domingo, 20 de octubre de 2013

El semáforo



Anda mi hijo enfrascado en la obtención del permiso que le permita la conducción por la vía pública de: “automóviles cuya masa máxima autorizada no exceda de 3.500 kg que estén diseñados y construidos para el transporte de no más de ocho pasajeros además del conductor. Dichos automóviles podrán llevar enganchado un remolque cuya masa máxima autorizada no exceda de 750 kg.” Vamos que se está sacando el carné de conducir.

¿El teórico? No problem. Llegó un lunes y me dijo que había pedido cita para el examen, de esta forma se obligaba a coger el libro y ponerse a estudiar. -¿Para cuándo el examen? –Para el jueves.      -¿Qué? ¡Pero si ni siquiera  sabes donde tienes el libro! –No problem, un par de días de empollar y me lo saco.

Dicho y hecho, a la primera, ahora toca el práctico.

Y aquí es donde entra en juego un servidor. Con mis dotes docentes, cada vez que vamos los dos juntos en el coche, conduciendo yo lógicamente, aprovecho para enseñarle los truquitos que tenemos los avezados y experimentados conductores. Tan experimentado que yo me saqué el carné en un solo día: el teórico, la pista y la vuelta real. ¡Que listo era yo con dieciocho años!.

Bueno, como digo, aprovecho esos momentos de soledad con mi churumbel para indicarle las cuestiones a tener en cuenta para que el excelentísimo señor examinador tenga a bien no hacerle la puñeta y no le ponga pegas a la hora del examen.

-Tienes que tener cuidado con ese taxista, lleva la luz verde y anda buscando clientes. Cuando menos te des cuenta se te cruza para cazar uno. ¡Mira la rubia del Polo! ¡Quilla! ¡¿Dónde vas?! ¿Y el intermitente? El de atrás se está pegando mucho, tienes que controlarlo con el retrovisor. ¿Escuchas el motor? Ahora es el momento de meter tercera. ¿Ves?  El coche va más suavito. El nota del autobús seguro que sale sin mirar a su izquierda, ¿lo has visto? ¿Te has dado cuenta? Cuidadito con los semáforos, ni se te ocurra saltarte uno.

-¿Cómo ese que te has saltado tú?

 No le pidáis más a mi móvil despues del suicidio obsolescente

Es que hay que tener mala lecha con el semaforito y la señalita. Esto está en la Avenida Kansas City esquina a calle Monte Tabor. Frente al hotel Ayre Sevilla y al ladito de la tienda esa de los Mediotontos (los que compramos). Y digo yo:

-¿En que momento, el nota que puso la señal no se dio cuenta del semáforo?
-¿En qué momento, el nota que puso el semáforo, no se dio cuenta de la señal?
-¿En qué momento, el nota que supervisa los trabajos realizados, no les dio una colleja como Dios manda?

Y ahora los porqués:

-¿Por qué en época de navidad, cuando esta zona tan comercial está a rebosar, hay un montón de policías municipales (son taco de buena gente)  con libreta en mano?
-¿Por qué nadie responsable de la ordenación del tráfico ha solucionado el pequeño problema de diseño de la señalización vertical?

 No hace falta decir  donde he conseguido la imagen

Después de escribir esto (post scriptum, dicen los que han estudiado más que yo):

Excelentísimo Señor Alcalde de Sevilla Don Juan Antonio Zoido Álvarez: no tenga usted en cuanta estas dos últimas entradas en La Bodeguita. Las hago en tono cariñoso y no pretendo mostrar los defectillos que pudiera o pudiese tener nuestra bendita ciudad, más suya que mía, ya que usted nació en Montellano, a 66 kilómetros y un servidor en El Pedroso que está a 69.

Señor Licenciado examinador de noveles en la ardua tarea de sacarse el permiso de circulación: ¿desde cuándo la rotonda de entrada al barrio de Bellavista, que es más grande que la plaza de toros de México, con cuatro carriles concéntricos, recién asfaltada y con la señalización horizontal recién pintada con pintura blanca fosforescente, hay que cogerla en segunda? Si en tercera va el coche suavito suavito.

martes, 15 de octubre de 2013

Las marquesinas son para la primavera




 Foto del Naranjito

Pues resulta que la empresa municipal de autobuses urbanos (TUSSAM) ha decidido invertir 257.000 euros en la mejora de 120 paradas. Por cierto, 257.000 entre 120 sale a 2.141,67, pero esto es meramente a título informativo. Bueno que sigo. El objeto de esta inversión es, y cito textualmente, “mejorar la accesibilidad en aquellas paradas que presentan algún tipo de problemas, bien sea por sus características geométricas o de diseño, por el cambio en la ordenación del aparcamiento o por que no son respetadas por los vehículos particulares”(…) “ En este sentido, la mayoría de las obras a ejecutar serán plataformas fijas o recrecimientos de acerado que permitan alinear el bordillo de la parada con los vehículos aparcados, evitando así la maniobra del autobús para acercarse a la acera, mejorando la seguridad de la entrada y salida de los viajeros y no ocupando más espacio para el aparcamiento de vehículos privados que el estrictamente necesario”.  

Los buenos señores han empezado por los barrios de Parque Alcosa y Pino Montano. Mira por donde es en este último barrio donde vive este que torpemente aporrea las teclas de ordenador. Y mira por donde junto al bloque donde vive el Naranjito hay una parada de las líneas 13 y 3. La línea 13 es la que nos lleva hasta la Plaza del Duque en pleno centro y la 3, atravesando la ciudad de norte a sur, es la sustituta de la línea 3 del Metro. (Metro que seguramente  verán los hijos de los hijos de mis hijos, o sus descendientes).

Y ahora mis quejas, sin acritud dirigentes tussaneros.

A ver, yo no me quejo que las obras las hagan durante la semana que, por cuestiones laborales, tengo que dedicar las mañanas a dormir. Cinco días escuchando la rotaflé cortando losetas. Yo no me quejo que nos quiten tres o cuatro plazas de aparcamiento. Ya estoy acostumbrado a aparcar en el quinto pino de Pino Montano y encima ando una jartá que me viene bien. Yo no me quejo de la solución arquitectónica que han aplicado. Hay que observar en la foto (hecha sin réflex, a lo mejor para reyes cae) la inclinación que tienen las nuevas paradas con respecto a la acera y esta con respecto al apeadero. Me apuesto una cervecita con tapa de montadito de pringá en  las Columnas, a que cuando llueva, porque en Isbilya llueve y mucho y a mala leche, se producirán unos charcos donde criar barbos, carpas y hasta recuperar los esturiones sevillanos. Yo no me quejo que la parada de la vecina calle Sembradores, parada donde se coge y se suelta el 12, el 13 y el C6, la hayan cambiado de ubicación porque el ruido que hacen estos autobuses desde la 6 de la mañana hasta las 23:30, hace imposible dormir. ¿Quién coño vivirá en ese bloque que tiene tanto mando? Yo no me quejo de todo esto,  yo de lo que me quejo es de la marquesina.

¿Qué marquesina? Eso digo yo, ¿Por qué no ponen una marquesina como Dios manda? De esas que tienen un panel informativo donde te indican el tiempo de espera y que siempre acierta. De esas que cuando el Lorenzo pega fuerte y duro en los largos meses de estío nos ayuda a mitigar un poco la caló sevillana. De esas que tienen tres asientos para esperar pacientemente el autobús que viene cargadito de abueletes y abuelitas de su peregrinar matutino al fresquito del Corteingles, con el bonobus gratis, claro. De esas que tienen que costar una pasta porque están conectada con gps (creo) para informarte de los tiempos y no tienen tarifa plana de acceso a datos.

Será por eso, porque valen taco de pasta pública (pasta pública = dinerito munícipe proveniente de impuestos y tasas alegremente aportado por los contribuyentes) que no nos ponen las marquesinas. 

Bueno, dentro de poco, me pondré las katiuscas, el chubasquero del Decatlón y haré una foto de los charcos, espero que  con mi réflex, para que veáis que los que pronostico es verdad. ¿Qué no se forman charcos? Po nos vemos donde he dicho antes, en la calle Mateos Gagos esquina a Rodrigo Caro, en la Bodega Santa Cruz, Las Columnas, que allí sí que hay una marquesina como mandan los cánones del tapeo.

 Original de baresdeandalucia.com


sábado, 12 de octubre de 2013

Obsolescencia y II (espero)



Ya no vuelvo a hablar más de la obsolescencia de las narices, entre otras cosas porque es verdad y la estoy sufriendo repetidamente durante los últimos días. Resulta, que como hoy es 12 de Octubre, y entre otras cosas aparte de que Rodrigo de Triana dijo aquello de ¡tierra a la vistaaaa!,  hace años (pocos) que mi añorada madre me trajo al mundo, a mi hija no se le ocurre otra cosa que proponerme:

-Papá, como mañana es tu cumple ¿por qué no nos invitas a un “macmenú”?

Y si mi princesa me pide algo, a mí me falta tiempo para dárselo (eso no se lo cree ni ella).

Y mira por donde, hace unas semanas, inauguraron cerquita de casa un restaurante yanqui de esos de comida rápida y baja en colesterol. Si la próxima vez que vaya me invitan a algo a lo mejor digo que se trata del McDo... nosequé.

Está en un descampado a las afueras y no, no salió de la nada. Tardaron unas semanas en hacerlo y un servidor fue testigo de las obras. Encima es de estos que te puedes meter con el coche y, sin bajarte, hacer tu pedido y recogerlo por otra ventana, previo pago del importe, lógicamente. Por cierto, 24 horas al día, como en mi curro.

Yo, dándomela de moderno, me dije: Mira por donde voy a probar cómo es eso de comprar si tener que guardar cola y aguantar a niños correosos esperando el muñequito de las narices.

Así que después de llegar de trabajar, a las 23:23 horas, me encaminé al solar del  futuro Parque Empresarial Ciudad de la Imagen que está en El Higuerón (de higuera nada, higuerón del bueno). Bajo mi ventanilla, hago el pedido, dos no sé qué, un de eso, un de lo otro y cuatro macnosequé edición verano.  Subo el cristal y escucho: Crack. ¡Ostras! Me an pegao una pedrá. Nada de eso, el sistema automático de subir y bajar la ventana de mi lado hizo: ¡obsolescencia programada para fastidiarte, Naranjito! A diez centímetros del borde superior se quedó la puñetera ventanilla.

Y allí estaba el Naranjito. Abriendo la puerta (no es necesario que se baje, caballero), pagando el importe (¿cuánto me va a costar la obsolescencia de las narices?), pensando en que en Sevilla hay más de 700 bares y he tenido que venir a este, y pirándome para casa, con las bolsas de papel para mis churumbeles y mi sufridora. Y pensando a ver como arreglo el cristal a las 12 y media de la noche (no fue llegar y pegar, estuve más de media hora en la cola. ¿Tanta gente sale de marcha a esas horas?).

De regreso a casa, después de dar tres o cuatro vueltas para aparcar como mandan los cánones, conseguí subir el cristal y dejarlo anclado. ¡Me cag... en toa la obsolescencia! 

Por cierto el macnosequé edición verano estaba taco de bueno. Y frio. Casi tan frio como el interior del coche esta mañana cuando he ido a darle una vuelta.

Prometo no volver a hablar del invento ese de los fabricantes. Puñetera obsolescencia.

Como llueva este finde ....


domingo, 6 de octubre de 2013

Obsolescencia programada



Obsolescencia programada es un término técnico con el que quieren justificar la mala leche que tienen los fabricantes de productos tecnológicos. Ahora los cacharros y vehículos duran el tiempo necesario para que termines de pagarlos, después a tomar viento fresco y otro nuevo.

Resulta que el ordenador que utilizo es heredado de mi hijo. Cuando se le quedó obsoleto, después de muchas horas de “estudio” y miles de kilómetros, me lo largó a mí. Claro que antes lo había dejado “nikelao”, quitando y borrando miles de programas y “aplicaciones técnicas”. Yo más contento que una paloma en el patio de una residencia de ancianos hasta que hace unos días “sansacabó”. Mi churumbel mayor me hizo un apaño. -Papá la batería está “fastidiá”, así que utilízalo directamente enchufado a la corriente. Y no metas deuvedeses que no furula la unidad lectora. También le he puesto pasta térmica que le hacía falta.  
  
¡Ea! Ya estoy otra vez aporreando el teclado pitufo y pensando que a la batería del coche le queda un mes para que se le acabe la garantía (obsolescencia programada = dentro de dos meses me veo comprando otra).

¿He dicho que el ordenador lo heredé de mi hijo? Vale, el teléfono móvil también. Un “peazo” HTC Desire de los primeros que salieron. ¿Aplicaciones? todas, el güifi, el güasa, la linterna, el despertador, el gepeese, el guglemap y así una jartá, hasta cámara de fotos. Pero resulta que mi contrato matrimonial, sin posibilidad de divorcio hasta el 13 de noviembre, con mi compañía suministradora de servicios móviles es de lo más bajito que hay. No es ni cachalote 20, ni pez espada 14, ni marmota 19. Creo que es gamusino 7. Y encima todos los meses no llego al consumo mínimo y me sobran dos o tres euros. Así que de conexión a interné ná de ná

Ahora bien, en la intimidad de casa me conecto a través del güifi y no veas la de mensajitos güaseros que recibo, sobre todo de mis amigos palanganas cuando mi equipo (el Real Betis Balompié, por supuesto) sale a juagar con la caraja1 habitual.

Entre mi hijo y el buen uso que le doy a los aparatos, hemos conseguido que se fastidien los fabricantes y prolongar la vida útil de los chismes que nos hacen la vida más comodona. Ahora puedo retomar La Bodeguita, con mi celular encima de la mesa por si me llaman. Mi querida esposa me dice que recoja, que ponga el mantel que vamos a comer. Yo, complaciente retiro el portátil, con el cable de alimentación, el cable con el ratón (el touchpad es chiquinino y mi dedo anular casi no cabe), el cable con los auriculares  y el teléfono. ¿El teléfono? Ochenta centímetros de caída libre. La tapa posterior intacta. La pantalla táctil…




La mujer del Naranjito dixit: ¿Obsolescencia programada?, tú lo que tienes son las manos de trapo, que te has cargado el móvil de tu hijo. ¿Y ahora como te vas a despertar por las mañanas? ¿Eso tiene arreglo? A tu hija ni se te ocurra pedirle el móvil viejo. Lo que me faltaba este mes con los gastos que tenemos con las puñeteras matriculas. ……

Voy a cortar porque mi sufridora lleva tres días dándome fuerte y creo que todavía me queda una semana de escucharla.
 


1. Estar acarajotado, estar ausente, torpe, no enterarse de nada (cosasdeandalucia.com)