Hace poco estuve dándome un
garbeo por la maravillosa Sierra Norte sevillana. Fue gracias a un amigo que se había comprado una peaso moto de nosecuantos caballos y no se le ocurre otra cosa que invitarme a
desayunar en mi pueblo. Ná, setenta kilómetros de ida y otros setenta de
vuelta. De paquete en una CBR azul, con casco (me quedaba pequeño, su mujer no
tiene el molondro que tengo yo), con unos guantes comprados antes de salir en
el chino (totá, pa un ratito) y mis zapatos de los domingos. Nada, sin problema,
bueno un poquito de cague al coger
alguna que otra curva es normal. Pero mi colega es Motero (con mayúscula) y uno
va muy “tranquilito” sentado a la grupa de la “pequeña motocicleta”. Con lo agustito que voy
en mi Logan disfrutando del paisaje, me meto en unos berenjenales que ya me
vale.
Bueno, que llegamos a mi pueblo
(¿alguna vez he comentado, aunque sea de pasada, que yo tuve la suerte de nacer
en El Pedroso?), nos paramos enfrente de la estación de tren a disfrutar de un
buen desayuno, ligerito, un cortao con una entera de zurrapa de lomo.
¿Colesterol? ¡Eso no existe!. Veras el próximo reconocimiento médico que me
toca dentro de unas semanas. No me va a dar ná
la médica del curro.
Ya estoy yéndome por el cerro de San Cristóbal.
Vale, por los cerros de Úbeda, es una metáfora pero como yo soy pedroseño y el
cerro de San Cristóbal está en mi pueblo, permítanme vuestras mercedes la
licencia geográfica. Y no os quejéis que
esto se alarga que llevo muchas semanas sin escribir y ya no podía más con el
síndrome de abstinencia blogueril.
¿Por dónde iba? ¡Ah, sí! Que
después de disfrutar del desayuno, sentados tranquilamente absorbiendo todo el
Sol serrano, disfrutando de un cigarrito (querida doctora que trabajas en el
servicio médico de mi empresa: te prometo que pa la feria dejo de fumar, esta vez va en serio) mi amigo el Motero
(*) me propuso una de sus ideas filosóficas:
-Quillo, tú que eres tan rustico, ¿Por qué no apadrinas un cerdo de
la zona?
- Amo avé, Ducati, pa que tenteres, de cerdo, guarro, cuino,
chancho, gorrino, marrano, puerco, y cualquier sinónimo de la especie conocida
por los eruditos como “sus scrofa ssp”,
no te vas a encontrar ná de ná por estos montes. Aquí lo que se crían
son buenos cochinos. Sí, de esos que se aprovecha tó, desde el hocico hasta el rabo, y que su gruñido es más melodía
que el bolero de Raquel, digo de Ravel. Además, después de que mi mujer viera
como una Cochina (lo pongo en mayúscula para no confundir con las guarras)
amamantara a diez lechones, se lo piensa mucho a la hora de comprar jamón.
Menos mal que después de saborear un platito chiquito, acompañado de picos, se
le olvida lo “bonito” que son los cochinos de pequeñines. Ahora bien Ducati,
¿sabes lo que yo apadrinaría? Una encina, y no me llames bellotero. Quillo la encima es un árbol milenario
que se adapta al medio, tranquilamente, con sabiduría, con miles de historias
tan largas como esta entrada, es constante, aguanta lo que le echen y da
sombra, comida y alojamiento a una jartá
de animales. Y además, de encina en encina viajaba una ardilla desde Tarifa
hasta Zarautz hace un porrón de años,
sin bajarse de las ramas ni para hacer pipí. Apadrina a una encina, Ducati,
apadrina a una encina.
Después de un ratillo más
disfrutando del solecito de mi pueblo (joé
que frío hacía), mi colega de excursión dijo otra de sus frases
metafísicas: -Vámonos pa Sevilla, que
las niñas (o sea, nuestras correspondientes medias naranjas) no estarán
esperando.
El viaje de regreso sin
contratiempo. ¿He dicho que mi amigo es Motero? Llegamos al barrio. Cada uno
tiró para sus cometidos personales, no sin antes quedar una mijilla más tarde en solucionar los
problemas del país, sentados en un velador, frente a una barra de una buena tasca
acompañados de nuestras respectivas. ¡Ostras! Que tengo que recoger a mi mujer
con las bolsas de la compra. Tiro de guassa:
Onde ands¿ <<
En ls pz d palmerts<<
Voi<<
Traducción para torpes: -¿Donde
andas?. –En la plaza de las Palmeritas. –Voy pa yá.
Y para allá que me encamino.
Estirando las canillas que tengo por piernas después de un montón de kilómetros
por esas carreteras de la sierra y encima de paquete.
Y ¿que me encuentro antes de ver a mi sufridora
esposa? Con esto.
 |
| Foto del Naranjito, adivinad con qué la he hecho |
|
Y digo yo:
¿A quién se le ha ocurrido
taponar con un aglomerante o cemento, acompañado de agua y grava o arena, vamos
con hormigón, los poquitos resquicios de naturaleza que nos quedan a los
urbanitas de adopción?
Y esos alcorques, ¿no lo podéis
hacer más grande? Es que la pobres plantas no saben por donde salir.
Y los perros, ¿dónde harán sus
necesidades fisiológicas?
Y ¿por qué le habéis puestos unas
vallas (menos mal que sin concertinas)? ¿Para que las plantas no se escapen?
¡Coño!, perdón, ¡leches!, sembrar
los arriates con plantas verdes, nada de césped sintético del leroimerlín, una buena tanda de
tagarninas, que además son comestibles. Dejad que crezca la hierba, que los
niños jueguen y se manchen mucho y después lavar la ropa, como toda la vida se
ha hecho. Y otra cosa, ar nota que le
ha echado hormigón al parterre: ¿tú sabes cómo huele la dama de noche en
verano? ¿y el Jazmín?. ¡Gilipollas! La naturaleza se abrirá camino a pesar de
que tú la quieras ahogar con tus inventos. Piensa en una cosa, cuando, después
de una vida larga y esplendorosa (tampoco te deseo nada malo, que soy buena
gente, muy en el fondo, pero buena gente), en que te reencarnaras ¿en cemento
portland? Pues a mí me gustaría reencarnarme en una encina vigorosa, frondosa y
llena de bellotas. Y si es posible ahijada mía.
(*)Motero, ra.
1. Apasionado de las motos. Es decir, persona
responsable, que cumple con las normas de seguridad vial, que utiliza siempre el casco, siempre. Que no
hace locuras y que no excede el límite de velocidad.
2.
Amigo que no te deja tocar la moto con la mano derecha no sea que se la vayas a
rayar con la alianza que portas en el dedo corazón.
3. Ducati, que aunque tenga una Honda,
siempre será el Ducati.