Anda mi hijo enfrascado en la obtención del permiso que le permita
la conducción por la vía pública de: “automóviles cuya masa máxima autorizada
no exceda de 3.500 kg que estén diseñados y construidos para el transporte de
no más de ocho pasajeros además del conductor. Dichos automóviles podrán llevar
enganchado un remolque cuya masa máxima autorizada no exceda de 750 kg.” Vamos
que se está sacando el carné de conducir.
¿El teórico? No problem.
Llegó un lunes y me dijo que había pedido cita para el examen, de esta forma se
obligaba a coger el libro y ponerse a estudiar. -¿Para cuándo el examen? –Para el jueves. -¿Qué? ¡Pero si ni siquiera sabes donde tienes el libro! –No problem, un
par de días de empollar y me lo saco.
Dicho y hecho, a la primera, ahora toca el práctico.
Dicho y hecho, a la primera, ahora toca el práctico.
Y aquí es donde entra en juego un servidor. Con mis dotes
docentes, cada vez que vamos los dos juntos en el coche, conduciendo yo
lógicamente, aprovecho para enseñarle los truquitos que tenemos los avezados y
experimentados conductores. Tan experimentado que yo me saqué el carné en un
solo día: el teórico, la pista y la vuelta real. ¡Que listo era yo con
dieciocho años!.
Bueno, como digo, aprovecho esos momentos de soledad con mi
churumbel para indicarle las cuestiones a tener en cuenta para que el excelentísimo
señor examinador tenga a bien no hacerle la puñeta y no le ponga pegas a la
hora del examen.
-Tienes que
tener cuidado con ese taxista, lleva la luz verde y anda buscando clientes.
Cuando menos te des cuenta se te cruza para cazar uno. ¡Mira la rubia del Polo!
¡Quilla! ¡¿Dónde vas?! ¿Y el intermitente? El de atrás se está pegando mucho,
tienes que controlarlo con el retrovisor. ¿Escuchas el motor? Ahora es el
momento de meter tercera. ¿Ves? El coche
va más suavito. El nota del autobús seguro que sale sin mirar a su izquierda,
¿lo has visto? ¿Te has dado cuenta? Cuidadito con los semáforos, ni se te
ocurra saltarte uno.
-¿Cómo ese
que te has saltado tú?
Es que hay que tener mala lecha con el semaforito y la señalita.
Esto está en la Avenida Kansas City esquina a calle Monte Tabor. Frente al
hotel Ayre Sevilla y al ladito de la tienda esa de los Mediotontos (los que
compramos). Y digo yo:
-¿En que momento, el nota que puso la señal no se dio cuenta del
semáforo?
-¿En qué momento, el nota que puso el semáforo, no se dio cuenta
de la señal?
-¿En qué momento, el nota que supervisa los trabajos realizados,
no les dio una colleja como Dios manda?
Y ahora los porqués:
-¿Por qué en época de navidad, cuando esta zona tan comercial está
a rebosar, hay un montón de policías municipales (son taco de
buena gente) con libreta en mano?
-¿Por qué nadie responsable de la ordenación del tráfico ha
solucionado el pequeño problema de diseño de la señalización vertical?
Después de escribir esto (post
scriptum, dicen los que han estudiado más que yo):
Excelentísimo Señor Alcalde de Sevilla Don Juan Antonio Zoido
Álvarez: no tenga usted en cuanta estas dos últimas entradas en La Bodeguita.
Las hago en tono cariñoso y no pretendo mostrar los defectillos que pudiera o
pudiese tener nuestra bendita ciudad, más suya que mía, ya que usted nació en
Montellano, a 66 kilómetros y un servidor en El Pedroso que está a 69.
Señor Licenciado examinador de noveles en la ardua tarea de
sacarse el permiso de circulación: ¿desde cuándo la rotonda de entrada al
barrio de Bellavista, que es más grande que la plaza de toros de México, con
cuatro carriles concéntricos, recién asfaltada y con la señalización horizontal
recién pintada con pintura blanca fosforescente, hay que cogerla en segunda? Si
en tercera va el coche suavito suavito.

