jueves, 7 de mayo de 2020

De personas cultas y reciclaje




Que la cultura está regular en estos días es bien sabido por todos. Cines, teatros, conciertos, exposiciones, librerías y un largo etcétera. Bueno, po de libros, reciclaje y personas cultas va esto.

Resulta que en mi barrio tenemos a nuestra disposición un Ecopunto. ¿Que qué es esto? Pues un lugar donde depositar una jartá de elementos para su posterior reciclaje.  Hace tiempo, y después de una ardua investigación por mi parte, escribí unas torpes letras detallando la utilidad de este equipamiento urbano que Lipasam, la empresa de limpieza pública del ayuntamiento sevillano, pone a disposición de todos los habitantes de la vieja Híspalis. Si queréis recordarlo o conocerlo, aquí pongo el enlace: aquí el enlace.



Vale, ¿ya?,  Enga, ahora lo de las personas cultas.

Como se puede apreciar en la foto (hecha con un teléfono, no tengo réflex todavía) en la parte de la izquierda, está la zona para el intercambio de libros. Los que ya no quieras, no te gusten, te estorban, sean un tostón o simplemente quieras desprenderte, los colocas en el estante y otra persona los recoge y disfruta de ellos. Antes de todo este follón que tenemos por lo de confinamiento, siempre había libros y revistas. De todos los gusto, desde como echar las cartas del tarot hasta tratados de filosofía. Y de revistas ni hablemos, científicas, de viajes, de cotilleos, de cotilleos e incluso de cotilleos.

Pero ahora la cosa ha cambiado. Con muy buen criterio han cerrado con unas cintas este cubículo para evitar posibles contagios. Y aquí viene lo de la cultura.

A ver, mentes cultivadas, si hay unas cintas para no pasar, no pases. Si hay unas cintas para no utilizar algo, no lo utilices. Esto es de persona culta.

Si tienes una licuadora que no funcione o un exprimidor de frutas del año la polca, o un cacharro que no sé lo que es, no lo dejes en el sitio de los libros. Hay otros lugares donde depositarlo. Esto es de persona culta.

Si hay un cartelito que dice que debido a la situación de emergencia, el punto de intercambio de libros está momentáneamente fuera de servicio, haz caso a la información. Esto es de persona culta aunque lo que vayas a tirar no sea un libro.

Y por último, que tengo cita con mi peluquero, lo otro que había es una mapa de las costas andaluzas. Pero ¿todavía hay gente que tienen mapas en papel? Eso sí que es de persona culta.



domingo, 3 de mayo de 2020

Dehesilla de Arriba y las normas



Basado, un poco, en hechos reales, lo juro.

Dehesilla de Arriba es un pueblo ejemplar. Situado sobre una loma, domina un fértil valle lleno de chopos, hayas, robles y castaños, bañados por un caudaloso río que nace en las cumbres cercanas. Una floreciente industria madera, una ganadería de ovejas, cabras, vacas, aves de corral y un incipiente turismo rural, son los recursos con los que cuentan sus habitantes. Viven tranquilos, con sus tiendas, sus bares, su centro de salud, sus colegios, su instituto de secundaria, su centro cultural, sus buenas carreteras y su clima serrano, suave en verano y soportable en invierno con agradables nevadas. Todo un paraíso  interior lejos de las grandes urbes.

Cinco mil un habitantes pueblan sus calles y plazas. Todos se conocen por sus nombres de pila o por sus motes heredados generación tras generación. Personas responsables, educadas, solidarios y conscientes. Desde que empezó todo esto de la pandemia han sabido encerrarse en sus acogedoras casas y cumplir con las disposiciones, órdenes, consejos y las normativas que dictan las autoridades pertinentes.

Más de cincuenta días confinados en sus hogares, sin salir nada más que lo imprescindible. Ni en las grandes y escasas nevadas invernales han estado encerrados tanto tiempo.  Por sus calles es el silencio quién campa a sus anchas. Ni la algarabía de los niños correteando por las empinadas calles, ni el murmullo de los mayores sentados bajo los pórticos de la Plaza Mayor jugando a la brisca o al dominó, ni él ronroneo de las parejas de jóvenes pelando la pava en los alféizares de las ventanas, nada perturba la cotidianidad impuesta por un virus venido de tierras lejas. Más de cincuenta días sin salir y cumpliendo a rajatabla las ordenanzas municipales. Más de cincuenta días sin contagios, sin patologías, sin infectados. Más de cincuenta días esperando un amanecer que los devuelva a su acostumbrada vida. Más de cincuenta días son muchos días.

Pero ha llegado el día. Por fin comienza la desescalada de esta cordada sin arnés. Las autoridades nacionales han anunciado las normas para poder volver a ser lo que éramos antes. Horarios para niños, para ancianos, para deportistas. Normas de obligado cumplimiento para todos. Y como deferencia, los pueblos de menos de cinco mil habitantes están exentos de cumplir con horarios y restricciones de reunión, de paseos, de salidas, de visitas a familiares y amigos. Pero Dehesilla de Arriba no cumple este último requisito.

Esto no es Dehesilla de Arriba, es él pueblo donde nací, El Pedroso y tiene 2020 habitantes.


Día uno de la Fase 0

El cabo González de la Guardia Civil recibió un mensaje a través de la emisora del coche patrulla. Debía dejar la vigilancia en el cruce de la carretera y dirigirse con urgencia hasta la fuente del Páramo del Abedul. Había aparecido un cadáver sin aparentes signos de violencia.

Mientras atravesaba el pueblo notó como la gente se asomaba a puertas y ventanas y lo seguían con  miradas cómplices. Al pasar por la Casa Consistorial observó como Agustín Rechatre, edil encargado del Registro Civil de Dehesilla de Arriba, le hacía señas para que parase el Nissan Patrol de la Benemérita.

—Por favor González, no tardes mucho con las diligencias que tengo que actualizar el padrón municipal y mandarlo al Instituto Nacional de Estadística para que sepan que somos cinco mil habitantes. Las normas están para cumplirlas.




viernes, 1 de mayo de 2020

Soy un incrédulo




Soy un incrédulo, no me creo na. Sera deformación profesional o quizá la sabiduría que te dan los años. Deformación profesional porque cuando mi jefe me dice eso de “eres el mejor, me gustaría tener muchos como tú”, al final me mete a trabajar el fin de semana y los compañeros que no son como yo, tranquilitos, de barbacoas y acordándose de mí. Que los años te dan sabiduría es algo que no hay que demostrar si has sabido aprender a analizar situaciones y sacar tus propias conclusiones. A ver cómo me explico. Un poco de símil cinematográfico:

Imagen de la red


Que a un astronauta se le escacharre la estación espacial y consigua ponerse el traje, llegar hasta un satélite, después a una vieja nave abandonada desde lo de Armstrong, Collins y Aldrin, meterse dentro y amerizar sano y salvo al laito de las Islas Vírgenes, me lo creo.

Que un nota con la cara pintada de azul y vestido con una faldita de cuadros, le eche una arenga a una jartá de barbudos vestidos igual que él, con faldita de cuadros, se pongan a gritar y se lancen colina abajo para liarse a guerrear, me lo creo. 

Que en una persecución el poli bueno se ponga a correr detrás del malo, se meta en un restaurante chino, llegue hasta la cocina sin que nadie lo pare, tire una olla con sopa de fideos y una bandeja de arroz tres delicias y  los chinorris lo único que hacen es poner cara de panolis, me lo creo.

Ahora

Que una pelirroja guapetona se lleve toda la película corriendo delante de tiranosauros y velocirraptores con zapatos de tacón, eso no me lo creo.    

Que un policía jubilado esté investigando un robo de documentos, encuentre un sótano abandonado, se meta escaleras abajo y encienda una linterna led última generación que llevaba en el bolsillo, eso no me lo creo.

Que un abogado defensor lleve a su defendido al juicio y aparque justo en la escalinata que hay en la puerta de entrada al Palacio de Justicia, eso no me lo creo.

Que una pareja se conozcan por casualidad un sábado por la noche, él la invite a cenar, la lleve a un abarrotado restaurante de moda y consiga la mesa con la mejor vista al skyline de la ciudad, eso no me lo creo.

Que el espía de turno se cuele en la sede central de los contrarios para robar información privilegiada y meta el pendrive en la ranura a la primera y sin tener que darle la vuelta, eso no me lo creo.

Que el presidente de mi país me diga que a final de junio, ma o meno, se termina esto de la pandemia, eso no me lo creo.





miércoles, 29 de abril de 2020

La encuesta



Esta historia no es mía, me la han contado, pero como hay gente que seguro que se sienten identificada, paso a transcribir los hechos.

Imagen de la red


Juan y Elena estaban contratados como becarios en una multinacional de productos para la seguridad e higiene en materia sexual. Su primer encargo fue hacer una estadística de la frecuencia con la que los habitantes de un pueblo, alejado de la capital, efectuaban el acto amatorio.

Decidieron hablar con el alcalde y reunir a la población, separándola por sexos para evitar males mayores. Las mujeres irían con Elena al cine del pueblo y los hombres con Juan a la Plaza Mayor. De esa manera se ahorrarían  tiempo y molestias evitando ir casa por casa.  Un acto arriesgado por su parte, porque temían que a la gente le diera corte expresar en público cosas tan, digamos, personales.
El cuestionario era el mismo para todos. Después se reunirían y transcribirían los resultados y analizarían los datos convenientemente.

—A ver —comenzó Juan mientras se apresuraba a tomar buena nota de los resultados— Que levante la mano los que hagan el amor todos los días. Uno, dos, tres… —La de fantasmas que hay también por aquí —pensó  mientras apuntaba los resultados.

—Muy bien, ahora los que lo hagan una vez por semana. Uno, dos, tres…

—Seguimos, una vez al mes. Uno, dos, tres… 

—Vale, una vez al año.

Al fondo de la muchedumbre había un señor que, con aspavientos, saltos y mucha alegría, gritaba para que todo el mundo se enterase

—¡Yo! ¡Yo! ¡Yo!

Juan dejó de apuntar y llamó al señor para que se acercara.     

—Escúchame —le dijo el encuestador  pensando que le había tocado el tonto del pueblo y que Elena se lo estaba perdiendo— ¿no te has enterado de que va esto?

—Sí, sí.

—Y tú que haces el amor una vez al año, ¿estás contento?

—Sí, sí.

—¿Y se puede saber por qué estás tan contento?

—¡¡¡Porque hoy me toca!!!





lunes, 27 de abril de 2020

Nos vemos en El Tremendo



A través de watsapp me envía un amigo esta foto de una esquela publicada en Diario de Sevilla.



No tenía el gusto de conocer al inolvidable, irrepetible, e insustituible, Federico López Díaz ni a sus familiares, pero el detalle del final no puedo dejar de comentarlo: “Nos vemos en el Tremendo” como él querría.

¿Qué es esto de El Tremendo? Pues el Tremendo es un pequeño bar de apenas diez metros cuadrados que hay muy cerca de la iglesia de Santa Catalina. Está en uno de los principales accesos al centro de Sevilla, lugar de paso constante de personas. No tiene cocina, apenas unos cuantos aperitivos. Pero tiene una de las mejores cervezas que te puedes tomar en la vieja Híspalis. En sus grifos de cobre tiran una media de diez barriles diarios. Pasar por El Tremendo y no pararte es como ir a Roma y no ver el Coliseo. En hora punta parece imposible acceder a la barra para pedir, pero se consigue. Y claro, como es pequeño, la gente se toma sus cervecitas en la calle. Y la calle se llena. Y te puedes encontrar desde un amigo que hace meses que no ves hasta el último ganador del premio Planeta, porque, pared con pared, está resistiendo la Librería Reguera. Lo que hace grande a este bar es la gente que paran en él, amigos, familias, turistas, artistas. Tengo una foto de mi hermana con la bailaora Sara Baras, ambas dos tomándose unas copitas pero como no tengo el teléfono de Sara para pedirle permiso no la puedo publicar.

Si le preguntas a un sevillano que donde está la calle San Felipe seguro que no tiene ni idea, pero si le preguntas por el Tremendo de Santa Catalina te lo indicará con pelos y señales y, a lo mejor, hasta te acompaña.



La foto la he tenido que buscar en la red porque, por razones obvias, hace tiempo que no paso por él. Y en ella, aunque parezca mentira, hay poca gente.

No conocía a D. Federico ni tampoco conozco a su familia pero si él quería encontrarse ahí con su gente, que mejor homenaje que pasar y tomarte una cervecita en su memoria y en la de todos los mayores que nos están dejando. Ojo, que para mí una persona con sesenta y cinco años no es mayor, es una persona con experiencia que enseñarte. Desgraciadamente se nos están yendo gente de las que tenemos muchas cosas que aprender. 

Federico, cuenta que cuando pase por Santa Catalina la primera será por tu memoria.

Y ahora yo también me atrevo a parafrasear a Pablo Milanés y adaptar una de sus canciones:

Yo pisaré las calles nuevamente
De lo que fue Sevilla confinada.
Y en una hermosa plaza liberada.
Me detendré a brindar por los ausentes.

Yo vendré del encierro agobiante
Y saldré a las plazuelas y callejas
Y evocaré las miradas tras las rejas
De los mayores que nos dejaron antes.

Bueno, poeta lo que se dice poeta, no soy ¿se nota mucho?