martes, 28 de agosto de 2012

Los guardeses


Su esposa contestó la llamada y rápidamente le consultó a él: -Oye, que dice mi tía que se va una temporada con mi prima y que si queremos pasar unas semanas en su casa… pero ¿qué haces con la maleta? –Llenarla, ¿Qué otra cosa voy a hacer? Dicho y hecho.

Aún no estaba de vacaciones pero la cosa prometía. Tendría que hacer unos cuantos kilómetros para ir al trabajo y, lo que era peor, pasar dos veces al día por el puente del V Centenario, con la mala leche que le daba la altura de dicho puente y la lata que da el pitido del GPS avisándole de los radares. Pero merecería la pena. ¡Y tanto que merecía  la pena!

La casa de la augusta tía de su santa esposa estaba situada en un pueblo del Aljarafe sevillano. Una casa antigua, con un jardín muy grande y con una piscina con el tamaño justo y necesario para reírse de los termómetros que nos martirizan a los sevillanos en nuestro “querido” verano. Después de las oportunas instrucciones (tienes que regar todos los días, no dejes entrar al gato dentro de la casa, la depuradora ponla a diario, recógeme las hojas secas de las plantas y baldea a menudo el patio y el jardín, utiliza el agua del pozo), tomaron posesión como fieles guardeses de este pequeño paraíso.

Las primeras semanas compaginaba el asueto con sus obligaciones laborales, pero una vez comenzadas sus vacaciones disfrutó como un cochino en un charco lleno de barro. Solo había una pequeña pega en este idílico lugar, no tenía conexión a interné. Pero tampoco era cuestión de cargar con su vieja torre, la pantalla, los altavoces y todos los armatostes conectados.

A la tía de su mujer se le acabaron las vacaciones y a él también. Regresó a su pequeño piso, le tocó limpieza general (para variar), comenzó a trabajar aunque por sus rancios músculos corría una pesada pereza invencible, y sentado junto al Kiyo, el mamoncete del gato que era el único que se alegró del regreso, se acordó.

Se acordó del perfume que desprendía el jazmín recién recogido con el que su mujer adornaba las habitaciones. Se acordó de como olían las damas de noche después de regarlas. Se acordó del canto de aquel gallo que en un corral cercano lo despertaba para disfrutar del día. Se acordó de los gorriones y de  los nidos de golondrinas que se quedarían vacíos porque sus moradoras preparaban su migración.  Se acordó de aquella noche, a una hora en la que  no había ni gatos en la calle, pudo ver, como cuando era un crío, las Lágrimas de San Lorenzo y pedirle a la lluvia de Perseidas unos cuantos  deseos. Se acordó de aquellas “visitas de familiares y amigos” que dieron para tantas historias.

Pero sobre todo se acordó de un compromiso adquirido allá por Mayo de año 2010. Ese mes, empezó con esto de los Blogs y conoció a un montón de personas que comparten vivencias. En su retiro veraniego echó de menos a todos y a cada uno de ellos y después de quitarle un poco el polvo a las mesas de La Bodeguita, se dispuso a disfrutar con esa buena gente que merece más atención por su parte.

Así que ya sabéis, habréis descansado estas largas semanas, pero ahora vuestra Bodeguita está abierta de nuevo y  este humilde bodeguero esta dispuesto a daros la brasa con sus historias y disfrutar de las vuestras.

jueves, 7 de junio de 2012

En el aparcamiento del hospital


Otra vez ando de mosqueo y, curiosamente, con organismos públicos y oficiales mantenidos con los impuestos que pagamos todos y cada uno de los sufridos contribuyentes. Al grano.

El pasado Diciembre mi mujer y yo acompañamos a mi augusta suegra a una revisión médica en el Hospital Virgen del Rocío de la capital hispalense. Dejé el coche en la primera planta del aparcamiento subterráneo junto a la puerta de los ascensores que nos llevan a la entrada principal del recinto hospitalario. La mala suerte, o un traspié, quiso que la madre de mi media naranja, justo antes de acceder al ascensor, se cayera de espalda con el consabido susto para todos. A esas horas, sobre las ocho de la mañana, tuvimos la suerte de que varios médicos y personal sanitario comenzaban su jornada laboral y, muy amablemente, atendieron a la accidentada que en un principio no tenía nada de gravedad; incluso ellos mismos se encargaron de avisar al servicio de urgencia para que nos mandaran una ambulancia. 

Tumbada sobre el parasol que utilizo en verano para proteger el interior de mi vehículo y tapada con una cazadora aguantó durante cuarenta y cinco minutos a que llegara la ambulancia. En todo momento el encargado de los aparcamientos, que a través de las cámaras de seguridad había sido testigo del suceso,  estuvo con nosotros ayudándonos  e incluso cuando termino todo, me retiro el ticket y  no me cobró el importe del parking.  Ni que decir tiene que   fueron innumerables las veces que me acerqué a recepción para reclamar y preguntar por la tardanza de la ambulancia, no me podía creer que estando a cien metros del servicio de urgencia no se acercase nadie con los medios adecuados para atender a una accidentada de ochenta y cuatro años. Cuando por fin llegó la ambulancia me enteré  que venían del Hospital Virgen Macarena, hospital que para las personas que no conozcan esta bendita ciudad les diré de pasada que está a unos diez kilómetros de distancia. Nada, que la subieron a traumatología, le hicieron todas las pruebas habidas y por haber y pocas horas después le dieron el alta hospitalaria. Afortunadamente no tenía ninguna lesión y “solamente” estuvo varios días con dolores en todo el cuerpo.

Ahora es donde viene mi mosqueo y no es precisamente por  los interminables minutos que estuvo la abuela de mis hijos tirada en el suelo junto a la puerta del ascensor. El mosqueo es por la siguiente carta recibida.

 Pulsar para ampliar

A ver Antoñito si me explico bien:

El Aparcamiento Puerta de Córdoba está justito debajo de la entrada principal al memorable Hospital Virgen del Rocío, donde  prestas tus servicios en la Unidad de Ingresos Económicos, ¿vale? Comprendo que con la crisis que tenemos y los recortes efectuados y por efectuar, tengas que buscar por donde sea el peculio para sufragar los gastos  de la asistencia facilitada. Comprendo que como mi suegra es pensionista y, de momento, tiene derecho a una atención sanitaria de calidad, que por otro lado la recibió y la sigue recibiendo, no puedes pasarle a ella la factura correspondiente. Comprendo que la compañía concesionaria del aparcamiento debe tener una póliza de seguro de responsabilidad civil, que no sé si cubre los tropezones que nos podemos pegar cuando andamos por un suelo completamente llano. Todo esto lo comprendo, pero, como trabajador de una empresa privada (y puntera en su sector. ¿Se nota que soy un poquito pelota desde que algunos de mis jefes visitan La Bodeguita?) acostumbrado a intentar solucionar  sobre la marcha los problemas que surjen,  sin involucrar a más personas que las necesarias, te propongo:

Antoñito (perdona lo de Antoñito, es en tono cariñoso y sin segunda intención) cuando salgas a tomarte un cafelito junto con tus compañeros y compañeras, antes de ir al bar de enfrente pásate por la garita del encargado del aparcamiento y le solicitas muy amablemente copia de la póliza que nos reclama, seguro que en un par de días la tienes. ¿Qué no sales a tomar café? bueno pues dile a un compañero celador que cuando, a eso de media mañana salga a tomarse el piquislabi, el vermut, o la tapita de espinacas con garbanzos, a la vuelta se pase y pida la puñetera póliza, seguro que estará encantado. ¿Que el celador pasa olímpicamente? Pídeselo al becario, que está para solucionar estos asuntos tan trascendentes. ¿No tienes becario? Pues solicítalo que hay muchos estudiantes que están dispuestos a conseguir este puesto. ¿Has pensado en mandarle un correo electrónico a la empresa Aparcamientos Puerta de Córdoba?

Al mismo tiempo, si puedes, explícale a mi suegra que no intentas cobrarle la asistencia recibida, que no tiene que ir al juzgado a poner denuncia alguna (yo ya le he dicho que por un tropezón ella sola, no tiene que ir al juzgado de guardia), y que ustedes, los buenos profesionales, saben como reclamar y a quién los Ingresos Económicos que tanto necesita nuestra sanidad pública. Y todo esto a la mayor brevedad posible.

Antoñito, yo soy un tío que cumple con los tramites, que intento acatar todas las normas habidas y por haber, pero desplazarme hasta el aparcamiento del hospital, solicitar copia de la póliza, andar cincuenta metros y llevártela  a tu oficina, eso no me da la gana. 



viernes, 1 de junio de 2012

El Pibe


Hace tiempo que me da la lata con  “Gafas, a ver cuando hablas de nosotros”  un compañero de trabajo, que muy de vez en cuando visita La Bodeguita, aunque no tiene lo que tiene que tener para hacer un simple comentario. Me refiero a mi compañero el “Pibe”. Lo de “Pibe”  es un apodo cariñoso porque el chavalito es el mas joven de los tres que habitualmente curramos en el mismo sitio y con los mismos turnos.  Eso de chavalito es relativo, el nota ya tiene su edad, aunque el muy listo sigue soltero, con novia, pero soltero. Mira por donde, aprovechando que hoy ha cambiado el turno con otro compañero al que le hacía falta trabajar de mañana para poder disfrutar de la feria de Alcalá de Guadaira se me ha ocurrido hablar un poquillo de él.

Es el clásico tío que siempre te dice que si a lo que le pidas: ¿Me cambias el turno? Sí. ¿Mañana puede venir un rato antes? Sí. ¿Me cubres en el tajo mientras tomo café? Sí. Todo el mundo en la fábrica habla bien de él. No conozco a nadie, y eso que soy un taco cotilla, que tenga ningún reproche con mi colega. Pero precisamente no hablaré de lo buena gente que es, de eso dan fe todos los compañeros, sino de un par de cuestiones que me tiene preocupado.

La primera es que creo que tiene un poquito de gafe, me explico: 

Aprovechando uno de “los muchísimos puentes” que podemos coger, se marcha junto con un grupo de amigos y amigas a hacer senderismo por la sierra de Grazalema. ¿Qué le pasa? Que se pierde en el campo. Horas y horas perdidos; al final se encuentran a otro grupo de excursionistas ¡y también estaban perdidos! ¡Con el mismo mapa! Suerte que al caer la noche el equipo de rescate que se montó los pudieron rescatar. Salió en todos los periódicos de Sevilla y Cádiz. Me hubiera gustado ver la cara del Guardia Civil cuando lo subió al Land Rover y le dijo aquello de ¿Tú que vienes a jugar al pádel? Podéis imaginaros la indumentaria que el muchacho se puso para hacer excursiones por la sierra. Otro día se va a la playa con la parienta, se le vuela la sombrilla, sale corriendo para cogerla y tropieza con una tabla de surf que “un capullo había dejado junto a nosotros” (sic). Total una semana de baja con un esguince de tobillo. ¿Que quiere pasar un fin de semana en una casita rural en la sierra onubense? Sin problema, se pone a tontear, se tropieza con la cama y se parte el labio con el radiador de la habitación. ¡Qué morritos tenias Pibe, qué morritos! Ah, bueno, lo de Venecia. Le compra un regalo al padre, una tontería de nada, un juego de pluma, bolígrafo y abrecartas de cristal de murano. Lógicamente, con las prisas, lo metió en el equipaje de mano. La mirada del carabinieri cuando descubrió el arma blanca que portaba era digna de una película de Tarantino. Un poco mas y sigue preso paseándose por el Puente de los Suspiros en la ciudad de los canales.  No quiero ni acordarme el verano que pasé cuando me dijo que se iba de crucero por el Mediterráneo. Todos los días pendiente de las noticias. Menos mal que lo del Costa Concordia ha sido más reciente, que si no le hubiera tocado a él.

Y la segunda cuestión es lo que me tiene más mosqueado:

Cuando salimos de cumplir nuestras obligaciones laborales, todos los días y delante de otros compañeros me dice: -Gafas, dúchate conmigo hoy. -¡Que no, Pibe! -Venga que tengo una toalla grande para acurrucarnos los dos.  -¡Que me dejes Pibe.  -Gafas, hoy tengo una toalla chiquitita pero nos vale.    -¡Que pesao eres tío! –Gafas ve terminado de rellenar el parte que te espero en la ducha. –Gafas he comprado un champú que huele a   azahar. -Gafas…. -¡Quillo Pibe! ¿Porque no se lo dices a (***)? – ¡Tus están tonto, (***) me dice que sí! 

Os  podéis imaginar las miradas del resto de compañeros cuando subimos la escalera camino de los vestuarios. Esto sí que me tiene mosqueado.

En fin, querías que hablara de ti, ahora espero que tú tengas el valor de hacer algún comentario en esta tú Bodeguita. Otra cosa, de el “Breva” tengo preparada otra entrada, pero me parece que la tengo que hacer en tres o cuatro capítulos.

Bueno Pibe, que me piro a la ducha, solo, como siempre ¿vale?

Elena, si llegas a leer esto, no te preocupes, que tu novio sigue teniendo las tendencias “normales”, pero es que es muy mamoncete.  Y encima aprovechamos para ducharnos sin aguantar el overbooking que hay a esas horas en las duchas. Cuidaito, cuidaito, cada uno  por su lado, ¿vale?

domingo, 27 de mayo de 2012

Los Sábados comuniones


Se creían que este año se “librarían” de las comuniones, pero no fue así, los compadres volvían a coincidir una vez más. Gustosamente cedieron su sitio en la iglesia otras personas deseosas de fotografiar con sus teléfonos de ultimísima generación a los niños y niñas en este día tan especial y esperaron en la puerta del masificado templo a que concluyera la ceremonia. –Oye ¿y ahora donde tenemos que ir? –Mi mujer me ha dicho que junto a los viveros que hay al principio de la carretera de La Algaba. –Si, ya me acuerdo, hay varios salones de celebración. Y allí se encaminaron después de felicitar a los orgullosos padres de la criatura.

Aparcaron los coches al cobijo de los sombrajos del vivero y se encaminaron, soportando el Sol de Mayo que ese día pegaba de lo lindo,  hacia el complejo de salones. Un arco de flores les daba la bienvenida y, junto a este, dos azafatas-camareras les indicaban muy amablemente el lugar donde esperar a los protagonistas del evento.

-La copa de recepción es entrado a la izquierda.

Y hasta esa recepción se dirigieron los amigos acompañados de sus esposas. Todas las personas que acudían  a las distintas celebraciones esperaban a que llegaran los verdaderos protagonistas. Todos con sus refrescos, cervezas y otro tipo de bebidas. –Compadre ¿tanta gente ha invitado Antonio a la comunión de su hija? – Que va, es que la copa esta de bienvenida es común para los diez salones. Ahora cuando vengan los niños nos vamos cada uno al nuestro, en las puertas están los nombres de los invitados. – Ya me parecía a mí que  no conociera a casi nadie de los presentes.- Nada tío, que aquí estamos todos “arrebujados” y como la película, nadie conoce a nadie.

Hubo una mirada cómplice de los dos compañeros de correrías juveniles y sin mediar palabras se propusieron quedar con las parientas para el próximo fin de semana. Durante el almuerzo, ya con los familiares y amigos correspondientes y sobre todo con la radiante niña en el día más feliz de su infancia, estos dos elementos no paraban de decirles a sus santas que las macetas de la terraza estaban un poco mustias. -Que pesados sois los dos con las plantitas de las narices. –Di que si, hija, que este se ha propuesto plantar tomates en un macetón grande que tenemos vacío. –Pues nada, aquí junto hay un vivero, ahora cuando terminemos os pasáis y compráis las macetas que os dé la gana. –No cariño, hoy no es el momento, el sábado próximo venimos los dos y a ver que buscamos.

Y llegó el siguiente fin de semana. ¿Alguien duda que estuvimos, digo estuvieron, en el vivero?

-La copa de recepción es entrado a la izquierda.

-Gracias, ya lo sabemos, estuvimos aquí la semana pasada.

Mientras “esperaban la llegada de los niños”, recordaron travesuras antiguas, brindaron por los ausentes y los presentes, revivieron momentos de su juventud y aquella caradura  que gastaba cuando jóvenes. –Compadre el tiempo no pasa en vano. –Tienes razón compañero, ahora no nos atrevemos a hacer lo que hacíamos con veinte años. –Tú lo has dicho, hoy en día no nos atrevemos, ¿quieres otra cervecita? –Eso no se pregunta.

Al pasar por el arco de flores, junto a las dos azafatas-camareras, lo dijeron alto y claro:

-Venga tío, vamos a por el regalo del niño que va a empezar la celebración.

Dicho y hecho, llegaron al coche, se metieron dentro y pusieron rumbo a la casa de uno de ellos donde esperaban sus sufridoras.

-¡Ostia tío! ¡Que no llevamos macetas!

-Nada les decimos que no nos gustaron. Oye, ¿venimos el sábado que viene a tomar cervecitas de válvula?

- ¡Compadre! Eso es abusar ¿no? Mejor para dentro de quince días.


jueves, 24 de mayo de 2012

¿Y las canastas?



Hoy toca una de mosqueos. A ver si consigo las palabras adecuadas porque todo lo que me sale son improperios. Vamos a la cuestión. El quince de Septiembre del año pasado publiqué una entrada referente a lo monas que eran las bicis de alquiler que pululan por esta bendita ciudad del Guadalquivir, con su cestita para guardar botellines de la Cruzcampo. A pedalear fresquitos llamé a la entrada. Bueno, para adornar la susodicha entrada me atreví a subir una foto del lugar donde, si la ampliáis y observáis detenidamente, al fondo se pueden apreciar dos postes blancos en el centro del “paseíto” como dicen mis hijos, calle Agricultores para los que se quieran dar un garbeo. Estos postes soportan unos tableros y estos tableros, a su vez contienen un aro metálico con una red. ¡Dos canastas de baloncesto de toda la vida! Las patrocinaba un diario deportivo  de tirada nacional, él que los hombres empezamos a leerlo  por la portada; el otro, él AS, siempre lo empezamos por la contraportada por lo de la prima, y no la de riesgo precisamente. Este periódico es el MARCA. ¿Se aprecia la “M” en rojo, verdad?

Bueno, po ahora viene el mosqueo.



¿Veis la foto?, ¿Dónde están las canastas? ¿Volatilizadas? ¡Ni mijita! El día de la manifestación de los estudiantes, aprovechando la “diurnidad” que usan los señores empleados del Excelentísimo Ayuntamiento, las recortaron de cuajo y se las llevaron en el correspondiente camión oficial. ¡Fuera! ¡A tomar por saco las canastas! Y ahora me pregunto como si fuera entrenador de un equipo de futbol, ¿Por qué? Po ni puta idea, perdón, ni puñetera idea. 

En ellas jugaba los chavales del barrio. Vale que una no tenía el aro por donde meter la pelota, pero ellos se las ingeniaban para dar por anotado el punto si el balón daba en el centro de la “M”. Vale que a la otra le faltaba la redecilla, pero ¿qué más da?, en el momento que cuelas la pelota ya vale. Deporte, simplemente deporte y buenos ratos, sin molestar a nadie. ¡A tomar por saco las canastas! ¡Chavales a ver que hacéis ahora!

Esta mañana me encontré con mi amigo José Luis. Es muy aficionado al baloncesto y lo  suficientemente joven como para haber practicado este deporte cuando el equipo lo componían un base, dos aleros y dos pívot; eso de escolta y ala-pívot son creaciones modernas de la Enebeá.

-¿Dónde vas con ese balón?
-A relajarme un poco, he corrido unos  kilómetros y ahora voy a ver si me desfogo con unos   triples bien tirados.
-¿Si? ¿Enfrente de los bomberos? Esto no me lo pierdo.

-¡Hostia! ¿Qué ha pasado aquí?
- Quillo, que los notas del Ayuntamiento se las llevaron ayer.
- Joé tío, yo me puedo alquilar una pista en el Centro Deportivo, pero los chavales ¿Qué coño harán?
- Nada José Luis, nada. Nos quitaron los bancos del paseíto, menos él de los bomberos que lo tienen atado con una cadena, nos han quitado las canastas, ¿lo próximo? Ni pensarlo querido compañero, ni pensarlo quiero.
- Bueno, a lo mejor es que las van a cambiar por unas nuevas.
-¿Seguro?, Po mira como han dejado el suelo. Me parece a mí que esto se queda de esta manera para los restos.



 (*)Pequeñas conclusiones finales: a) Mierda de recortes, ¿los chatarreros estarán ganando dinerito con estas actuaciones. b) Os juro por mis ancestros que esto es real y ví con mis ojitos como se las llevaban. b) Los chavales estan pensando en pintar una "M" (de mierda) en la fachada de la sede del Distrito Municipal y ponerse a dar balonazos en señal de protesta. c) Las fotos son una caca, pero la megareflexdigital tiene que esperar unos cuantos  meses por cuestiones de armario nuevo.