Ya no vuelvo a hablar más de la
obsolescencia de las narices, entre otras cosas porque es verdad y la estoy
sufriendo repetidamente durante los últimos días. Resulta, que como hoy es 12
de Octubre, y entre otras cosas aparte de que Rodrigo de Triana dijo aquello de
¡tierra a la vistaaaa!, hace años
(pocos) que mi añorada madre me trajo al mundo, a mi hija no se le ocurre otra
cosa que proponerme:
-Papá, como mañana es tu cumple
¿por qué no nos invitas a un “macmenú”?
Y si mi princesa me pide algo, a
mí me falta tiempo para dárselo (eso no
se lo cree ni ella).
Y mira por donde, hace unas
semanas, inauguraron cerquita de casa un restaurante yanqui de esos de comida
rápida y baja en colesterol. Si la próxima vez que vaya me invitan a algo a lo
mejor digo que se trata del McDo...
nosequé.
Está en un descampado a las
afueras y no, no salió de la nada. Tardaron unas semanas en hacerlo y un
servidor fue testigo de las obras. Encima es de estos que te puedes meter con
el coche y, sin bajarte, hacer tu pedido y recogerlo por otra ventana, previo
pago del importe, lógicamente. Por cierto, 24 horas al día, como en mi curro.
Yo, dándomela de moderno, me
dije: Mira por donde voy a probar cómo es
eso de comprar si tener que guardar cola y aguantar a niños correosos esperando
el muñequito de las narices.
Así que después de llegar de
trabajar, a las 23:23 horas, me encaminé al solar del futuro Parque Empresarial Ciudad de la Imagen
que está en El Higuerón (de higuera nada, higuerón del bueno). Bajo mi
ventanilla, hago el pedido, dos no sé qué, un de eso, un de lo otro y cuatro
macnosequé edición verano. Subo el
cristal y escucho: Crack. ¡Ostras! Me an
pegao una pedrá. Nada de eso, el sistema automático de subir y bajar la
ventana de mi lado hizo: ¡obsolescencia programada para fastidiarte, Naranjito!
A diez centímetros del borde superior se quedó la puñetera ventanilla.
Y allí estaba el Naranjito.
Abriendo la puerta (no es necesario que
se baje, caballero), pagando el importe (¿cuánto
me va a costar la obsolescencia de las narices?), pensando en que en
Sevilla hay más de 700 bares y he tenido que venir a este, y pirándome para
casa, con las bolsas de papel para mis churumbeles y mi sufridora. Y pensando a
ver como arreglo el cristal a las 12 y media de la noche (no fue llegar y pegar,
estuve más de media hora en la cola. ¿Tanta gente sale de marcha a esas horas?).
De regreso a casa, después de dar
tres o cuatro vueltas para aparcar como mandan los cánones, conseguí subir el
cristal y dejarlo anclado. ¡Me cag... en toa
la obsolescencia!
Por cierto el macnosequé edición
verano estaba taco de bueno. Y frio. Casi tan frio como el interior del coche
esta mañana cuando he ido a darle una vuelta.
Prometo no volver a hablar del
invento ese de los fabricantes. Puñetera obsolescencia.
| Como llueva este finde .... |