sábado, 21 de marzo de 2020

Una (larga) de confinamiento



Iba a seguir contando cosas de Micaela pero me he dado cuenta que no he comentado nada del virus de las narices. Del bicho ya se ha dicho todo o casi todo, así que no  me voy a enrollar contado cosas que seguro  ni se aproximan a la realidad. ¿Qué puedo contar? Pues de como llevo el confinamiento.
Lo primero es recordar que soy sevillano. ¿Esto qué tiene de novedad si la clausura es en toda España? Ponerse en mi lugar.


Nosotros vivimos en la calle. Disfrutamos de la calle. Nos relacionamos en la calle. El clima, la idiosincrasia, el sol y, sobre todo, la magia de esta ciudad, invita a salir y a vivir fuera de casa. Y encima estamos en primavera, la mejor estación del año para sentir el perfume del azahar, para ir con “media manguita” por la calle y no sentir ni frio ni calor, para darte un garbeo por el centro y meterte en una bulla. Y para muchas cosas más.



Entre otras  cosas nos hemos quedados sin derbi. El domingo pasado tenía que jugarse el Sevilla-Betis y fue suspendido. Pues nada, a aguantarse. Es lo mejor que se pudo decidir. Como curiosidad, de pasada, para simplemente informar, diré que se organizó un partido de FIFA (en la plei), retrasmitido en directo con comentaristas y todo, entre Sergio Reguilón, jugador del Sevilla y Borja Iglesias, jugador del Real Betis Balompié.  El resultado es lo de menos, lo importante es la iniciativa. Y también de pasada comentaré que el resultado fue 5-6 a favor de… ¡el Panda! Borja Iglesias. Ya jugaremos el de verdad dentro de unos meses y lo volveremos a ganar.



También nos hemos quedado si procesiones. Atentos a esta cuestión, sin procesiones. La Semana Santa está ahí, desde el Viernes de Dolores, día 3 hasta el Domingo de Resurrección, día 12 (Inciso informativo: 3 de Abril, cumpleaños de mi santa sufridora madre de nuestros hijos; 12 de abril: aniversario de boda, sin poder invitarla al teatro o a cenar, casi ). Lo que no habrá son hermandades por la calle haciendo su estación de penitencia.


 Pero, por si no lo sabéis, las Hermandades están los 365 días del año ayudando a comedores sociales, a personas en peligro de exclusión, a la infancia necesitada y una larga lista de actividades altruista. Lo que pasa es que las hacen sin bandas de cornetas y tambores, nazarenos, pasos, bambalinas, incienso y otros elementos cofrades. Pero bueno, ya queda menos para las procesiones de 2021.




Nos hemos quedado sin Feria. De momento. Sin Feria en Abril porque el ayuntamiento tiene previsto, si todo sale bien, que la disfrutemos en Septiembre. ¿Qué pasa? ¿Qué los de Bilbao pueden nacer donde quieran? po los sevillanos montamos la Feria de Abril en Septiembre. ¡Hasta ahí podría llegar la broma! Eso, que ya queda menos para tomarnos un rebujito y bailar un par de sevillanas, unos siete meses na má. 



¿Esta entrada de que iba? ¡Ah sí! De aislamiento, venga el teletrabajo.

Estos días he hecho teletrabajo. Nosotros vemos la televisión a través de un operador de esos que tienen muchos canales, un decodificador que graba, que está todo organizaito y demás. Pero resulta que hemos adaptado la antena comunitaria para tenerla operativa cuando llegue el apagón analógico y, claro, hay que resintonizar los canales que llegan por él éter. Sin problema, al lío. ¿Sin problemas? ¿El Naranjito? Enga ya hombre. , que cambio el tipo de entrada de “otro” a “antena” y a sintonizar. Sin dificultad, nosecuantos canales y nosecuantas emisoras de radio. Ahora a organizar y ponerlos por orden. Pero claro los televisores modernos mu planitos, mu grandes, mu buen sonido, mucho hachede efeka 5jotas y to eso, pero vienen sin manual de instrucciones. Así que a buscar por interné como se hace. Y lo encuentras, y en inglés, y te pones al lío. Y a pesar que tu dominio del inglés es B1 sin el 1, lo consigues. Todo organizaito. A probar. Perfecto. ¡Anda! ¡Se me ha olvidado Telecinco! Bueno, yo no digo nada, a lo mejor no se dan cuenta. Ese ha sido mi teletrabajo, un par de horas porque me he tenido que parar  dos de veces y acercarme a la cocina a por una cervecita o dos.

Qué largo es esto ¿no?

Bueno,  los aplausitos. Ni que decir tiene que los profesionales que está en primera, segunda y tercera línea de batalla, tiene todo mi apoyo y reconocimiento. Pero yo no aplaudo. No aplaudo físicamente, virtualmente todos los días. ¿Por qué no aplaudo? Porque mi calle es mu saboria, mu triste y mu sosa.
De pasada (creo que me estoy pasando con esto de “de pasada”) comentaré que en otra calle del barrio, en la calle Mar Adriático, organizan todos los días una fiesta a eso de las ocho de la tarde. Álvaro, el organizador, pone una mesa de mezcla y ameniza con música el encierro de los vecinos. Incluso se permiten peticiones y la transmiten a través del feisbu y la están liando en el buen sentido de la palabra.  ¿Y mi calle? A ver, es peatonal, con sus ventajas e inconvenientes. Por un lado tenemos la parte delantera de mi manzana con dos portales y la parte trasera de la manzana de enfrente, sin portales y la trasera de otro bloque alto. Se me olvidaba, también hay un chino que cerró la semana pasada. Estos notas seguro que saben algo  que nosotros no sabemos. Bueno, resumo, son 102 balcones y 204 ventanas. Las he contado, cosas del aburrimiento. Media de edad: creo que sobre sesenta y bastante. Esto solo está animado el día de reyes cuando vienen los nietos a recoger los regalos. El primer día nos asomamos y aplaudimos un tercio más o menos, ayer creo que fueron diez o doce. Lo dicho mu aburrios. Y la envidia que te da cuando escuchas a la gente de las calles de al lado.



Bueno, espera, a lo mejor, como son población de riesgo por el tema de la edad, no se atreven a salir ni a la ventana. Que va, es que son malajes y como dice mi hija "encima porculeros".

Me parece que me he pasado hoy. Esto es mu largo. Y al final no lo leen entero. Y después me quejo de que no hay comentarios. Y estoy encerrado. Y aburrio. Y eso que hoy no he mencionado ese aparato en el que el usuario ve directamente la imagen que va a fotografiar a través de un visor óptico sin ninguna clase de error de paralaje, de hecho todas las fotos menos unas las he rebuscado en la red.

Venga, que si puedo, la próxima entrada será más cortita. O no, que también puede ser.




jueves, 19 de marzo de 2020

Micaela


En la “entrevista” publicada hace unos días, comenté que “El Quillo”, nuestro gato, el gato de La Bodeguita, no está ya con nosotros. Después de 19 años su energía felina dijo basta y se acabaron sus días de aguantarnos y mandar por casa y, como todo buen gato, sobre nosotros.

Fue un palo pero, bueno, lo pasamos y ya está. Uno más de la familia que falta se nota. Pero la vida sigue. Y yo sabía, intuía, me los esperaba, me lo temía, que tarde o temprano, mi hija se iba a encargar de recoger de la calle otro “animal”.

Tardó su tiempo pero un día me dio la noticia. Yo había notado algo raro entre su madre y ella. Complicidad femenina que se llama. Sabiendo ambas dos que yo era reacio a tener de nuevo animales en casa, simplemente por lo mal que lo pasan, habían estado buscando algún “gatito” necesitado de sus cuidados.

Así que un buen día mi princesa me larga eso de mañana tenemos que ir a Carmona a recoger una gatita. No puse cara de estupor ni de nada, bueno, de tonto, pero esa siempre la tengo, y solo me atreví a decir una de mis palabras más socorridas: ofú.

Resulta que una protectora había recogido una manada de gatitos que estaban abandonados en un polígono industrial de la bella ciudad de la vega sevillana. Un mes tendrían más o menos. Los tenían acogidos una familia que tenían una gatilla con crías de la misma edad y las acepto dócilmente.
Pues nada, que el día señalado tiramos para Carmona, quedamos con la protectora en un veterinario y recogimos a la nueva integrante familiar.

Ellas ya habían decidido el nombre, Micaela. Sí, Micaela, ¿qué pasa? ¿Es raro? Po no. ¿Yo no he contado nunca lo del nombre de “El Quillo”? Pues ahora que no está lo puedo contar. El Quillo es el “Nick” o, vulgarmente, apodo, que utilizaba en las redes. Bueno, yo siempre le decía Quillo, pero su nombre verdadero era Chipi, abreviatura familiar de Chipirón. Vale que para bautizar somos especiales, pero es lo que hay.

¿Por qué Micaela? Po no sé, se les ocurrió a ellas y ya está. Y Micaela aparece en su pasaporte, en su chip, en su documentación y porque no tiene D.N.I. que si no también.

Es curioso lo del nombre, a saber:

Cuando está jugando o se le llama para comer o para avisarle que el sol está entrado por la ventana, ¡Mica ven!. ¡Mica toma!, ¡Mica mira!. 
Cuando hace alguna trastada o se porta regular tirando para mal, ¡Micaeeelaaaa!

Y la puñetera lo entiende a la perfección. No sé, a veces pienso que estos animales son más listos de lo que aparenta y siempre se ríen de nosotros.

Esto fue en Mayo del año pasado. Lógicamente esta esterilizada, con su chip, con sus vacunas, con su revisiones y con sus comidas adecuada a su peso y edad. Y a diferencia del Quillo, ¡no le gusta mi sillón! ¡Y puedo dormir la siesta yo solito!

Y ahora algo de su morfología. Según sus veterinarios Carmen y German de la Clínica Felina Kato (no es publicidad, es recomendación) es una gata común europea de color  calicó, vamos, de tres colores. Pero en esto discrepo de los veterinarios. Micaela es de raza van turca y en la próxima entrada lo voy a demostrar que para eso he hecho una ardua investigación hasta dar con la historia de su  progenitores.

Ahora las fotos (ni que decir tiene con que la he hecho) de los primeros días.

En la primera, la señora está durmiendo plácidamente como si estuviera tomando el sol en la playa de Matalascañas.

En la segunda, le estoy enseñando a escuchar y ver música clásica. De pasada diré que mi santa esposa madre de mis hijos me echó una bronca por permitirle que se subiera a la mesa estando el mantel de diario. ¡Pero es que estaba embobada! ¡La voy a quitar!

 Hoy en día está mucho más crecida, ya la mostraré y contaré más cosas, total ahora por una cosa y otra tengo tiempo. 


Esperando la playita.

 Aprendiendo buena música








martes, 17 de marzo de 2020

Entrevista rebuscada para una apertura anunciada


Foto rebuscada en interné, nada más que para adornar.




Hoy, en reportajes caseros, hemos localizado al desaparecido Naranjito y conseguimos hacerle una entrevista a pesar de lo perro y flojo que se ha vuelto.

Periodista. ¿Dónde te has metido todo este tiempo que desde Septiembre no sabemos nada de ti?
Naranjito. Ná quillo. No sé. Que me dió por ahí. Una pájara. Flojera totá.  Y mira que me han dado por saco para que abra La Bodeguita. Pero te coge en momento de esos tontos. Tontos de seis meses, pero, bueno, yo que sé, a ver si me espabilo y aporreo teclas.

P. ¿Y qué es de tu vida?
N. Seis meses dan para mucho. Un pequeño resumen, amo a vé: La salud, bien. La familia, bien. El encierro…

P. Lo de él encierro luego, por favor.
N. Vale, luego.  La salud: ya no tengo gota, ni cólicos nefríticos, ni el corona, creo. Y en líneas generales estoy hecho un chaval. No voy al gimnasio porque me canso que si no ya te contaría los bíceps, tríceps y abdominales que me saldrían.

P. Ahora el trabajo.
N. Jejeje. De lujo., fíjate que estoy ¡Prejubilao! Tal como suena.

P. ¿Y eso?
N. Pues nada, que me llamó el dire de recursos humanos y me lo propuso. Después de unas arduas negociaciones que duraron un par de días, bueno, arduas lo que se dice arduas no fueron. Más bien, mira esto te proponemos ¿qué te parece? piénsatelo pero no tardes tu eres un gran activo para la empresa y esto es lo que hay con la normativa en vigor al día de hoy mañana so sabemos lo que puede pasar consúltalo con la almohada y nos contesta lo antes posible que tenemos que negociar con más compañeros además ahora que te aguante tu mujer que nosotros ya te hemos aguantado bastante.
Más o menos esto fue lo que me dijo pero con puntos y comas. Yo no lo consulte con la almohada porque estaba en el turno de noche y de dormir poquito, pero, vale, venga, que sí, que palante.   Y aquí estoy.

P. Entonces de lujo ¿no?
N. Bueno no tanto. Veras ínclito entrevistador, para empezar se me ha  jodido la correa de distribución del coche. Y vale más el collar que el perro.  Ahora que podía viajar a esperar a ver como lo soluciono. Aunque es muy fácil, cuando abran los concesionarios a buscar y llorar. Aunque por otro lado como con lo de la cuarentena no puedo moverme a ningún sitio, pues de momento no me llevo disgusto económico.

P. Y tus compañeros ¿qué dicen?
N. Hay de todo. Unos se alegran de perderme de vista, otros se alegran  de que no les dé el coñazo, otros se alegran de coger mi puesto, otro se alegra de coger mi taquilla, otros se alegran de poder tomar café sin invitarme, otros se alegran de que no los llame para arreglar y modificar cosas. Lo que yo te diga, que la mayoría se alegran. Los que no se alegran son mis jefes directos porque dicen que ahora de quién tiran cuando hay marrones que solucionar.
En compensación con todo este cariño demostrado, tengo que organizar una quedada para tomarnos unas cervecitas con sus correspondientes tapitas. Con todos no, solo con un grupito selecto, que en la fábrica andamos por 700 y tengo que cambiar de coche. Y la cruzcampo  ha subido el precio del barril. Lo más seguro es que sea cuando se termine la cuarentena, allá por el mes de Junio o Julio. O en Septiembre en la Feria de Abril. No sé ya veré la fecha.
Una cosa si le quiero comentar a mis compañeros. A mí no tenéis que hacer ningún regalo. Ustedes REFLEXionar todo lo que hemos pasado juntos a lo largo de los años y con eso me vale. Vuestra amistad REFLEja los momentos vividos. Y tranquilos, que voy a apuntarme a un curso de macramé y no a uno de REFLEXología.

P. Ahora la familia
N. La familia bien. Mi señora agobiá por tenerme todo el día en casa pero lo sobrelleva. Los churumbeles bien.
El que no está con nosotros es el Quillo. Después de 19 años (más o menos 90 años al cambio con los humanos) nuestro gato se nos fue. Fue durillo pero esperado. Tantos años conviviendo con él es lo que tiene.
Pero bueno, ahora tenemos a Micaela. O mejor dicho, ella nos tiene a nosotros. Y Micaela, Mica para la familia, tiene para una jartá de entradas. Esta tarde me pongo a escribir algo.

P. El encierro ¿Qué?
N. De lujo. Mira que con esto de tener tiempo libre hice mis pinitos como cocinero. Con el apoyo incondicional de mi santa esposa, eso sí. Verbigracia: No cojas esa sartén que es muy grande y gastas mucho aceite. Baja el fuego al seis que se te quema. La espumadera esa es la que utiliza tu hija para las berenjenas, no la toques. No cojas las patatas nuevas que son para la tortilla. Te has pasado con la sal. A ver si se termina esto pronto y sale mi mujer a la calle y me quedo solo en la cocina. Aunque la posterior bronca sea monumental.
Solo salgo a por el pan nuestro de cada día. Y hoy me ha pasado una cosa curiosa. Después de comprar cuatro piezas, dos andaluzas y dos molletes para ser exactos, sin darme cuenta, será cosa de la cadencia acostumbrada, di la vuelta al bloque y  llegué a la puerta del Bar Andalucía. Y ná, que el Antonio y el Fran cumplen con las normas y están cerrado. La costumbre es la costumbre y pronto la recuperaremos. Cuando sea época de caracoles, o de pavía de bacalao, o de… ¿queda mucho?

P. ¿vas a seguir escribiendo?
N. ¡Claro! Mira, el piso está como los chorros del oro. Se limpia todos los días. Me he puesto al día con las series que tenía atrasadas. En un mes he leído cuatro libros y voy por la mitad del quinto. El móvil lo tengo saturado de vídeos del corona y cuando pueda empiezo a borrar cosas. El feisbú  no para de novedades. Y que puñetas, que me gusta escribir y ahora   tengo tiempo.

P. Una última pregunta ¿no te has planteado cambiar la foto de perfil?
N. Pues sí, la verdad es que sí. Pero voy a esperar a la quedada con los compañeros no sea que alguno de ellos lea esta entrevista y capte la sutil propuesta que lanzo a los cuatro vientos. Entonces, y solo entones, cambiaré la foto.

P. Muchas gracias por tu tiempo y espero que La Bodeguita vuela a tener las puertas y ventanas abiertas.
N. Se intentará, enga hasta más ver.

jueves, 12 de septiembre de 2019

Boda en El Salvador





Bueno, ahora tengo tiempo. Poco, pero como mi mujer no está, mi hija tampoco y mi hijo lo mismo está en Marchena, en Málaga, en Granada, en El Viso del Alcor o en Carmona, vete a saber, cuestiones de trabajo, me pongo y cuento algo.

Lo más cercano Sevilla. Hay una plaza en esta bendita ciudad que es la plaza del Salvador. Se llama así porque en ella está la iglesia del mismo nombre. La otra catedral sevillana, antigua mezquita y punto de partida de la Semana Grande hispalense. Una iglesia grande, con muchos escalones en la entrada y conocida por todos mis paisanos.

¿He dicho punto de partida de la Semana Grande? Po sí. Resulta que, como de ella salen cofradías para hacer la estación de penitencia a la Catedral, la otra, la grande, tienen que salvar los escalones de la entrada con una rampa de listones de madera. “La rampla” decimos los miarmas. Cuando se coloca la rampla empieza la Semana Santa, siete días antes, claro.

Pero esta plaza tiene más cosas: tiendas de ropa, bares, otras tiendas, bares, otros locales que venden cosas, bares y un puesto de papas fritas que quitan el sentío.  (Pliego de descargo: hace un año que no me paso por la plaza del Salvador. Quillo, Manolo, que se me hizo tarde, perdóname).

Bueno, pues eso, que hay unos bares donde paramos después de la hora del Ángelus, y disfrutamos de varias cosas. A saber: la compañía, la cervecita, el trato, la gente, la buya, los camareros que te atienden con “una sonrisa y amabilidad “espectacular”, los soportales, las mesitas a la altura adecuada, las cervecitas, las sombrillas para mitigar el Sol sevillano, las cervecitas y un largo etcétera. Por cierto, un buen lugar para esperar a tu querida esposa cuando anda por el centro y queda contigo luego, cuando termine, más tarde. Otra cosa no, pero los templos hosteleros se los conoce todos.  Venga, una foto para situarnos. Que conste que la he rebuscado por interné. Es que hace un año que no voy y encima sin réflex.




Hay gente ¿no? Y un sábado más. Y en Sevilla “never rain” dicen los guías turísticos. Y la gente debajo de las sombrillas. Y en Sevilla “never rain”. Y en la parroquia del Salvador se casan una jartá de parejas. Y no hay sitio para aparcar. Y todos los fines de semana bodorrios. Todos arreglaitos. Con las mejores galas. Y en Sevilla “never rain”.

 ¡No ni ná! ¡Y cuando llueve!, llueve. Y la novia quiere lucirse. Y en Sevilla lloviendo. Y la novia preocupá. Es que es su día grande. Y en Sevilla lloviendo. Y por la plaza un montón de sombrillas patrocinadas por (esto es publicidad por si me invitan) Cruzcampo. Y el arte de los camareros. Y vamos a echarle una mano a la chavala, que es su día. ¡Coño! Que no se moje. Disfruta, que tu maromo lleva un rato dentro de la iglesia. Y los camareros todos a una.

Enga, ahí va eso:





martes, 3 de septiembre de 2019

Una de chiringuitos



Bueno, po ya estamos aquí de nuevo. Se acabaron las vacaciones, se acabaron los días de asueto, se acabaron los días de “no hacer nada” y, de cabeza, a la bendita rutina. Vamos a dejarlo en rutina, lo de bendita no sé a quién se le ocurrió.

Que eso, que mu bien el merecido descanso, que mu bien la playita y todo lo que eso conlleva. Pero por cuestiones de genes, de lo saborio  que puedo  llegar a ser, y de quejarme por naturaleza, hoy toca protestar.

 Vamos por parte. Yo soy un ferviente defensor de la Madre Naturaleza. El medio ambiente, mejor el ambiente entero (no confundir con “de ambiente”, que lo he consultado en el diccionario de la RAE, ¿vale?), hay que mantenerlo, cuidarlo, preservarlo para las próximas generaciones  y de camino hacernos la vida un poco más natural, placentera y… bueno, to eso.

Pero claro, tenemos la Ley de Costas. ¿Qué no sabes lo que es? Atención al cortaypega investigado en mi extensa biblioteca:

Hasta 2013 ha estado vigente la Ley 22/1988, de 28 de julio, de Costas, que derogaba a la Ley de Costas de 26 de abril de 1969, y estaba desarrollada en el Reglamento de la Ley de Costas, aprobado en Real Decreto 1471/1989 de 1 de diciembre de 1989. Esta ley fue modificada por la Ley 2/2013, de 29 de mayo, de protección y uso sostenible del litoral y de modificación de la Ley 22/1988, de 28 de julio, de Costas, actualmente en vigor.”

O sea, en resumen, que a nosecuantos metros, tierra a dentro del litoral marítimo, a partir del sitio donde las olas se paran y vuelven otra vez pa  la mar, no puede haber construcciones fijas, edificios y cosas por el estilo.

Entonces, tú estás en las costas onubenses, con tu parienta, con tu sombrilla, con tu sillita comprada en el chino del barrio, tus gafas de sol para que no te moleste el Lorenzo y de camino poder admirar el paisaje veraniego, bien pertrechado como manda los cánones, pero… ¡falta algo!

¡¿Dónde está el chiringuito?!

Después de años convenciendo a la madre de tus hijos para que no vayamos a la playa como dos sherpas himalayos (bueno, en realidad un sherpa, yo. Ella con su pareo, una esterilla, una gorrita del declatón, el bikini, una toalla de las grandes  y poco más, va de lujo), ahora resulta que el único chiringuito que queda está donde aparcamos el coche. Más o menos en el quinto pino o el sexto, en Mazagón hay muchos pinos.

No te lleves nada de comer, nos acercamos al chiringo y nos tomamos algo. Un día es un día y una semana es una semana. Venga, no te líes en la cocina, si con cualquier tapita estamos apañaos.

Esto fue lo que le decía a la que me aguanta a diario, pero es que ahora ¡no hay chiringuitos! Esos templos culinarios donde te comías un plato de paella que de paella solo tenía el nombre. O una ración de almejas a la marinera. O un espeto de sardinas. O unos calamares fritos. O una jartá  de viandas veraniegas. Por supuesto todas estas viandas acompañadas de un tintito de verano o, como en mi caso y por prescripción facultativa, una cervecita bien fresquita. Esos grandes protectores solares que hacían que volvieras de las vacaciones igual de blanco que en Navidad porque no te movías de su sombrajo.

Ahora no, ahora el chiringuito no está a pie de playa, está una jartá de lejos y encima parecen gastrobares. Como te descuides te aparece Ferran Adriá y te pone un miniplato con una “decostrución de atún barbateño, acompañado de ortiguillas marinadas al pilpí con salsa  azerbaijana y brotes de espuna de mar”. Eso si, presentado en una tapadera de bote de mayonesa y con un precio como si pagaras la suscripción  al Nefli  para el resto de tu vida.

Algo tienen bueno esto “nuevos” establecimientos, la noche. Ojú que lujo, como han cambiado.  Si tuvieran camas balinesas me haría un selfi  y lo subiría al feisu. Un poco de postureo no viene mal, y si tú no puedes, te aguantas.

La música regular. Mucho Rosalía pero nada de Status Quo ni de Los Chichos. ¿Y las copas? Tres días me costó explicarle a la morena de la barra que un gintonic es hielo, ginebra y tónica. Al final lo aprendió.

Bueno, que al final, como no tenía a mano el chiringuito, volvimos a lo clásico: Nevera azul, filetes empanados, tortilla sin cebolla, un poquito de patatas aliñadas, una botella de tinto, otra de casera y volver de vacaciones moreno moreno. Todo por no andar trescientos metros hasta el establecimiento de bebidas a pie de playa.

Ahora la foto:




La he encontrado en la red. A la playa no me llevo la réflex porque no tengo. El móvil no sirve de , no veo bien la pantalla y si hago una foto al final me aparece la vecina de sombrilla que, por cierto, era teutona.