nos visitaron mis tíos que vivían en Madrid acompañados de mi primo. Para mí era una ilusión disfrutar de unos días con mi primo y escuchar embobado las cosas que me contaba de la capital de España.
Aquí no hay coches. En Madrid un montón. En Madrid se viaja en metro, por debajo de las calles. En Madrid las calles son muy anchas. En Madrid hay muchos autobuses. En Madrid las plazas son muy grandes y tenemos la Puerta del Sol. En Madrid tenemos el mejor equipo de futbol de Europa. En mi colegio en Madrid tenemos un uniforme con jersey gris y pantalones cortos hasta las rodillas. En Madrid……

Al principio de daba envidia. Me hacía ilusión imaginarme la capital del reino que solo veía por la tele. Así durante dos o tres días, hasta que empezó a cansarme, no sus historias, sino la forma y la reiteración de que en Madrid……. Ya estaba harto de tanto Madrid y de que aquí….

El día que se marchaban, mis tíos lo dejaron que se viniera a jugar por el pueblo con mis amigos. Después del juego regresamos los dos solos a casa y, mira tú por donde, no se me ocurre otra cosa que tirar por el callejón de atrás. El seguía presumiendo con sus historias y llegado a un punto concreto de la estrecha calle, me paré y, a voz en grito le dije:

PRIMO, ¿TU SABES CORRER?
¿Por qué?

 Al final de la calle me volví y vi a mi pobre primo con el miedo en la cara, intentando separarse de los espolones y los picotazos de un gallo, que como digo era casi del mismo tamaño que nosotros y que por fin había conseguido una presa fácil. Como pudo se escapó de su atacante y corrió sollozando hacia donde yo lo esperaba   aguantándome la risa.

En casa, mientras mi madre y mi tía le curaban las heridas, yo con cara de inocente le pregunté.

Primo ¿en Madrid no tenéis gallos por la calles?


domingo, 3 de octubre de 2010

El cólico nefrítico

Cólico nefrítico, oigan, cólico nefrítico. Sabéis lo que es, ¿verdad?, menos mal, de esta forma no tengo que explicarlo. Bueno, po eso, que he tenido unos diez más o menos. Los peores el primero y el último. El primero, porque no sabía lo que era hasta que llegó el médico de guardia y me puso el pinchazo mágico después de las   explicaciones. De esto hace veintitantos años. Posteriormente he expulsado los oportunos cálculo o piedra del riñón como decimos por aquí. Nada, esto sin problema, una sensación extraña, pero salen sin problema, por lo menos para mí.

Ahora, el último, el último ha sido de los buenos, tela de bueno. Empezó con el resquemorcillo en los riñones, poquito a poco. Como uno ya tiene experiencia se prepara un poco. Bañera con agua calentita y a relajarte, que ya has pasado por esto en varias ocasiones y sabes de lo que va. Pero nada. El dolor en aumento. De la bañera a la cama, a tumbarte que así duele menos. Te tomas una pastilla que dicen que es muy buena para los dolores, pero nada, estos siguen en aumento. Ahora en los riñones, ahora en la barriga, ahora en los riñones, ahora te vuelves a retorcer, ahora te estiras, ahora te duele más todavía, ahora sigue en aumento.
Mi mujer no puede más y, como ve que las pastillas no hacen el efecto que tiene que hacer, llama al médico de urgencia.

En estos momentos estamos saturados y no tenemos visita domiciliaria. Si lo prefiere le mandamos una ambulancia.

Imposible. No puedo estar estirado, ni puedo estar doblado. ¿Cómo me bajan del octavo hasta la ambulancia? En una “sillita”. Que no, que me espero, que esto  se pasará. El puñetero dolor en aumento. La experiencia en los anteriores no te sirve para nada. Este es más fuerte.
No sé cómo aguanté. Creo que fueron dos horas de sufrimiento. Estuve a punto de desmayarme. No exagero nada. Y las pastillas sin hacer efecto.
Cuando la cosa mejoró un poco, solo un poco, conseguí incorporarme y acercarme al Centro de Salud. Suerte que está a dos manzanas.

¿Cómo sabe usted que es un cólico nefrítico?
¡Porque no es el primero!

Vale, toquecito con el canto de la mano en los riñones y a ponerte la inyección en la sala de curas.
Por fin entra el enfermero. Yo, como es lógico, estaba preparado y deseando sentir el pinchazo de la aguja.

Pues yo tengo un cuñado que cuando le dan los cólicos se pega chocazos contra la pared.
Mira gilipollas (con la excusa del dolor uno se puede permitir insultos y otras palabras mal sonantes) ¿tú que crees que hago con los pantalones por los tobillos, el culo al aire, agarrado con mis pocas fuerzas a la cama y en esta postura tan indecorosa? ¿Proponerte algo, so mamón? ¡Que me pongas el pinchazo!
Es que me parece que no tengo Buscapina.
Me via cagá en to tus mulas. ¡Que me pongas ya lo que sea!

Menos mal que tenía el medicamento milagroso. Mano de santo, oiga, mano de santo.
Al poco tiempo hizo el efecto y desapareció el dolor. Con mi esposa me dirigí de nuevo a la consulta del médico para recibir las   recomendaciones.

Ya está doctor, ya no me duele, el dolor se fue. Muchísimas gracias y ahora no se preocupe que beberé mucha agua.
También puedes beber cerveza que está más buena y es muy diurética.

Tengo a mi mujer como testigo de esta recomendación del doctor. Os juro que estaba a mi lado y escuchó la frase. Que no me la he inventado.

Enormemente agradecido a tan insigne doctor abandonamos el centro de salud paseando plácidamente hacia casa. Yo no dije ni una palabra, fue mi mujer la que se atrevió a comentar: te diré una cosa, la farmacia es aquel local con una cruz verde en la puerta y no el local que tiene un muñequito gordito, vestido de rojo y con una jarra en la mano, así que cruza la calle y vamos para casa.

Y ahora, queridos amigos, me marcho a comprar el pan y de camino me pasaré por la “farmacia de guardia” a tomarme una pequeña dosis de medicina, pero eso sí, con moderación.

viernes, 1 de octubre de 2010

Carta a la Señora Ministra

Excma. Sra. Ministra Doña Bibiana Aido Almagro
Ministerio de Igualdad


Excelentísima Ministra:

Este humilde bodeguero, sin ánimos de ofender, se dirige a usted con el objeto de pedirle tenga a bien promover una nueva ley o reglamento o lo que ustedes, los iluminados ministros y iluminadas ministras hacen para el bien común de hombres y mujeres.

La solicitud de este reglamento, o ley a ser posible, es terminar de una vez por todas con  la discriminación que venimos sufriendo las personas del sexo masculino con respecto a los nombres con que designan a nuestra queridas congéneres del sexo opuesto a nosotros. Estas denominaciones o nombres con que nuestros procreadores nos inscriben, da pié a discriminación hacia los hombres y, por supuesto, a las mujeres. Si me lo permite paso a ponerle unos cuantos ejemplos.

Hay infinidad de mujeres que se llaman:

Consuelo .....................................   EL consuelo
Dolores .......................................   LOS dolores
Rosario .......................................   EL rosario
Pilar ............................................   EL pilar
Reyes ..........................................   LOS reyes
Rocío ..........................................   EL rocío
José (por lo de María José) .........   SAN José

Habrá notado que el artículo es masculino, lo que puede crear confusión y a la larga un pequeño trauma entre las féminas que tiene un nombre de varón pero que se consideran mas hembras que nuestra antigua madre EVA.

Seguro que existen muchos más ejemplos de nombres varoniles que constan en los carné de identidad femeninos, seguro que las personas que lean esta carta pueden aportar más y mejores ejemplos.

Por favor estimada Ministra, tome nota de esta carta y disponga para que sus asesoras y asesores,solucionen el tremendo problema y evite traumas para futuras generaciones.
Los hombres estamos orgullosos de  llamarnos de forma masculinas y nos gusta llamar a las mujeres de forma femenina.

Mis amigos de mili (yo soy de los antiguos, digaselo usted a su colega Carma Chacón) José Dolores y José Pilar están totalmente de acuerdo con este su servidor. Como usted se imaginará y, seguramente sabrá, a José Dolores le llamábamos "corneta", por el instrumento que tocaba en la banda, y a José Pilar le llamábamos "trespi" por un atributo masculino que tenía.

Sin animo de molestarle, y esperando tenga en consideración este escrito, se despide de usted muy agradecido.

Un Servidor de Usted.

lunes, 27 de septiembre de 2010

El sindicalista




En estos días, que no se habla de otra cosa que de huelgas, sindicatos, parados, manifestaciones, servicios mínimos, etc. me acuerdo de Antonio Lora. A este buen hombre le toco vivir la época dura de los sindicatos clandestinos, la época de hambre entre los trabajadores y la época donde los derechos laborales, sencillamente, no existían. Me refiero a los años 50, 60, 70 y 80. Estuvo en los calabozos de la comisaría, él y los dirigentes, que luego más tarde, con la democracia aparecían en todos los periódicos y en primera plana. Cuando se aproximaba la fiesta del trabajo, que por aquella época se celebraba el día de San José Obrero, la policía iban a buscarlo a su casa de la calle Matahacas. Hablaban con su mujer, mira Reyes que si lo vemos tenemos que llevárnoslo unos días. Lógicamente él ya estaba preparado y escondido en casa de familiares.  Le tocó el camino de la inmigración por no encontrar trabajo. Por lo visto según dicen, existían unas listas negras y ninguna empresa contrataba a estos trabajadores problemáticos. Una vez normalizada la situación política en España regresó con su familia y siguió en su lucha obrera. Como soldador de los Astilleros de Sevilla le toco vivir la reconversión naval y ver como esa empresa por la que tanto había luchado, poco a poco se desmoronaba. Siguió en su  lucha, hasta su jubilación, incluso después. Los trabajadores seguían visitándolo, ya que vivía entonces en una  pequeña barriada para empleados y obreros de Astilleros  que ha existido hasta hace poco junto a la entrada de la factoría sevillana. Seguían preguntándole y solicitando su ayuda, aunque el ya no tenía fuerzas, pero si ganas y la misma ilusión. Siempre defendiendo la lucha y los derechos de los trabajadores.

Y lo curioso es que no era comunista, ni socialista, ni anarquista. Mientras su cuerpo se lo permitió, no dejó de estar el 15 de Agosto viendo a su Virgen de los Reyes. Se casó por la Iglesia y bautizo a todos sus hijos, incluso los nacidos en Francia.
Cuando falleció hace unos años, en el tanatorio le pregunté a mi suegro, que no lo he dicho pero era su cuñado y compañero,  Paco, ¿Dónde están los compañeros de lucha de Antonio? ¿Dónde están los líderes y cabecillas del sindicato por los que el tanto ha batallado? ¿Nadie se acuerda de él? Mi suegro me miró con lágrimas en los ojos y no pudo responderme. Me respondió mi mujer que estaba a su lado: Aquí estamos los que siempre hemos estado de verdad, su familia.

He escogido esta foto para ilustrar la entrada por lo curioso de la situación. Son dos nazarenos de la Hermandad del Calvario que procesiona en Sevilla en la “Madrugá”. Para los que no lo sepan, la Hermandad del Calvario es una de las más “serias” con las que cuenta esta bendita ciudad. Hermandad de silencio, recogimiento y penitencia. La foto está tomada en el compás del convento de Santa Paula al amanecer del Viernes Santo, después de haber realizado su estación de penitencia estos dos nazarenos.
El de la izquierda es mi querido suegro Paco, Paquito como a él le gusta que le digan, y el descalzo nazareno de la derecha es D. Antonio Lora, eterno luchador por los derechos de los trabajadores.

sábado, 25 de septiembre de 2010

El conductor

Día de asuntos propios en el trabajo. Que conste que trabajo en una empresa privada como humilde y eficaz currito.

Po eso, día libre y a sorprender a mi gente. ¿Qué os parece si mañana nos acercamos a San Nicolás del Puerto, nos bañamos en la playa y visitamos el nacimiento del Huesnar? ¡Vale papá aviso a mis amigas para que se vengan! Mi hijo, como casi siempre, Papá yo no voy, me quedo en casa, con mi hermana y sus amigas me aburro. Vale tío, tú te quedas pero cuida del gato.

Y salimos tempranito para aprovechar el tiempo. Mi mujer, mi hija y dos amigas de esta. Para presumir de serrano, campero, cateto, pueblerino, les hice un recorrido turístico por las carreteras de la sierra. Llegamos a Lora del Rio a la hora del desayuno. En este sitio se tiene que comer bien, hay un par de camiones aparcados. Restaurante a la entrada del pueblo, grande, limpio y con muy poca gente. Señor camarero ¿nos podría poner tres batidos de chocolate, un café con leche, un café solo para mí y cuatro tostadas con mantequilla y jamón? Ahora mismo caballero, siéntense que se lo servimos al instante. Efectivamente, al instante, tres batidos de chocolate, una café con leche, un café solo y TRES tostadas. Je je Naranjito, te pareces a tu padre que siempre era el último al que servían. Los genes, esposa, los genes. Escucho a lo lejos la voz del camarero: Niña no cierres la cocina que llega un autobús de turistas. ¿Un autobús de turistas?, un autobús llenos de chavalería vestidos de Boys Scouts. Mi tostada sin llegar. Los niños y niñas correteando por el restaurante. Los monitores en la barra desayunando. Papá ¿y tú tostada?, espera hija, preguntaré. Me levanto, me acerco a la barra. El camarero me ve llegar y me pregunta ¿la cuenta?, si, la cuenta, pero antes dame de desayunar que el café solo para mí ya está más frio que …. Me doy cuenta de la mirada del camarero, de reojo, hacia un señor orondo, con una camisa blanca impoluta, que disfruta de un peazo de tostá, sentado junto a los monitores de la excursión. Inmediatamente el camarero subsanó su error y me puso la esperada tostada. El autobús se marchó, llevándose consigo a los niños, los monitores y, conduciendo, un señor orondo con una camisa impoluta. Mis féminas: ¡Anda el chofer se ha comido tu tostada!. Venga, no recordármelo, vamos a seguir a ver si llegamos prontito.

Seguimos la ruta. Llegamos al fantástico pueblo de Constantina (tela, niña Lou). Día entre semana, ¿lo he dicho antes? Es verdad, lo he dicho, era un día de asuntos propios de los que tenía. Claro, día entre semana, en un pueblecito de la sierra, poco tráfico. ¿poco tráfico? ¡Y una leche!. Un atasco de los buenos, de los que se forman en Sevilla en el puente del V Centenario. El coche parado, por lo menos 15 minutos. En una calle empinada. El freno de mano subido a más no poder. La primera velocidad metida y la mano en la palanca de cambio, no se valla a salir. Ya cansado de no saber lo que pasaba, me bajo del coche y le pregunto a una buena mujer, que tranquilamente barría la puerta de su casa. Perdone señora, ¿sabe usted que es lo que pasa? No hijo, no tengo ni idea, pero está la policía municipal dirigiendo el tráfico. Al cabo de un rato nos ponemos en marcha y, en un cruce me encuentro con la policía. Hola buenos días, me dirijo a San Nicolás, ¿hay algún problema?  No, no pasa nada, es que un autobús se ha metido por donde no debía y se ha quedado parado en un cruce de calles.  Giro lentamente mi cabeza hacia la izquierda y observo un autobús, cargado con un motón de niños, varios monitores y un orondo conductor con una impoluta camisa.  Los comentarios y risas de mis acompañantes os los podéis imaginar. ¡él que se comió tu tostada! Así con este comentario y otros por el estilo, ¿quién me mandaría a mí hacer un viaje con cuatro mujeres con tanto cachondeito?, seguimos nuestra ruta por esas maravillosas carreteras llenas de paisajes.

Llegamos a San Nicolás del Puerto. Por fin. Estuvimos en la playa fluvial. Si, lo he dicho bien, a un motón de kilómetros del mar, en este pueblo de la Sierra Norte, existe una playa fluvial, con sus chiringuitos y todo. Fantástico día, agua fresquita, las niñas bañándose, mi esposa y yo en el chiringuito. Cervecita, sardinitas, sombrita,   una delicia. Papá vamos a ver las cascadas del Hueznar que nos han dicho que es una zona preciosa. Vale, preguntaré como se llega. Usted perdone, señor policía municipal como puedo llegar a las cascadas. Mire usted caballero, coja el coche y a unos tres kilómetros hay una entrada a un camino que lleva al camping. Aparque por ahí, ande un poquito y ya vera a la gente que sube a ver la caída de agua. Venga, carretera y manta de nuevo. A los tres kilómetros, más o menos, giro a la izquierda por el camino que me indicaron. Vi el cartel indicador del camping y enfilé mi coche por el sendero. ¿El sendero? El aparcamiento de la feria de Abril parecía. Coches a un lado y a otro, subidos en las pequeñas laderas del camino. Otra vez a preguntar. Olle ¿Qué me han dicho que por aquí podría dejar el coche para subir andando a las cascadas? Si a mí también me lo han dicho pero es que hay un autobús que quiere entrar en el camping No podía ser. Otra vez no. Pues sí, podía ser, un autobús vacío, un motón de niños y niñas, acompañados de monitores entrando en el camping, un orondo conductor con una camisa, ya no tan impoluta, intentando introducir el autobús por la pequeña puerta del camping. Cogí los bártulos, miré a mis acompañantes, no dije nada y emprendí la subida hacia las cascadas. Detrás de mí   escuche unas risitas y unos comentarios del tipo: Niñas callaros que le va a sentar mal la tostada que se tomó esta mañana.  

Vale, ya está. Las cascadas una preciosidad. Un paisaje inolvidable. Un agua cristalina, fría no, más todavía. Unas horas estupendas. Después nos marchamos a la Rivera del Hueznar para seguir bañándonos y disfrutar del bosque de galería que rodea este paisaje.

¿Vale? ¿Ya está? Que va, las historias del Naranjito no terminan de esta manera. Es mi sino.

Al día siguiente por la tarde, estando tranquilamente en casa, me llama mi mujer y mi hija, partiéndose de risas las puñeteras.
Papá, corre ven, que en la tele sale un amigo tuyo. Allí que voy yo corriendo, ilusionado. ¿Quién? ¿Dónde?

¿Dónde?, en Andalucía Directo. La reportera informando de una convención de Boys Scouts que anualmente visitan el camping de San Nicolás del Puerto.  A la espalda de la reportera un autobús, unos niños correteando y haciendo actividades y unos cuantos monitores intentando calmarle los nervios por salir en televisión.
¿Quién aparecía limpiando tranquilamente el autobús? Exactamente, un orondo conductor, esta vez sin la impoluta camisa.

Cari, ¿mañana quieres para desayunar una tostaita con jamón, o se la pongo a tu amigo conductor?

Perdonadme la entrada tan larga, pero como es la última de este verano os dejo tranquilos hasta el verano que viene, pero solo con los relatos veraniegos, que dentro de unos días os seguiré dando la lata.