lunes, 16 de agosto de 2010

¿Qué está pasando?

Ante todo pedir perdón. No sé qué está pasando. Ahora que me había embalado en esto de las bitácoras, en esto de leer e intentar escribir, va el blogger y me fastidia. Hay entradas, en los blogs que me gusta seguir, que no puedo ver, y eso que están convenientemente anunciadas. Me hacen comentarios en mis torpes escritos que misteriosamente se borran ellos solitos. Otros ni siquiera pueden hacerlos. Una queridísima lectora me mandó un correo preguntándome mis normas y mi contestación fue muy clara, creo, NINGUNAS.
Mi Asesor Informático me dijo: papá esto es un problema del servidor. El servidor que no sirve, me cachis en la mar. Y este servidor de ustedes intentando servir.
Hace unas semanas tuve un problema parecido con el gepeese del coche. No se hablaba conmigo. Se había enfadado y no me dirigía la palabra. Al final lo arregló quien os podéis imaginar, hicimos las paces y empezó de nuevo con su rollo de tome la segunda salida en la rotonda. Por cierto, la forma de arreglarlo fue muy sencilla: mi hijo amenazó con hacerle un lavado de cerebro e introducirle los recuerdo y conocimientos de otra familia más ilustre en eso de calles y carreteras.
De momento lo del blog es distinto. He buscado por todas las opciones. He mirado por todos los sitios donde puedo mirar en las entrañas de este misterio, y nada que no encuentro una explicación posible.
Os ruego que me disculpéis sin no contesto, si no os comento vuestras cosas y, sobre todo, si no leo lo que dejáis a mi disposición.
También os pido perdón si no podéis hacerme los comentarios que tanto me ayudan. Sé que estáis ahí y os lo agradezco.
Espero que sea pasajero y que el servidor que no sirve deje de estar de rodríguez y permita a este humilde bloguero seguir disfrutando.
Lo dicho, gracias y perdón a todos.

viernes, 13 de agosto de 2010

La algarabía

La matraca de la Giralda dejó su triste sonido para otra fecha más propicia. Sin embargo, sus veinticinco hermanastras tañían con fuerza, impulsadas por invisibles monaguillos. Este replique contagió a las vecinas campanas de la iglesia de El Salvador, que a su vez, hicieron lo propio con Santa Catalina y la solitaria San Román.
Los toldos de las calles del centro arrojaban mas sombra al empedrado para disfrute de los paseantes. En los patios, el frescor emanaba de los azulejos, y las plantas que ayudaban a soportar mejor el tórrido verano, mostraban todo su verde esplendor. El sonido de las fuentes sonaba aún más a música renacentista para complacer a los oídos.
En los mercados de abasto, pescaderos, fruteros y todo una amplia gama de tenderos mostraban sus mejores mercancías, que anunciaban a voz en grito.
Los empleados de los restaurantes, bares y tascas, preparaban las aceras, las refrescaban y llenaban de veladores con inmensas sombrillas a la espera de tan magno acontecimiento.
En los caminos, atajos y veredas, los carruajes aminoraban su paso. Incluso, hay quien dice, que el la lejana Shangai, el Galeón Andalucía se dispuso a largar velas para regresar al Puerto de Indias, de donde partió hace muchas jornadas, para recibir aquella visita que se quedó pendiente.
También en el puerto de Palos, calafatearon las tres carabelas, achicaron el poco agua de las sentinas y tuvieron presto el ancla para izarla cuando llegase el momento.
En el cielo, el implacable Lorenzo se dispuso a aflojar un poco su ira, mientras que la Luna timidamente, comenzaba a mostrar la plenitud de su luz, dejando que las Perseidas derramaran sus lágrimas de alegría.
En la mar, el viejo Eólo, condenó a un leve arresto domiciliario a sus sobrinos Levante y Poniente. Su compadre Neptuno, alegrado por este castigo, dejó que las aguas remansaran plácidas y tranquilas en la orilla y los acantilados.
Algo mas al norte, en la rivera del Hueznar, nutrias y gatos monteses salían con sus crías de las guaridas veraniegas, mientras, en el río, barbos, carpas, tortugas y todos sus fluviales habitantes se embelesaban con el alboroto del cántico de las ranas, esperando la prometida visita.
En sus rincones secretos, los poetas jugaban a perseguir a las musas para que estas, una vez atrapadas, pagaran la prenda del juego y le inspiraran esas palabras con las que llegar al corazón de él.
Solo él sabia el porqué de esta algarabía. Se sentía feliz del alborto de la gente, aunque había hecho un pacto, un juramento, el de, a pesar de todo, seguir visitando esos otros lugares mágicos que había conocido en meses anteriores.
Mañana es el día, mañana comienzan unas tres semanas distintas, la cuarta deberá esperar al solsticio de invierno.

No sabía como decirlo, no sabia como mostrar mi alegría, pero, mis queridos amigos y encantadoras amigas, MAÑANA EMPIEZO MIS VACACIONES.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Lo de la mosca

En mi "curro", hace tiempo, tuvieron a bien subirme de categoría. Bueno también por lo bueno que soy, mi profesionalidad, lo bien que hago mis tareas, por listo, por trabajador, por compañero, por involucrarme, etc. (perdonadme esto último es que no tengo abuela y soy bastante modesto).
Al principio de aquellos días de jefesillo, con los nervios lógicos de principiante en el carguillo, de vez en cuando, pero muy de vez en cuando, cometía errores. Inmediatamente se lo comunicaba a mi jefe para solucionarlos sobre la marcha, que es como se solucionan los errores, sobre la marcha y del tirón.
Mi estimado y apreciado jefe (!ojú! esto último suena a peloteo) me dijo en una ocasión-

No te preocupes, esto solo es una cagá de mosca en un mapa.

Cuando salí del trabajo y sentado en mi coche, busqué mi viejo mapa de carreteras, lo desplegué completamente y empecé a reírme.
¿Que por que me reía?
Desplegar un mapa, de los grandes, de toda la península Ibérica.
¿Ya?, vale.
Ahora buscar la cagadita de la mosca entre ciudades, pueblos capitales, pedanías, etc.
Es dificil ?Eh?.

Que razón tenía el puñetero de mi jefe. Hay errores, equivocaciones a los que les damos mayor importancia de la que en realidad tienen. Y al final son solo eso, una mota, un puntito, una cagadita de mosca en la inmensidad infinita de un mapa.


martes, 10 de agosto de 2010

El pintor


Hace poco ayudé a mi hija a pintar su cuarto. La verdad es que el trabajo duro lo hizo ella. Escogió la pintura, el sistema de pintado, el día, en fin, ella se lo guisó y ella se lo pintó, yo me limité al trabajo sucio, es decir a mover y mover muebles.
Para eso es la que manda en su habitación, en su "my room". Bueno, la verdad es que manda en su madre, en su padre, en su hermano mayor, en su hermano pequeño el gato. ¿Que queréis? !Es una Mujer!.
Días mas tardes, en una frutería de la barriada Pineda, vió en las paredes el anuncio que acompaña a esta entrada y tuvo la ocurrencia de pasármela.

Mira papá, esto es un profesional, y encima limpio. !Y tiene un corrector ortográfico como el que tu andas buscando!. Aprende.

Es que es mi princesa, es muy graciosa y en el malaje sale a mí, según dice mi mujer.

viernes, 6 de agosto de 2010

Los miedos infantiles

Hace mucho tiempo, cuando en los pequeños pueblos de la sierra no había televisores, sin contar cinco o seis aparatos, el del alcalde, el del médico, uno en el cuartel de la Guardia Civil, otro en el bar de la piscina municipal y pocos mas, los vecinos tenia la suerte de contar con el Teleclub. Por unas pocas pesetas al mes disfrutaban de una cadena de televisión, la UHF tardaría años en llegar. Los fines de semana: el fútbol, los concursos, los periquitos, que algunos llamaban dibujos animados, los programas de música, las películas, en fin, toda una amplia programación que asombraba a pequeños y grandes.
El local no era muy grande, bien situado, junto a la plaza del pueblo, en pleno centro. El mobiliario os lo podéis imaginar, varias filas de sillas de enea mirando hacia la pared donde, en alto, sobre una estantería, estaba el televisor comunitario. En uno de los rincones una puerta daba al servicio de caballeros, no había de señoras ya que estas no solían visitar el local. En el techo un par de ventiladores para refrescar un poco el ambiente y al fondo una vieja mesa y una silla donde se sentaba Pepe el del Teleclub. Sobre la mesa unos cuantos paquetes de pipas, kikos, garbanzitos, gominolas y varios paquetes de tabaco abiertos para vender los cigarros sueltos. El bueno de Pepe, mutilado de guerra, aparte de llevar en una libreta el control de los cobros, le hacia la competencia al quiosco de chucherias que había en la plaza cercana.
En las primeras filas se sentaba la chiquilleria y según se alejaban aumentaba la edad de los espectadores.

Un verano, nuestra querida y única Televisión Española, emitió durante varios Sábados un ciclo dedicado a películas de miedo que es como llamaba la chavalería a el cine de terror. El ataque de las hormigas gigantes, El fantasma de la ópera, La momia, Drácula ....

El y su amigo Morgado, cuando terminaba la película, a eso de las once o doce de la noche, regresaban a sus casas comentando y jugando a los héroes o los villanos de las imágenes que acababan de ver. Las pocas calles hasta sus casas siempre estaban llenas de vecinos tomando el fresco sentados en las puertacasas. La única zona donde no había gente a esas horas, era junto a la iglesia.
Por esa zona, iluminada por pequeñas farolas en la fachada, cesaban un poco sus juegos, aligeraban el paso y buscaba la esquina de su calle.

Fue una noche veraniega, después de ver una de Drácula, con el escalofrío cogiéndolos por la espalda, cuando al pasar por la iglesia y sin saber porqué miraron hacia arriba.
Lo vieron salir del campanario. Volaba o planeaba en circulo sobre ellos. Los pequeños faroles iluminaba sus alas desde abajo dándole un color grisáceo blanquecino. Después de varias vueltas sobre sus cabezas, aquel ser maligno, lentamente y sin ruido, se perdió tras una tapia donde estaba el huerto de Pepelope.
El miedo los paralizó, se miraban y sin decir palabras se hablaban. No puede ser, Drácula tiene un traje negro y este es blanco. No puede ser, ha salido de la iglesia y Drácula no puede ver cruces ni pisar suelo sagrado. Se ha parado en el huerto de Pepelope, el viejo que nos persigues cuando cogemos membrillos de sus arboles. ¿Y si Pepelope por las noches se convierte en Drác....?
En aquel momento el miedo que les sujetaba las piernas los liberó durante un instante y aprovecharon para salir corriendo.

Su amigo Morgado fue el primero en llegar a su casa, el siguió corriendo, la suya era de las últimas de la calle. !Encima!. Su madre charlaba con las vecinas sentadas en sus mecedoras cuando, al pasar a su lado, no pudo dejar de escuchar la conversacion.

Ayer, Sebastian el sacristán, después de misa de ocho, me dijo lo de la lechuza.
¿Que lechuza?
¿No te has enterado Carmen?
No, ¿que pasa?
Pues nada hija, que una lechuza ha anidado en el techo del campanario y D. Manuel el cura quiere que la espante de allí, que dice que estos bichos se beben el aceite de las velas.

Se quedó en el zaguán escuchando a su madre y las vecinas. Su mente de crío no dejaba de pensar.

¿Una lechuza? ¿Seguro? ¿No era Drácula?. Sí que era Drácula pero en vez de murcielago, se convierte en lechuza. Seguro que era Drácula y Drácula es el viejo de Pepelope. Yo no le robaré mas membrillos de su huerto. De noche una lechuza y de día un viejo con un bastón que persigue a los niños que entramos en su huerto.

!Mamá! ¿Donde está papá?
Esta con los amigos, ahora viene, ¿por que Carlitos?
Por nada, porque me gusta que este en casa de noche conmigo.


Dedicado al Señor de los Ladrillos, D. Rafael