miércoles, 10 de abril de 2013

Buenos dias




 Foto a las 20:30 antes del cambio de turno. (!quiero una reflex!)

 
Leyendo el blog de una granaína de pro,  que suelo visitar, me encontré hace unos días con una entrada que me llamó la atención. Salvando las distancia ya que ella es mujer y encima joven, me hizo recordar lo importante que son unas palabras adecuadas para alegrarte la triste existencia que creemos tener. La entrada en cuestión es esta (a ver si me sale el enlace):  Cuaderno de Bitácora

Nos ponemos en antecedentes.

 Me toca, otra vez, el turno de noche en la fábrica. Encima estos días en que todo lo que puede salir mal sale peor. Las máquinas están puñeteras y no quieren trabajar. Lo que nunca falla se fastidia. Tu personal anda obnubilado y no está por la labor de echarte una mano. Para colmo, mi jefe directo, aprovechándose de los años que hemos trabajado codo con codo antes de su merecidísimo ascenso y conociéndome como me conoce, no se le ocurre otra cosa que destinarme a los sitios más “responsables” y más “amenos” de todo el “complejo industrial” donde presto mis servicios como currante. Unas noches largas como ellas solas y con marrones de los buenos. Para acabar la jornada, y de vuelta a casa, no me puedo acostar y descansar como creo que me merezco.  Resulta que mi princesa anda de exámenes parciales y tengo que acercarla a la Facultad a primera hora (hora y media antes, para ser exacto) con el noble y responsable objeto de que pueda coger sitio en la biblioteca y poder prepararse los puñeteros exámenes con la tranquilidad que da estar rodeada de tropecientos estudiantes o estudiantas. 

Venga, Naranjito, que a estas horas no hay tráfico en Sevilla. ¿A las ocho y media? ¡Y un mo…ón pa mí! Los poquitos que trabajan en Sevilla están a estas horas pululando por las calles en las que yo tengo que pasar. Autobuses a rebosar,  la única línea de metro que tenemos de bote en bote, coches por un tubo. Pero tranquilo Naranjito que desde la zona de Viapol a Pino Montano se tardan diez minutos en tu peazo de coche made in Rumania. ¿He dicho diez? ¡El que dice diez dice veinticinco!.

Bueno, que llego a mi chabola a las nueve menos cuarto después de una noche para deseársela a nuestros queridísimos políticos y unas primeras horas del día escuchando las noticias en la radio (Ya lo sé, soy masoquista. ¡Pudiendo escuchar los grandes éxitos de Boney M, me flagelo con la olvidada prima de riesgo y el corralito de los co…nes!)

Total, una noche y un amanecer para que me suba el colesterol malo, el ácido úrico, los triglicéridos y la mala leche. 

Y ahora al grano.

 Vivo pegado a dos colegios, un parque de bomberos, una churrería, un supermercado “pa los desavíos”, un kiosco de prensa, una tienda de los chinos, (que raro), ocho bares (gracias), una parada de autobús,… Dejemos lo superficial y quedémonos con lo importante, mis vecinos los bomberos y los dos colegios de primaria.

Pues resulta que los bomberos hacen el cambio de turno a las nueve de la mañana y a las nueve de la noche. Cada turno entrante tiene que pasar lista y comprobar todos los elementos que tienen a su disposición para ejercer su impagable labor con las mejores garantías. Por cierto, que alivio da cuando salen y escuchas las sirenas alejándose, alejándose, alejándose, ale…. Comprueban todo exhaustivamente: las bombas de achique, el nivel de los tanques de agua, el depósito de gasoil,  las herramientas, las mangueras, los extintores, los cuatro o cinco tonos de sirenas, los megáfonos… Sí, también comprueban los megáfonos, mira por dónde.

Po eso, que llego a casa con cara y cuerpo de mosqueo permanente, aparco junto a mi bloque, ¿he dicho mosqueao?, po también agobiao, y escucho al bombero probando el megáfono del camión.
-¡BUENOS DIIIIAS, BEREBEREEE BEREBEREEE! VECINOS QUE PASEIS UN BUEN DIA Y, NIÑOS, PORTAROS BIEN EN EL COLE Y HARCELE CASO A VUESTRAS MAMAS. ANIMO QUE YA SON LAS NUEVE.

Este bombero me alegra las mañanas. El mosqueo y el agobio se me quitan un poco y,  con su buen humor, hace que te despreocupes de las cosas sin importancia y te fijes  en  la simpleza de unas palabras amables. Y eso que a él le queda una  larga jornada por delante en un trabajo  lleno de riesgos con treinta o cuarenta salidas por turno.

Gracias bombero desconocido y gracias a tus jefes que de vez en cuando te cambian de destino. Es que no todas las mañanas llego mosqueado del trabajo. !Quillo tú sabes el salto que pego de la cama cuando escucho eso de -¡BUENOS DIIIIAS, BEREBEREEE BEREBEREEE!


sábado, 6 de abril de 2013

En el sitio preciso, en el momento exacto





 Imagen rebuscada en interne

Una vez terminada la carrera de derecho le quedaba otra carrera aún más ardua. Ahora tocaba colegiarse, buscar un bufete donde ejercer como pasante, apuntarse al turno de oficio para coger experiencia, montar su propio despacho… Pero resulta que estaba en el sitio preciso, en el momento exacto.

-Necesitamos un juez sustito para el juzgado de (pongamos un pueblo sevillano famoso por los mostachones), ¿te interesa?

Le faltó tiempo a mi amiga Conchi para hacer el juramento como juez o jueza, que no sé cómo se dice, y salir pitando para tomar posesión del cargo.

El juzgado de esta localidad estaba en una calle conocida por la Calle de las Niñas y lo componían tres juezas y un juez. Ahora si digo jueza porque de eso se trata la historia. Otra cosa, el nombre de la calle no tiene nada que ver con las togadas, sino que hace referencia a que en esta vía, en los años cuarenta, existían varias mancebías. 

El motivo de la sustitución era suplir la baja maternal de una de las titulares. Entre el preparto, el parto y la lactancia, se llevaría unos cuantos meses trabajando. El primer día: juez de guardia, el primer caso, el primero de todos: levantamiento de cadáveres en un accidente de ultraligeros. Empezó fuerte mi amiga pero el cargo, aparte de juzgar denuncias por robo de gallinas, también tenía estos desagradable menesteres.

Justo una semana antes  que la sustituida se incorporaba al trabajo, recibió una buena noticia. Otra de las juezas en activo también se quedó preñada. ¡Viva el babybun de los ochenta! Bueno, quien mejor para sustituirla que la jueza sustituta conocida por todos. Otros cuantos meses ejerciendo la judicatura. 

Ella contándonos la última buena noticia y yo aprovechando la oportunidad de hacer chistes fáciles.

-Conchi, si quieres seguir trabajando, antes de que se incorpore, preséntame a la tercera colega tuya que yo me ofrezco a … ¡Ay!-Todavía me duele el pellizco que me pegó mi mujer en el costado de babor, y eso que hace más de veinticinco años de esta historia.

Pero no fueron necesarios mis servicios varoniles. Aunque parezca mentira, la tercera jueza se quedó embarazada justo antes de la incorporación de la segunda parturienta. ¿No he dicho antes eso de estar en el sitio preciso en el momento exacto? 

Aún recuerdo la lata que le daba a mi amiga. Una, vale; dos, coincidencia; pero ¿tres? ¿A que santo te encomiendas para que tus compañeras se preñen? Qué pasa ¿Qué se han puesto de acuerdo? ¿Y ahora qué hacemos con el cuarto? Porque este de quedarse embarazado me parece que ni mijita. 

-No, Naranjito, M. (me ahorro el nombre porque creo que ahora ejerce en los Juzgados de mi ciudad y hay que llevarse bien con estos profesionales) está casado y con hijos. Y no piensa traer más. De salud, fenomenal y es un gran deportista que juega al futbol en una liga amateurs.

El primer día que dejó de ejercer, la tercera nueva mamá ya se había incorporado, Conchi  estaba preparando la documentación  para colegiarse cuando sonó el teléfono. Soltó sobre la mesa su extenso currículo y atendió la llamada.

-¿Doña Concepción? Le llamamos del decanato, nos gustaría que se pasara por la sede para formalizar una nueva sustitución, si le interesa. Esta es “solo” por tres meses, es que M, su compañero del juzgado de (aquí pondremos otra vez el nombre de un pueblo sevillano famoso por los mostachones) ha tenido un pequeño percance este domingo.

-¿Qué le ha pasado?, preguntó mi amiga Conchi, perdón, Doña Concepción.

-Nada importante, jugando al futbol en Pino Montano, un defensa del equipo rival le ha entrado duro y sin querer le ha producido una lesión del ligamento cruzado anterior de la rodilla izquierda.


ALEGACIONES:
 Este  implicado en la historia nunca ha jugado al futbol en la demarcación de defensa. Siempre lo ha hecho como portero hasta que su pequeña miopía le impidió ver con claridad los tiros a puerta de más de veinte metros. Continuamente ha jugado en plan aficionado y cree recordar que por aquellos años competía contra equipos formados por impresores, otro de taxistas, otro de  médicos o incluso de funcionarios, pero sin  recordar a que Ministerio pertenecían. Y para que conste, solo le sacaron una tarjeta amarilla por decirle a un jugador de su mismo equipo, defensa central por más señas, la frase: “eres un animá, tas cargao al nota este”.

miércoles, 3 de abril de 2013

La Susi




Imagen rebuscada por interné

Hace unos días se  jubiló La Susi. Así, con artículo y en mayúscula, me gusta escribir su nombre. Encima he tenido la suerte de ser testigo de sus últimas horas como operaria y compañera. La llamaron del departamento de personal para hablar con ella, y no se le ocurrió otra cosa que pedirme permiso para ausentarse de su puesto de trabajo.

 -Eres tonta Susi, ya estas tardando en correr a la oficina que me imagino para lo que te llaman. Y no tengas prisa en regresar al tajo   que ya me encargo yo de suplirte el tiempo que haga falta.

Regresó con una sonrisa y el rostro iluminado. Nada más verla supe que la reunión había merecido la pena.

-Cal’lo, es que son más de cuarenta años trabajando aquí y si no aprovecho ahora que todavía me encuentro joven, tú me dirás. Tengo que consultar con mi gente tres o cuatro cosillas pero esta tarde llamo y quedo para firmar.

Susi, perdón, La Susi, pasó sus últimas horas contándome como  se trabajaba en la época en la que ella entró. Todo era a mano, había muchas mujeres y las jornadas eran agotadoras. Las condiciones de trabajo, el ambiente, los esfuerzos físicos. Los pocos camiones se cargaban caja a caja. Así todos los días. Ella relatándome esto y yo mirando alrededor. Han cambiado las cosas ¿verdad?

-Y que lo digas, fíjate que antes en estas líneas había quince personas y hoy sois tres lo que lleváis todo esto pa´lante y automático.  Se cargaban uno o dos camiones al día y hoy entran en el muelle más de doscientos. Los poquitos que quedamos de mi edad sabemos lo que era esto. Antes era Saquito y poco más y ahora, ¿cómo se dice?  ¡Ah sí! High Diswashing Liquid o esto que estamos haciendo Automatic Dishwasher. ¡Que modernos somos!

A las tres menos cuarto ya no podía más con los nervios, daba vueltas alrededor de la máquina, pendiente de que no fallara y que todas las cajas llevaran  sus correspondientes doce paquetes. La esperaba su sobrina para llevarla a casa y ella deseando “consultarle” la propuesta que le había hecho la empresa.

-A vé, Asunción de mi arma, ¿se puedes saber que estás haciendo?
-Es que todavía no son las tres – me respondió.
-Anda, coge tu bolso y corre para la calle, por la puerta principal, la que conoce todo el mundo que pasa por la autovía de Málaga. Cuando salgas, mira hacia arriba, al rótulo luminoso que adorna el techo donde has pasado casi toda tu vida, y piensa que tú y muchas como tú habéis sido participes en conseguir que esta empresa se haya convertido en lo que es hoy en día en España y en Europa. 

Con La Susi coincidiré una vez al mes, con ella, con otros jubilados y con compañeros y compañeras en activo.
Allí, en la cola para recoger un lote de productos que la empresa nos obsequia todos los meses me fijaré especialmente  en mis jóvenes compañeras. Estas no visten de uniforme como vestía La Susi, pero también son trabajadoras; de I+D+I, de marketing, de laboratorio, de programación, de financiero, de la Fundación, etc. En definitiva mujeres trabajadoras que nunca deben olvidar a Compañeras como La Susi, que entraron con veinte años y se han llevado toda una vida dentro de estas paredes, trabajando con sus manos y cargando con sus riñones para sacar a sus familias adelante.

Bueno Susi, eres la penúltima de una generación de trabajadoras de otra época, ahora espero que descanses y te dediques a disfrutar de los tuyos. Tus compañeros te echaremos de menos pero nos alegraremos por tu merecida jubilación.

P.D. Junto a La Susi tambien se han jubilado  varios compañeros, a todos les deseo un merecido descanso


viernes, 29 de marzo de 2013

La tata Adelita



Hace años que la tata Adelita no acapara la primera fila para ver la salida de la Cofradía de su barrio. Sentada en su vieja silla de enea, pegada a las piedras medievales que adornan la puerta de la parroquia, esperaba durante una hora para poder ver en la calle sus sagradas imágenes: Angustias de mi arma y mi señó Manué. En el interior del templo todo estaba preparado. Su hijo mayor era uno de los  componentes de la primera cuadrilla de  Hermanos Costaleros que portaban el paso de Cristo, su segundo hijo diputado de tramo y el pequeño y más alto de los tres, portaba uno de los ciriales de la Virgen. Una señora muy querida en el barrio y sobre todo en la Hermandad. De misa casi diaria, aunque un poco republicana, siempre discutía con el cura párroco. –Que no, Páter, que no, que la gente de mi marío, a quién mi señó Manué lo tenga en su gloria, no tuvo ná que vé con aquello del 36. Si él fue de los primeros en acudir a apagar el fuego que prendieron aquellos desalmaos.

Todas las madrugadas, bajo la primera luna llena de la primavera, esperaba fervorosa la salida. Y todas las madrugadas la esperaban a ella. Los primeros los costaleros. Antes de entrar en el templo para formar la cuadrilla, se pasaban a saludarla.

-Tata, otro año más. ¿También traes el jarabe? Venga una cucharaita.
-Adelita, un poquito de jarabe que tengo la voz fatal.

Ella sacaba del  bolso una botella de cristal con un líquido transparente, llenaba una cucharilla de café  y le daba a probar todo aquel que le pidiera.

-Toma hijo y que nuestro Manué te de fuerza para llegar a la Catedral y traerme a mi Cristo mañana de vuelta a eso del mediodía.

De esta manera casi todos los componentes de la cuadrilla. Más tarde llegaba el turno a los nazarenos. Antes de formar los tramos visitaban a la Tata Adelita, se levantaban el antifaz y una vez reconocidos por ella, probaban el jarabe. Algunos pequeños nazarenos también lo intentaban.

-Niño pa ti no hay jarabe, cuando lleves cirio ven y me lo pides, que todavía llevas vara.

En una ocasión el Hermano Mayor le preguntó por el origen del misterioso jarabe que hasta los acólitos lo tomaban.

-Me lo trae todos los años por Navidad mi cuñá Aguilita de  Alcalá, pero yo lo reservo pa mi gente güena que to las madrugá no vemos aquí.

Hace años que la Tata Adelita (nunca supe por qué la gente le decía Tata) no espera a la Hermandad de Los Gitanos en la puerta de San Román. Muchos vecinos del barrio la echan de menos y sobre todo los viejos nazarenos que, por antigüedad, prosesionan muy cerca de los pasos.

Por cierto, y para terminar, mañana he quedado con mi hermana para desayunar en Alcalá de Guadaira que es donde vive.  Hemos quedado en el bar Baltanas (“en cá Bartaná” dicen los alcalareños). Te ponen las mejores tostadas de pringá que puedas probar. De camino, me compraré una botella de ligaito. ¿Qué que es ligaito? Pues es un liquido transparente mezcla de anis seco y anis dulce. La proporción es un secreto, pero todo el mundo lo prueba desde hace muchos años. Con moderación y en contadas ocasiones, bridaré por la Tata Adelita, esté donde esté.

miércoles, 13 de marzo de 2013

¿Un error?



El protagonista de esta historia me ha dado permiso para contarla pero intentaré guardar la intimidad y no dar nombres ni decir el hospital donde ocurrió.

Pues resulta que la semana pasada, después de una noche más cumpliendo con mis obligaciones laborales, me paré a tomarme un café en el sitio habitual con  los parroquianos de siempre. Hacía tiempo que no veía a uno de ellos y al saludarlo me metí de lleno en la conversación.

-¿Cómo? ¿Me lo puedes contar desde el principio? Es que no me lo creo –le dije con mi habitual cara de incredulidad.

-Te lo cuento, Naranjito, te lo cuento. Llevaba mucho tiendo fastidiado pero me llegó el día. Los médicos ya me habían informado y yo, en principio, estaba preparado. La operación consistía en abrirme, sacar una pequeña muestra, llevarla sobre la marcha al oncólogo y esperar a que le pusiera apellido. Las opciones de apellido eran bien fácil: bueno o malo.  Si el apelativo resultaba ser bueno, me quitaban “lo manchado”, me limpiaban la zona, me volvían a cerrar y para casa.  Pero si por el contrario era malo la situación se complicaba. Y en mi caso resultó que era malo.
  Abrieron y me extirparon medio pulmón que era lo que tenía afectado. A las veinticuatro horas ya estaba yo pidiendo el desayuno y deseando que me dieran el alta.

Este que torpemente os cuenta esto, estaba perplejo con la serenidad con la que contaba la enfermedad y la intervención, pero mi perplejidad aumentó cuando siguió relatándonos todo lo acaecido.

-Días más tardes de la operación tenía cita con el cirujano para comenzar la rehabilitación  y aprender a respirar con un pulmón y medio. Sentados frente al médico, mi mujer y yo nos quedamos de piedra cuando nos dijo aquello de “tengo que comunicaros algo”. Nos temimos lo peor. Aún veo la cara del médico. “Hemos analizado lo que te extirpamos y el resultado de todos los análisis ha sido negativo, no era malo”. Fue un alivio, una tranquilidad, pero horas más tarde empecé a darme cuenta de la situación. Llevo dándole vueltas a lo ocurrido y no sé lo que debo hacer. ¿Que no era malo? ¿Error médico? ¿Negligencia? ¿Falta de medios? El caso es que me han quitado medio pulmón que no me tenían que quitar. Por un lado me alegro de no tener esa maldita enfermedad, pero por otro lado me irrito cuando pienso que me falta algo dentro de mí.

Todos los que estábamos allí decíamos lo mismo, que denunciara, que la persona que cometió el error no lo pueda  volver a cometer, que si el sistema no funciona que lo cambien. Para nosotros era muy fácil opinar e incluso hacerle chistes fáciles sobre los “recortes”. Todos entendíamos más de leyes y de derechos  que un juez decano, pero al que le faltaba medio pulmón era a él.

Hace un par de días me lo encontré de nuevo paseando a su mastín, que más que perro es un caballo por el tamaño que tiene. Le pregunté cómo iba  la rehabilitación y la decisión. Es una persona instruida y con los pies en el suelo y ha meditado mucho sobre el asunto.

-Ya tengo todos los informes y me he puesto en contacto con un abogado especialista en estos casos. Voy a ir a por todas. Ayer me agaché en mi casa para arreglar un grifo y note que me faltaba el aire. Ya te contaré como sigue todo esto.     

Lo dejé paseando a su perro y seguramente pensando en los protocolos de actuación y análisis, en la profesionalidad del personal sanitario del que no tiene ninguna queja, de la rapidez con la que se toman decisiones tan importantes, pensando en que el cirujano hizo un gran trabajo en la operación y cuando le comunicó los resultados, pensando en…