Bueno, aprovechando que mañana es
fiesta en Sevilla, festividad de San Fernando nuestro Santo Patrón voy a
intentar retomar La Bodeguita. Por
cierto, gracias Nando por este día de asueto y ya, si eso, iré un día de estos
a ver tu momia incorrupta acompañado de mi hija nada más que por ver la cara
que pone mi princesa.
Ando embarcado en un proyecto que
me ocupa el poco tiempo libre que tengo. Eso y una flojera blogueril y de la
otra, de la normal, vago total para que me entendáis, hace que abra con poca
frecuencia este humilde y abandonado blog.
Pero bueno, ahora me pongo al
lío. Lo primero las estadísticas. ¡Ostras! Esto no me lo esperaba. Mira lo que
me encuentro:
No me lo explico, a saber:
escribo poco, comento otros blogs menos todavía, no abro La Bodeguita ni por
casualidad y me encuentro que tengo una jartá
de visitas de los USA. Esto nunca me había pasado. Será porque desde que tienen
nuevo presi no saben qué hacer y pierden el tiempo con un servidor. O será que
las gente del efebei me espían a diario como si yo fuera un
pretendiente a pirarme a ese gran país al norte del rio Pecos. También puede
ser que los buenos yanqis se estén
documentando sobre esta mariana ciudad y quieren venir a ver las procesiones
que salen todos los fines de semana. Tal como suena, el pasado fin de semana salieron
por las calles de la ciudad diecisiete. ¡Qué le gusta a un sevillano una banda
de cornetas y tambores y un paso! Tranquilos americanos de América del Norte,
aparte de las hermandades que salen en Semana Santa, podéis disfrutar de una
procesión cualquier sábado o domingo.
Al lío. Amigos de EEUU, si leéis
este blog más abajo os dejo un video de la buena gente de PATAX. Hacen música
internacional pero con un toque aflamencao,
tal como suena. ¡Y como suena! Así que decirle a Don Donald, que si tiene lo
que tiene que tener, en la próxima final de la Superbol esa, saque a cantar su himno a esta buena gente que
cantan tela de bien. Por mi parte me pondré en contacto con ellos para que
saque una versión del nuestro y en la próxima final futbolera lo canten al
principio del evento. Seguro que nadie pita y todos jalean y tocan las palmas.
Enga, a disfrutar de la
música, o no, que también puede ser, pero lo dudo.
Como siempre, para disfrutar verlo a pantalla completa.
¿Os acordáis de Aitor, el
chavalín de siete años, barcelonés y aficionado del Betis? Hace unas entradas
conté su historia gracias a un video de “El Día Después”. Bueno, pues resulta
que el Real Betis Balompié lo invitó al Estadio Benito Villararín para que
conociera el campo, las instalaciones, los jugadores y de camino viviera un
partido como solo los béticos sabemos vivirlo.
Fue el pasado domingo en un
encuentro contra el C.D. Alavés. Del
resultado mejor no hablo, paqué, si totá, estamos acostumbrados. Si
comentaré esas lágrimas, esa sensación de impotencia, ese disgusto que se
llevó el pobre crío. Quizá aprendió el significado del manque pierda, pero la grandeza de Aitor está demostrada, su padre
se encarga de ello. Al final del partido él mismo, apenado como estaba, consoló
a la madre de Dani Ceballos, el dorsal 10 de su Equipo.
Tu tranquilo, Aitor, eres joven,
te queda mucho por ver y por disfrutar de tu equipo. Seguro que tu padre te
recordará que esto es futbol, solo un deporte que nos da alegría y tristeza.
Pero ten en cuenta una cosa, te lo dice otro Bético que ha vivido lo bueno y lo malo, se acaba el partido y se
acaba el disgusto. Sales del campo y se acabó todo. Ahora a pensar en el
próximo partido. Tranquilo Aitor veras como dentro de poco te olvidas de los
disgustos. Disfruta de tu equipo como hacemos los demás: ¡¡manque pierda!!
Papá de Aitor, quillo, sigue
educando a este chaval así, vas por el buen camino y eres un ejemplo de cordura
en este deporte tan trastornado últimamente. A ver si las televisiones le
dan repercusión a tu hijo y no a esos
energúmenos que, diciéndose hinchas del Betis (o de cualquier otro equipo) lo
único que demuestran que son unos delincuentes.
Hace tiempo que no hablo de mis
vecinos los señores Bomberos. Para los afortunados habitantes de este barrio son un vecino más.
Parece que han estado aquí toda la vida. Y de verdad que se le aprecia mucho.
Están totalmente integrados, como no podía ser de otra forma. Colaboran en
todos los eventos, en la cabalgata de Reyes, cuando sale la Hermandad, con
campañas de recogida de alimentos, ayuda a los mayores, felicitándonos el año
nuevo con sirenas y fuegos (artificiales, claro, todo bajo control) y un largo
etcétera. Ya comenté hace tiempo lo del árbol de los peluches, que sigue creciendo en colorido e ilusión.
Creo que la gente de Pinoloko
(Pinomontano para los foráneos) no sabe la suerte que tenemos conque, en pleno
centro del barrio, esté situado un parque de bomberos.
Resulta que estos buenos señores,
por cuestiones obvias de su profesión,
están continuamente probando sus equipos y practicado sus habilidades. Por
ejemplo, a las nueve de la mañana y a las nueve de la noche, en los cambio de
turnos, comprueban todos los elementos de que disponen para realizar su labor.
Que nuestro querido y “cooperante” ayuntamiento, les facilita o les compra, un
nuevo camión autobomba chiquitito para que puedan entrar por las estrechas
calles del centro, nada, que se ponen todos a conocer las nuevas prestaciones
de los vehículos para que no les pille a contramano cuando lo tengan que
utilizar. Hasta prueban los equipos de espuma en la calle con la lógica
algarabía que provocan entre los paseantes.
Bueno, pues ahora tenemos que
probar el fistón de pantalla. Creo que
se llama así, má o meno, a lo mejor
es festón. Y ¿esto qué es lo que es?
Pues una especie de fuente portátil que sirve como pantalla y de camino controlar zonas
de esas radioactivas, o refrescar los espacios que han sido devorados por las
llamas, o autoprotegerse con esta fuente portátil. Y ¿dónde y cuándo probamos el fistón o festón, como se llame? Nada más y
nada menos que en la puerta del parque de bomberos y en pleno Agosto. Aquellos
que por diversa cuestiones no estamos en la playa disfrutamos ¿disfrutamos? ¡Que vá!, los que disfrutan de
verdad, los que se lo pasan bien, son la gente menuda. Y aquí la prueba.
Dos
fotos hechas con mi móvil (ya sé que soy muy pesaito, pero es que no tengo réflex).
Los críos se lo pasan de lujo con
las ocurrencias de sus vecinos de toda la vida.
Pero no todo va a ser alabanzas y
reconocimiento al Cuerpo de Bomberos de Sevilla, no, también tengo quejas.
La primera: tienen una chimenea
en el parque. Es la única chimenea en funcionamiento que les queda a los
apagafuegos. Originalmente, y actualmente, servía para secar sus trajes después
de las múltiples salidas. ¿Que me quejo?¡Po claro que me quejo!
Esos días de invierno, en Sevilla cuando hace frío es que hace frío, pasas por
la esquina del Parque y hueles a leña, a candela, a encina bien quemada; joé que envidia más cochina. Pero
envidia dura y pura. Es que te entran ganas de
dejarte hipnotizar por la magia de una buena chimenea. Hasta te entra
apetito.
¿He dicho ganas de comer?, ¿he
dicho apetito?,la segunda queja.
Hay algunos de ellos que hacen de
comer, ¿cómo lo diría?, pues hacen de comer que alimenta solo con oler los guisos, los arroces, los cocidos o lo que
preparen para el almuerzo o la cena.
Estas a cincuenta metros de la ventana de la cocina y empiezas a salivar y el
estómago te dice sin palabras eso de que rico tiene que estar lo que tienen en
los fogones. Incluso hay vecinas que entran y les preguntan cómo hacen el adobo
para los boquerones que parece que estamos en Blanco Cerrillo en la calle
Tetuán o Velázquez, donde quiera que esté ese templo gastronómico.
Enga, que estas son las quejas que tengo. La chimenea con buena
leña y él o los cocineros de turno.
Ahora le doy al botón de publicar
y me doy una vueltecita por la esquina de la calle Agricultores con
Sembradores, justito donde está la ventana de la cocina, creo que hoy toca
paella, y ¡qué paella! Hasta mi ventana llega el sabor, digo el olor.
Bueno, que antes de hablar de la
Feria, la primera entrega de lo de la Expo. Pues sí, yo tuve la suerte de
disfrutar de seis meses irrepetibles. Por cuestiones laborales, en mi anterior
curro, conseguí el pase de temporada. Uno para mí y otro para mi sufridora. Mis
niños eran pequeñitos y entraban por la cara. Por sus caras bonitas y porque no
tenían edad para pagar la entrada correspondiente.
Seis meses en aquel recinto
irrepetible dan para mucho, y en estos días que se cumplen veinticinco años del
evento, nos hemos dedicado en casa a desempolvar recuerdos, fotos, videos y cosas
por el estilo para rememorar lo vivido desde el 20 de abril hasta el 12 de
octubre de aquel año mágico. Pero lo primero es lo primero.
Tenemos un artilugio que nos
dieron en la plaza Sony. En este espacio al aire libre había un peaso de pantalla de televisión (la gente
de Sony creo que pusieron algo de su
parte) y casi todos los días teníamos un concierto de los grupos más punteros
de la música del momento. Pero lo que he dicho, nos dieron un cacharro que,
para los calores de aquellos días, aliviaba una mijilla la canícula sevillana.
Pero lo bueno del tema es, que a
pesar que han pasado 25 tacos del evento, el artilugio sigue funcionando como
el primer día. ¿Gastos de energía? casi ningunos. ¿Funcionamiento? lo más
simple. ¿Su principal componente? Un tipo
de material sintético obtenido mediante fenómenos de polimerización o
multiplicación semi-natural de los átomos de carbono en las largas cadenas
moleculares de compuestos orgánicos derivados del petróleo y otras sustancias naturales o lo que es lo mismo, plástico duro .
Eso sí, tiene una poquito de publicidad. Los cacharros gratis ya
sabemos que tienen, que te guste o no, te tragas los mensajes subliminales que
te cuelan.
Pero que no hay problema, lo que
anuncia el elemento objeto de esta entrada la mayoría de la gente no tienen ni
idea de lo que son. A saber: un radiocasete de doble pletina (ni idea,
¿verdad?); un walkman (esto ¿qué es lo que es?); un Discman (esto lo explico: un
reproductor portátil para escuchar los cedeses
de “Los Manolos”, por ejemplo). Cuidaito
que en letra pequeña pone eso de “walkman and discman are registered trademarks
of Sony Corporation”.
Bueno, vale, ¿Dónde guardamos el
artificio? Pues mi señora esposa lo guarda en el salón de casa, entre en el
libro de “1080 recetas de cocina” y el de “Memorias de una geisha”. ¿Cuándo lo
usa? Muy a menudo, por ejemplo antes que empiece la caló de verdad y enchufe el bendito aire acondicionado. O, por
ejemplo, cuando hace la ración diaria de
pescaito en blanco para el Quillo y
sale demasiado caliente para su esquisto paladar. Un pequeño inciso, el Quillo
es el gato de mi mujer y mis hijos. A mi me sigue odiando y eso que el próximo
23 de Junio cumple diecisiete años.
Conmigo está tan cabrón como el
primer día, en eso no cambia.
Bueno venga, las fotos del
cacharro. Las he hecho con mi teléfono, para variar. Es que sigo sin réflex de
momento.
Anverso
Reverso
Lo dicho, esto funciona como el
primer día, desde hace veinticinco años con uso diario. Creo que le quedan
otros veinticinco años mas.
Bueno, venga, que sigo, o empiezo
a empezar otra vez. Como buen sevillano me toca hablar del aniversario de la
EXPO92, pero este acontecimiento merece toda una serie de entradas y resulta,
que lo más próximo en el tiempo ha sido la Semana Santa. Y si quiero seguir
siendo buen sevillano (os recuerdo que buen sevillano no es sinónimo de
ombliguista, o si, que también puede ser) tengo que comentar lo de la última Madrugá. Lo de la Expo para más
adelante, ahora lo de las avalanchas.
Este año me he librado, entre
otras cosas, porque no fuimos a “disfrutar” de esa noche mágica. Mira que le
insistí a mi sufridora esposa, pero nada, que este año no se encontraba con
ganas de ver a sus “Gitanos” y a su “Calvario” en la calle a eso de las cuatro
de la mañana, en el caso del “Manué”, o buscar por las calles del centro a la
hermandad de su padre de regreso a la plaza de la Magdalena horas más tarde.
¿He dicho que insistí mucho? Pues sí, una vez, tampoco hay que ponerse pesado.
Pero que conste que se lo pregunté y estaba dispuesto a acompañarla.
También he dicho que este año me
he librado porque tenemos experiencia con avalanchas de esas. La primera en el año 2005. La única y la última vez que
nos acompañó nuestra hija. Esperando para ver el paso del Gran Poder, en la esquina de la calle San Miguel, sin
saber cómo, a escasos metros empezó la gente a correr en nuestra dirección. Sin
avisos, sin consignas, sin saber porque, el caso es que con un ruido ensordecedor y temblor en el suelo nos vimos
en medio de la avalancha. Como pudimos nos aferramos a una reja y dejamos pasar
la marabunta por nuestro lado. Como vino se fue. Duró un minuto más o menos. La
cosa se calmó y la gente, con el miedo en el cuerdo y el lógico nerviosismo,
siguió como pudo esperando al Señor de Sevilla. Lo que he dicho anteriormente,
mi hija nos dijo eso de “una vez y no más, santotomas”;
desde entonces, si puede, se pira a
la playa en estos días. Mi hija en lo cofrade sale a un servidor, cosa que a mi
mujer le da mucho coraje.
La segunda avalancha nos ocurrió
hace dos años. Estábamos en la calle Matahacas esperando al paso de la Virgen
de las Angustias. Un inciso, lo de reflejar los lugares donde nos ocurrieron
los sucesos es para que os deis cuenta que, a pesar de que no soy capillita, conozco los lugares
estratégicos donde ver las cofradías señeras, que son todas, claro. Bueno los
sitios recomendados los conozco yo y todo el mundo, pero mi mujer es de las que
le gusta llegar con tiempo. Después del inciso sigo.
Esperando al palio de los
Gitanos, de buenas a primera sentimos un estruendo acompañado de una especie de
terremoto, gritos, carreras, llantos, histeria. Nazarenos mezclados con
penitentes y con público, todos corriendo sin saber porque y de qué. Si no
habéis llevado una túnica de nazareno, imaginar lo que se siente con un antifaz
que apenas te permite ver hacia adelante, y te empujan, te arroyan y ves a tus
compañeros de tramo precipitarse a tu
lado. Pero esta vez tenía experiencia, por lo ocurrido años atrás y porque para
eso pertenezco a la brida de emergencia de mi empresa. Protegí a mi cónyuge en
un portal y me dediqué a tranquilizar a la gente. Más que tranquilizar lo que
hice fue apagar cirios, sujetar cruces e intentar parar a los corredores para
que no arroyasen a la gente que estábamos en el portal. Pasado dos minutos o tres, el asunto se
volvió a tranquilizar. Junto a nosotros se quedaron un par de nazarenas, se
habían quitado el antifaz, llorando angustiadas y con un ataque de nervios que
contagiaba a todos los que estaban a su alrededor.
Entre llantos pudimos
entender que, tras la estampida, estaban
perdidas. Su familia las esperaban en la cercana plaza de San Román, pero ellas
no tenían fuerza ni de ponerse de pie. En esto llegó mi amigo Alejandro. Ale es
componente de la cuadrilla baja de Hermanos Costaleros de la Virgen de las
Angustias. Con la tranquilidad que te da la experiencia de muchos años bajo las
trabajaderas, con las instrucciones
que te da tu Hermandad después de lo sufrido en el año 2000 y con el cariño que
un hermano trata a una hermana, Ale consiguió tranquilizarlas. No preocuparos,
les dijo, ahora me voy a preparar el costal
que en San Román hacemos el relevo, si hace falta os metéis debajo del paso. Lo
primero es buscar a vuestro diputao
de tramo que estará preocupado. ¡Y seguro que encontramos a vuestras familias!
Mientras sujetaba la arpillera
con las rodillas y enrollaba la morcilla,
tuvimos un ratito para hablar sin que las nazarenas, ya más tranquilas, se
enterasen de nuestra conversación. ¿Sabes que ha pasado? Mira, me contestó Ale,
ahí atrás, en los bares, suma cubatas más cubatas, más cubatas, ¡quillo no me empujes! ¡Te voy a dá! Ná, lo de siempre cuatro niñatos que
no saben diferenciar una Madrugá con
una madrugada. Uno que se asusta, sale corriendo y la gente, sin saber porque,
corre también. Pero ya se ha acabado todo.
Ale se marchó buscando su lugar
para relevar a sus hermanos de la cuadrilla alta acompañado de las dos
nazarenas con sus antifaces de terciopelo morado y sus túnicas y capas blancas.
La pregunta final, que pa lo poco que publico me enrollo tela:
¿Es compatible la Semana Santa con otro tipo de cultura? ¡po claro que sí! Con ubicación, claro. Un ejemplo, el gran Silvio.
Silvio Fernández Melgarejo, uno de los mejores rockeros españoles, hizo una
versión de la canción “Preghero” (Rezaré) de Adriano Celentano. Hace poco, otro
músico sevillano Pablo Gañán conocido con Señor Gañán, ha hecho otra versión de
esta canción dentro de su disco “Por un mundo mejor”. ¿Y de quien se acompaña
en el disco? Pues de algunas de la mejores bandas de cornetas y tambores
sevillanas.
Aquí os dejo el video por si lo
queréis ver. Tiene que ser a pantalla completa y con el volumen subidito. Y sí,
quien acompaña al Señor Gañán es la banda la Centuria Macarena y no
pasa ná, pero es música ¡y que música!
El video procede de la Tertulia
Cofrade La Soga de Judas (el nombrecito de la tertulia da que pensar)