sábado, 13 de enero de 2018

Un maquetista, un fin de semana raro y los Quitapupas



El encargado de la maquetación de Diario de Sevilla es un fenómeno. Y ¿sabéis que día de la semana le gusta? Es bien fácil, solo hay que mirar la página 20 del pasado viernes, dedicada a las actividades en la provincia. A mí me lió un poco. ¿Cuándo puedo ir a Alcalá de Guadaira a ver una exposición sobre Blanca Bonald? El viernes 12. ¿Cuándo puedo correr la 31ª Milla Urbana en Los Palacios? El viernes 13. Y ¿Cuándo disfruto del Séptimo Medio Maratón en La Puebla del Rio? Pues el viernes 14.



Nada que este frio fin de semana se compone de viernes 12, viernes 13 y viernes 14. Ya el lunes será 15, si eso.


Ahora bien, estoy seguro que no es una equivocación. Tampoco le echaré  la culpa al becario, aunque sea mu socorrío. Me apuesto media de boquerones en adobo a que este buen hombre lo ha hecho con buenas intenciones. O más bien malas.

 Me imagino que es un gran aficionado al carnaval  gaditano. Me imagino que le pidió a su jefe librar el jueves 11 que es cuando actuaban en las preliminares del Concurso Oficial de Agrupaciones Carnavalescas de Cádiz, una de sus chirigotas favoritas. Me imagino que su jefe se lo concedió pero antes tenía que dejar todo el trabajo del viernes listo para las rotativas. Me imagino que se puso a rebuscar eventos con los que rellenar la página. Los consiguió y se dijo eso de ¿A qué no se da cuenta nadie? Lo que no se imaginaba el bueno del maquetista es que al Naranjito no se le escapa una.


Y como han empezado las preliminares del concurso de chirigotas, comparsas, coros y cuartetos, os dejo un pequeño anticipo. Un cuplé de la chirigota Los Quitapupas que habla de lo que sufren las madres de los grandes deportistas para guardar y limpiarle el polvo a tantos trofeos. Me recuerda mucho a mi madre que no sabía dónde guardarlos, espera, a lo mejor mi madre era como la madre de Fernando Alonso.   





jueves, 11 de enero de 2018

El que se ríe del último...


Entro por el portal  y me encuentro de sopetón con un cartelito mu simpático que dice, más o menos, que cortarán los ascensores durante una jartá de tiempo con motivo de fumigar el hueco de los mismos, que ya va tocando. Po eso, que nada más que entro en casa, me falta tiempo para comentárselo a mi sufridora.

-¿Cuándo? -Me inquiere ella clavando sus pupilas azules en mis pupilas marroncitas.

-Pues este viernes, desde las 20:00 hasta las 09:00 del sábado sabadete.

-¿Desde las ocho de la tarde hasta las nueve de la mañana? –Me contesta ella demostrándome que sabe traducir el formato horario 24H al formato de las personas normales. -¿Y el viernes? ¿El único día que quedo con mis amigas y despejarme un poco? ¿Qué pasa? ¿No pueden parar un ascensor y al día siguiente el otro? ¡Que para eso tenemos dos ascensores!

-Es que me han dicho que ambos huecos se comunican y tienen que aprovechar para que las cucarachas…

Craso, enorme, burdo, inexcusable y garrafal error por mi parte. Es que es nombrarle a mi parienta esos insectos hemimetábolos paurometábolos de cuerpo aplanado que los frikis de los bichos conocen con blatta orientalis, y  se convierte en otro ser. Escalofríos, repelús, mosqueos, enfados, falta de apetito, asco y paro de contar. Vamos, que no puede, que es superior a ella, que ni se las menciones. Así que continuo con la historia sin mencionar a las cucas.

A día siguiente, en el curro, se lo comento a un compañero.

-¿Cuál es el problema?

-Joé, que vivo en un octavo.

Diez minutos se llevó riéndose y diciendo eso de ¡qué putada jajaja!


Foto de un servidor

Nada, que llega el viernes “negro”. Y como era verano y en la cálida Sevilla salir a la calle antes del lubricán es de personas insensatas y encima las sillas de las terrazas de los bares están más calientes que el aceite de una freiduría de pescaito frito, esperamos a una hora prudencial. Mientras mi cónyuge se acicalaba, algo sencillito, elegante, como siempre, yo le eché valor y tiré escaleras abajo.

Justo en el portal me encontré con el señor ascensorista.

-Valla tela quillo, mira que cortar los ascensores un viernes.

-A mí no me digas nada, se lo dices al fumigador que ahora viene. ¿Qué problema tienes?

-Joé, que vivo en el octavo.

Esta vez fueron cinco minutos riéndose, pero lo de ¡qué putada jajaja! sí que me lo dejó claro.

En esto que llega el matabichos y el grasioso  del nota del ascensor le faltó tiempo para indicarme que este era el responsable.

-Mira es bueno que periódicamente se fumiguen los huecos de los ascensores porque es por ahí por donde pueden subir los insectos y…

-No no, si eso está muy bien –contesté raudo y veloz- todo lo que sea higiene zoosanitaria nunca está de más. Lo que pasa que yo soy él del octavo.

-¡Ostia! ¡Qué putada! ¡jajaja! ¡Sin ascensor hasta mañana por la mañana!

, dos minutos de risas, más o menos.

Mi parienta bajó como pudo, no por cansancio ni por esfuerzo, sino por el miedo cerval a los bichos innombrables. La verdad que una vez sentados  bajo las estrellas de la noche sevillana, mejor, sentadas las féminas  bajo las estrellas de la noche sevillana y los tíos de pie, en la ventana del bar solucionando los problemas del país (entiéndase hablando de furbo, caló y de ¿a ti cuando te toca pasar la iteuve?) pasamos una velada muy entretenida, fresquita y agradable. Pero llegaba la hora de regresar a casa no sea que los churumbeles llegasen antes que nosotros y las buenas costumbres hay que conservarlas.

Paseando tranquilamente y disfrutando de la suave brisa que corre por las noches de final de Julio en esta bendita ciudad (entiéndase por suave, ná de ná) nos encontramos con una pareja vecina acompañada por su pequeñín. Aunque no venga a cuento diré que el niño de nuestros vecinos llevaba una camiseta con trece barras que le hacía juego con sus ojos verde. Esto último es una licencia que me he tomado y algunos lo entenderá, vamos que mi vecinillo llevaba la camiseta del Betis. Bien, vecino, bien.

Mientras charlábamos amigablemente nos acercábamos a nuestro bloque. Lógicamente el tema de conversación era la putada de los ascensores. Yo estaba callado, cosa extrañísima en mí, pero conforme nos acercábamos al portal notaba que mi sonrisa iba in crescendo. Abrimos la puerta y poquito a poco fuimos subiendo los pisos, desde el bajo hasta el octavo. Cuando llegamos a nuestra planta yo ya no sonreía, simplemente me reía con esa risita irónica y satírica que se nos escapa en alguna que otra ocasión.

-Bueno, vecino  que descanséis, que vivir en el noveno ¡en el noveno! y sin ascensor es una putada, jajaja



Sobre la foto:

Lógicamente la he hecho con el móvil, pa que voy a par explicaciones. Ha salido un poco movida porque mi sufridora se llevó una temporaita mirando por todos lados y cada vez que escuchaba un ruido raro miraba como una posesa. Cuando hice la foto íbamos en el ascensor ¿y como queréis que enfoque si tengo a mi parienta agarrada a mí brazo porque ha escuchado un pequeño ruido en el tubo fluorescente del techo?





domingo, 7 de enero de 2018

Ya sé quién es el culpable


Uno de los propósitos para este nuevo año que me marqué, aparte de seguir sin ir al gimnasio, afeitarme todos los días, dejar de fumar, aprender a bailar sevillanas y empezar el Ulises de Joyce, era el de ser una persona seria, responsable,  políticamente incorrecta y no dar la tabarra con lo de la réflex.

Lo de seguir sin ir al gimnasio lo consigo seguro. Lo de afeitarme todos los días, casi casi. Lo de dejar de fumar estoy en ello. Lo de aprender a bailar sevillanas, con un par de copitas de rebujito está hecho. Lo del libraco ese, a lo mejor cuando me jubile. Lo de persona seria, responsable y políticamente incorrecta, , eso está hecho también. ¿Y lo de la réflex?

A ver, que yo sea de esa generación a la que los Reyes Magos nos traían lo que les parecía bien, no significa que el día 6, a eso de las siete de la mañana, ande rebuscando paquetes en los que pongan algo de Canon, Nikon, Pentax o Fuji, por poner un poné. Con un canto en los dientes otro año más. Pero tranquilo, Naranjito, de esta también te repones, que hay un proyecto en curso y para el verano cae seguro.

¿Y este año por qué no ha sido? Me voy a sincerar y lo cuento.

Yo les preparé a Sus Majestades, al Melchor, al Gaspar y al Baltasar, un tentempié consistente en café con leche, unas tostaitas de pan de pueblo y unas tarrinitas de delicateses como zurrapa de lomo, mermelada, paté ibérico, botellitas de aceitito de oliva virgen extra y una tapita de jamón de bellota. De pasada diré que este año intentaré dejar de ser un vil pelotillero con ciertas personas. Bueno, sigo contando.

 La foto la ha hecho mi hijo


Los Magos de Oriente dieron buena cuenta de las delicias primorosamente preparadas por un servidor, la prueba son los pocos restos que dejaron ¡los mamones! Pero, en mis historias siempre hay un pero o dos, también faltaba algo. El Quillo, el gato de la casa, que a sus 17 años sigue siendo un cabroncete conmigo pero mantiene su agilidad felina y sigue siendo fiel guardián de las cosas de su ama grande, mi sufridora esposa, estaba tela de mosqueao. No paraba de mirar a un mueble de la cocina donde mi mujer guarda, entre otras cosas el coñac con él que hacer la salsa al wisqui. Arduo y veloz abrí el susodicho mueble y me encontré con la botella totalmente vacía. ¿Quién se la habrá bebido? Me preguntaba para mis adentro. ¿A qué se la han bebido los tres notas estos? El Melchor es el más mayor y el más sabio. No, ese no. El Baltasar, el Mago de color negro tampoco, es el más querido por la chavalería. Este tampoco. ¿Quién queda? Po el Gaspar, él que siempre va en medio. El más chico, chiquitito o chiquetete, ese es el que se ha jincao la botella de coñac.


¿Y qué pasa cuando te trincas tu solito una botella de 40º? Varias cosas. Una, que se te olvida dejarle al Naranjito su añorada réflex. Y la  otra y más importante, que cuando visitas el Colegio de las Hermanas de la Cruz en Carmona, para llevar ilusión y esperanza a las niñas allí acogidas, vas y la lías parda o dicho en román paladino: ¡que la cagas! Y encima vas y te pones a cantar. 







sábado, 30 de diciembre de 2017

Como mandan los canónes



Bueno, enga, que sigo, que se acaba el año y para el próximo me he propuesto contar como mínimo cien batallitas de las mías. Lo primero la afoto:

 La foto me ha salido regulá. El chino estaba mosqueado
La he hecho con mi móvil, como no podía ser de otra forma. Creo que el pobre está con principio de alzeimer, cada dos por tres me sale un mensaje diciendo que no tiene memoria. Pero digo yo que a falta de réflex buenos son los celulares.

La tomé en una tienda de mi barrio, en un chino para especificarlo un poquito mejor. Esta justo en la entrada al establecimiento. Como veréis es un amplio catálogo de prendas íntimas con las que despedir 2017 y recibir  el nuevo año. Tenéis donde elegir. Varios modelos y casi todas las tallas para estar cómodos, elegantes y a la última. Y además son reutilizables, nada más que tenéis que fijaros en los tendederos los próximos días y veréis la cantidad de vecinos que recibieron el 2018 con ropa interior carmesí.

Y ahora la reflexión que me hago para mí mismo y mi interior.

Si la tradición de tomar doce uvas proviene de la iniciativa de productores vinícolas para dar salida a un excedente del fruto de la vid, esta costumbre ¿a quién se le ocurrió?

Pues resulta que después de una ardua y laboriosa investigación he descubierto el origen de esta tradición tan arraigada.

Hace unos cuantos años, Lai Yun Hao, insigne  comerciante de artículos de la vieja Catai, se equivocó al hacer un pedido y le enviaron un  container lleno de las prendas en cuestión. Y ahola ¿Qué  hacel yo con to esto? Se preguntó poniendo los ojos así como enclaustrados. ¡Ya ! ¡Euleca! ¡Tenel idea!

La primera clienta que entró en la tienda fue Encarnita. Cuando buscaba espumillón dorado con el que terminar de adornar el árbol navideño, se topó de bruces, en un “amplio” pasillo de la tienda, con un expositor parecido al de la foto.

 -Oye Juan (todos los chinos de las tiendas se llaman Juan y si no os lo creéis, se lo preguntáis) ¿y estas bragas tan horteras?
-No oltela, son bonita –contestó rápido Juan Lai Yun Hao- son blaga suelte. Tu ponel fin de año y velas mucho dinelo, mucha salú y mucho amol. Año que viene sel año chino del conejo, mu felí, mu felí.

Encarnita compró un surtido de las prendas y rauda y veloz se lo contó a todas sus amigas, que fueron a adquirir los calzones, tanguitas  y demás, no sea que…

Pero hay no acaba la cosa, Juanlu, el hijo de Encarnita, se lo comentó a sus colegas. –Quillo, quillo, mi vieja ma comprao unos gayumbos coloraos de la suerte. ¡Con esto triunfo la noche de las uvas!

 ¿Qué hicieron sus colegas? Pues eso que estáis pensando, comprarlos. ¿Y lo que vacilarían con las pibitas en el cotillón de la discoteca del polingano? Lo que no sabían es que las pibitas ya tenían preparados los tangas y los guonderbrases granates. Es lo que tiene que una nueva tradición se expanda exponencialmente de boca en boca y ayudado por las ganas de un nuevo año lleno de dicha.

Yo no los tengo, me refiero a los gayumbos rojos, pero resulta que mi señora esposa y mi hija se han ido al centro ambas dos, solas, con mi bonobus, para, según ellas, hacer compras de última hora. Espero que si se les ocurre alguna de las suyas, se pasen por el Women Secret o por el Intimissimi, es que lo último que quiero es empezar el año con salpullido.

Pues nada, que 2018 llegue cargado de buenos momentos, mucha salud, mucha felicidad y lleno de deseos conseguidos.



D.E.E. Lai Yun Hao, Juan para los amigos, vendió los 28.230 kilos de ropa interior roja. Cerró la tienda. Vive en la playa del Palmar en Conil de la Frontera. Se dedica a ver la puesta de Sol más bonita que hay en las costas gaditanas, tomando gintonics que parecen ensaladas mediterráneas. Y sí, aquella noche, él se puso unos calzoncillos lojos.



jueves, 28 de diciembre de 2017

Gudbai american way of life


Amo avé como lo digo yo, que no, que La Bodeguita sigue aquí. Que no la é traspasao, lo que pasa que he estado mu liao y en el extranjero.  Tal como suena y ahora lo cuento. Resulta que mi empresa, esa donde tienen la suerte de tenerme como fiel, eficiente y leal currante, dentro de su programa de internacionalización de procesos y otras cosas por el estilo, decidió que para las nuevas líneas de producción, tenían que hacer un intercambio con otros países del mismo entorno que el nuestro.

, que he estado en los Estados Unidos de la América del Norte. ¿Qué no? Po si, ahora me explico. Mi empresa va a implantar nuevos sistemas, nuevas máquinas y otros cachivaches mu raros. ¿Qué hacen mis jefes? Po escoger a lo más granado de los recursos y enviarles a formarse en las nuevas maquinarias que se están implementando (creo que se dice así) en nuestras instalaciones. Y ahora resulta que a un servidor, al chaqueta, al trastornao, al maromo, al bigote, al velasco y al pescaitoenblanco que no le hace daño a nadie, nos metieron en un avión y nos mandaron a una ciudad mu grande al oeste de Boston. Tal como suena, aunque eso de  “al oeste de Boston”, en los USA, significa una jartá de millas.

Allí hemos estado aprendiendo a montar y desmontar, a utilizar y desutilizar, a cambiar y descambiar, a operar y desoperar, cosas de (atentos a mi ingles B1, pero sin el 1) Automated Feeding, Packaging, Robot Unloading, Case Packing y Palletizing. Tela, ¿a qué si? Po después nosotros tenemos la responsabilidad de enseñarles a los compañeros que se han quedado aquí, todo lo aprendido. ¡Ofú la que nos quea! Pero , que no me enrollo con cuestiones técnicas, al grano, a la vida cotidiana que es lo importante. Lo primero el polingono industrial. Tela de grande, hay cementeras, plantas de reciclaje de residuos urbanos, empresas de distribución de productos de importación (como una tienda de chinos pero a lo grande), estudios de televisión y un largo etcétera a lo americano.

A las afueras de Mountain Pine, que así se llama la ciudad, a nosecuantas millas, él concepto de kilómetros casi que se me ha perdido, se encuentra la fábrica. Nos recogían en el hotel una furgoneta, por llamarla de alguna manera, y nos dejaban en los tornos de entrada. ¿Él horario? De nain tu fai, pero donde se ponga los turnos de noche, ¡qué larga!, los de tarde, ¡qué interminable!, los de mañana, ¡qué madrugones!; que se quite eso de 9 a 5. ¿He dicho hotel? Pues esta ha sido nuestra casa estas últimas semanas:




No es el Alfonso XIII sevillano, pero no está tampoco tan mal. Aunque eso sí, mu aburrio. Y como estaba a las afuera de las afueras, de actividades extralaborales nanai. Pero vale, que estábamos trabajando, que hay que aprovechar el tiempo, que para eso nos pagan. La comida no estaba tan mal. Muy yanqui, pero bueno, se podía comer. Eso sí, nada más que podíamos, nos escapábamos a probar otras exquisiteces de la gastronomía de esta zona estadounidense (¡qué ganas tenía de meter esta palabra, estadounidense!). Otra afotillo:



¿He mencionado algo sobre el ocio? Vale, ahora toca. Los americanos dedican el finde  a pirarse  a los centros comerciales y pasar todo el sábado y domingo comprando y consumiendo a lo bestias. Mira, otra foto:


Lo que se ve detrás del restaurante es como un carrefú de los nuestros pero a lo bestia. Si quieres comprar un bote de mayonesa ni se te ocurra, de a kilo los venden.  ¿Un televisor? ¿Estás loco? ¡Son como pantallas de cine! ¿Una réflex? Vamos a dejar el tema de la réflex.

Bueno que estoy en casa y dispuesto a dar la tabarra de nuevo. Por cierto, ya que he mencionado el tema de la réflex, las fotos la he hecho con mi celular (el intérprete que teníamos era de Puerto Rico). La iluminación no es muy buena pero es que el tiempo en esta zona del medio-este americano es una verdadera porquería.

Como no he podido desearos unas felices fiestas, una buena Noche Buena, valga la redundancia, y como soy un poquito agnóstico aprovecho para desearos un feliz 28 de Diciembre.


Enga, dentro de poco, cuando me españolice de nuevo, os sigo contando historias.